Las ventas o ventorillos son, y han sido, uno de los
espacios públicos jandeños  con mayor relevancia.
No podríamos conocer la historia y la realidad de esta zona sin saber la
importante función que han cumplido. En la actualidad la globalización y los
adelantos en los medios de comunicación han reducido su papel, no obstante,
sigue siendo lugares de paso, de encuentro y donde ocurren miles de vivencias.

En
el libro las tradiciones se rebelan de Rogelio Ruiz y Luis Gómez dicen sobre
ellos: “Eran casas que se ubicaban junto a la carretera. Habilitaban una de sus
habitaciones para dispensar cafés,licores (coñac, anís, aguardiente,ponche…)
vinos en barriles (blanco y dulce), así como algún que otro aperitivo
(tapas),procedente de la despensa familiar: morcillas, longaniza, mantecas, tortillas
y poco más. Al ser escasa la afluencia de transe´`untes viajeros, el pequeño
negocio estaba enfocado sobre todo para los varones de los alrededores que, en
sus idas y venidas diarias, llegaba a tomar café, copas o distraerse un rato
con la partida de cartas, jugando al tute o la brisca; el que perdía pagaba la «convía». En algún sitio puntual se jugaba al dinero, práctica castigada por la
ley. Y en algún otro lugar, hasta realizaban lecturas de libros clásicos. Con
esta actividad comercial se conseguía simple y llánamete un dinerillo extra
para ayudar en el sustento familiar”



En un lugar de poblamiento disperso pero intenso  como ha sido siempre el campo de Casas Viejas,
zona de frontera, donde la ley destacaba por su ausencia,  los ventorrillos
cumplieron la función de reunir y conectar a este mundo con el foráneo, a las
prácticas legales con las ilegales, lo que se vendía con lo que se
compraba…  Por estos ventorrillos pululaban
los arrieros, los carboneros, percheros, furtivos, esparragueros,  contrabandistas,  maquis (en los cuarenta),  guardias civiles,  bandoleros, 
rancheros, recoveros, viajeros diversos… Solían construirse en cruce de
cañadas  y como dice la comparsa El Ventorrillo con letra de Santo en 1997:” Bajo caña y castañuela/en brazos de duro
fresno/ entre muros, barro y piedra,/mil historias se vivieron…”







Para ser
considerado Ventorrillo tenía que estar cerca de cañadas o caminos o
carreteras, además de bebidas y comidas 
vendían y venden otros productos normalmente relacionados con el entorno
rural y que su oferta culinaria esté basada en productos de la zona. En nuestra zona la profusión de ventas es y ha
sido tal que se convierte en una de las zonas de la provincia de Cádiz y de
Andalucía con mayor densidad de este tipo de establecimiento. Ello se debe al
carácter histórico de encrucijada, a la importancia del poblamiento disperso y
rural funcionando el ventorrillo como un centro logístico de operaciones de
todos los tipos de personajes que deambulaban por aquí, a la riqueza de los
recursos naturales (caza, productos silvestres, setas, etc…) y al menor grado
de desarrollo que en el entorno. Para el estudio de los Ventorrillos de la zona
la vamos a dividir en tres partes. La Sierra, la más interesante y relacionada
con Benalup-Casas Viejas, la zona de Malcocinado y Badalejos, y otras zonas
como la Venta Pareja, Cucarrete y Cantarranas.



La sierra fue hasta los años sesenta parte del bosque
humanizado que se convirtió desde el siglo XIX lo que luego sería el Parque de
los Alcornocales, lo que unido a que se conoce como las Lagunetas era un nudo
estratégico de comunicación entre los distintos caminos en esta han hecho que
en esta zona siempre ha habido importantes ventorrillos. Los tres primeros
ventorrillos de los que tenemos noticias en la sierra son el del Ventorrillo
del Tuerto, en el cruce de los dos pantanos, el del  Pato, un poco más adelante y que todavía quedan las paredes del caserón que explotó la familia Braza Torres  y el
ventorrillo de la pasada de Gibraltar de principios del siglo XX. Luego aparece
el de la tía Curra, un lugar emblemático que junto al charco de su mismo nombre
servía de aprovisionamiento de bebida y comida de los lugareños y de centro de
aprovisionamiento y diversión de los cazadores y visitantes foráneos que venían
a pasar unos días a la sierra y bañarse en el charco. Dice Bartolo Mateo
Costilla “Ella vendía queso, se lo vendía a un recovero que venía todas las
semanas a su casa y luego él lo  vendía
en el pueblo y en el ventorrillo de la Señora Curra. En ese ventorrillo se
vendía gas para los quinqué y la luz de carburo. Además de aceite, vino,
manteca, de todo, de todo
”. José Gallinito dice: “La Tía Curra tenía un
ventorrillo y los arrieros pasaban la noche bebiendo vinos…”
Manuel Luna en
una de sus coplas retrata muy bien el ventorillo de la Tía Curra.



Más tarde, al otro lado de la carretera actual aparece la
chocita de José Estudillo y María Mateos, después la de Diego Correro y Beatriz
Toledo. La creación de la carretera va a cambiar el mundo de la sierra y de los
ventorrillos. En una copla de Manuel Luna se comenta : “Y aquí se quedó
Estudillo/hecho jefe del terreno/ha puesto su ventorrillo/y está ganando
dinero/en un sitio como aquel/que nadie creía tal cosa/era un lugar tan
sencillo/y ya tiene hasta moza/vende vino, vende harina/vende tela y vende
grano/y tiene un buen surtido/de zapatos coreanos”
. Sandra Estudillo me cuenta
el origen de la venta: «Luego mi abuelo el padre de mi padre era igual de
emprendedor que mi padre José Estudillo Ruiz montó en una fanega de tierra que
heredó de mi bisabuela una choza. En ella tenía un pozo donde metía cajas de
cervezas para enfriarlas, se encargaba del costo de los colcheros y abastecer a
los vecinos de todo tipo de víveres. Iba a Facinas a comprar trigo…. Luego
cuando él se suicidó paso a mi abuela María  Mateos Estudillo. Quien lucho para sacar a 6
hijos adelante. Teniendo la más pequeña solo 3 años y la mayor 13-14.  Mi padre quedo huérfano de padre con solo 10
años siendo el varón mayor, tuvo que hacerse cargo de la familia  en cuanto tuvo uso de razón empezó a realizar
los mismos trabajos de mi abuelo que parte del ventorrillo se dedicaba a roce
de montes”.

En las dos fotos últimas del trabajo de Sandra se observa el
estado de Las Lagunetas antes de la gran transformación. En la primera se ve el
pozo que servía para enfriar las bebidas y en la otra el carril que luego sería
carretera.
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