La Asociación de Padres de Alumnos, junto con personas que habían cursado el Bachillerato Radiofónico, organizó un homenaje a Pedro Valdecantos. El discurso se lo dejaron, obviamente, a su amigo D. José Romero Bohollo. Este discurso ha llegado hasta mí y voy a basarme en él para realizar varios posts.
En la presentación, ya deja claro el sentimiento de agradecimiento y deuda personal y colectivo con él:
Fue para mí motivo de la más íntima satisfacción el recibir por parte de la Asociación de Padres de Alumnos el encargo de ser yo quien, en nombre del pueblo, presentase este sencillo acto de homenaje que hoy tributa Benalup a la persona de don Pedro Valdecantos. Y fue motivo de satisfacción porque me presentaba en bandeja la ocasión, que había esperado mucho tiempo, de agradecer públicamente a mi buen amigo don Pedro las muchas atenciones que a título personal he recibido de él, y los no menos beneficios que a título oficial, primero como presidente de la Asociación de Cabezas de Familia y después como teniente de alcalde de Benalup, hemos conseguido de él para nuestro pueblo […]. Para mí este homenaje no tiene más defecto que la tardanza en celebrarse […]
Quiero resaltar ese doble carácter de agradecimiento, por un lado, y de deuda, por otro. El agradecimiento viene dado por: «Don Pedro Valdecantos ha hecho a Benalup el mayor beneficio que se le puede hacer a un pueblo: contribuir de una forma decisiva a la promoción de la enseñanza y a su progreso cultural». A lo largo del discurso lo concretiza en tres apartados: la instauración del Bachillerato Radiofónico, la consecución de la Casa de la Cultura y la construcción del colegio Padre Muriel. A lo largo de próximas entradas concretaré cada una de ellas.
Sin embargo, pese a los denodados intentos para que se le reconociera públicamente esos méritos, el presidente de la Asociación de Cabezas de Familia y alcalde pedáneo de Benalup de Sidonia no lo consigue. La razón es la oposición de Medina, como él mismo explica:
Tuvimos una Casa Cultural, y por cierto mucho mejor que todas las anteriormente construidas. Por eso, en justicia, y como lo teníamos proyectado, ese edificio debió llamarse «Casa Cultural Pedro Valdecantos», pero, al suprimirse la Comisaría de Extensión Cultural, pasó a depender de la Dirección General de Archivos y Bibliotecas, y la Asociación de Cabezas de Familia, que había nacido con los mejores deseos de servir al pueblo y que tanto luchó en un cierto periodo de tiempo por conseguirlo, decayó también desilusionada al ver que dos de sus proyectos chocaban con los intereses de la metrópoli, de cuyo alcalde, por ser entonces el jefe local del Movimiento, dependía en último extremo la asociación.
Pero D. José Romero no cesa en el empeño y aprovecha este homenaje para pedir que se le ponga una calle, ya que tampoco han conseguido que se le nombre Hijo Adoptivo:
Por todo esto, querido Pedro, Benalup estaba en deuda contigo, y aquí están estos padres de alumnos, no para pagarte —estas cosas no tienen precio—, sino para mostrarte su agradecimiento y admiración y animarte a que sigas en la lucha por el bien de Benalup, de Cádiz y de España. Nosotros hubiéramos querido ofrecerte, además de la presencia de estos padres y de estos antiguos alumnos radiofónicos, junto con ese obsequio no muy valioso, pero altamente simbólico, el nombramiento de Hijo Adoptivo de Benalup, pero eso no es posible por ahora. Y a falta de eso, yo propongo a esta Asociación que eleve una solicitud al Ayuntamiento, en petición de que una de nuestras calles se honre con el nombre de «Profesor Pedro Valdecantos», para que así se cumpla, y termino con la Biblia, con aquel versículo que dice: «El varón sabio heredará en su pueblo el honor, y su nombre vivirá por los siglos».
Cierra su discurso Romero Bohollo con un versículo de la Biblia que resume su deseo de agradecer y saldar las deudas que tanto él como el pueblo tienen con Pedro Valdecantos.
Transcurrió el tiempo y no se le hizo ningún reconocimiento público. En 1993, Romero Bohollo dio el pregón de las Fiestas de la Independencia. Ya se encontraba alejado de la vida pública, pero, como no podía ser de otra manera, volvió a agradecerle a su viejo amigo los servicios prestados y a pedir que se saldara esa deuda. El 21 de marzo de 1993 aparece la siguiente información en Publicaciones del Sur:
«[…] un hombre como Pedro Valdecantos, actual gobernador civil de Almería, que tanto hizo por este pueblo y para el que pido que el Ayuntamiento de Benalup tenga un reconocimiento para la posteridad». Los aplausos se intensificaron cuando Romero Bohollo habló de Nicolás Vela, Angelín, Santo y el actual alcalde.
Tampoco consiguió nada, pero Romero Bohollo le escribe a Pedro Valdecantos la siguiente carta:
Hace mucho tiempo que no estamos en contacto, pero no por eso te hemos olvidado en Benalup, ya que eres la persona que más ha hecho en el plano cultural por este pueblo. Aunque sé que tendrás mucho trabajo, te envío el texto del pregón que nuestro Ayuntamiento se ha «obligado» a dar, y en el que, al referirme a tu labor, hubo un cerrado aplauso, que por cierto duró un gran rato, lo que demuestra lo que te digo al principio de esta. También te mando algunos recortes de prensa de los actos. Con mis saludos para los tuyos, recibe un fuerte abrazo de tu buen amigo.
P.D.: Como hemos seguido tu trayectoria política en estos últimos tiempos, en nombre de todos los amigos y en el mío propio te mando nuestra más cordial felicitación por tus actuaciones.
Con la perspectiva del tiempo transcurrido, en la actualidad, ni la Casa de la Cultura lleva el nombre de Pedro Valdecantos, ni tiene una calle en el pueblo, ni se le ha organizado ningún reconocimiento público. No obstante, nada desaparece, como mucho se transforma. El Bachillerato Radiofónico, la Casa de la Cultura o la construcción del Padre Muriel, en definitiva, la extensión del conocimiento y la cultura en el Benalup de Sidonia de finales de los sesenta estará ahí para siempre.
Así, el nombre de Pedro Valdecantos pervivirá para siempre en la memoria colectiva benalupense. Porque, obras son amores, «su nombre vivirá por los siglos».
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