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| Foto Mintz |
Este oficio tuvo gran importancia en la sociedad tradicional donde la energía biológica aportada por los animales era la fundamental. Los herradores desaparecen con la modernidad, con la mecanización del campo y la generalización del automóvil. Los herradores, a base de martillo y yunque, daban forma a los distintas herraduras para calzar los cascos de mulos, caballos, burros e incluso vacas o bueyes.
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| Francisco Barberán Jiménez |
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| Foto Mintz |
En el libro las tradiciones se rebelan de Rogelio Ruiz y Luis Gómez se puede leer: “Desde la antigüedad, el hombre intentó proteger los cascos de los caballos, y con ello darles estabilidad y firmeza, también para evitar en lo posible las roturas y desgastes; pero sobre todo para el buen manejo de estos nobles animales, en las guerras, en los trabajos de todo tipo, en las diversiones, en los transportes de mercancías y de personas. Por lo tanto ese acto se convirtió en un oficio importante. El proceder de todo herrador es el siguiente: de espaldas y pegado al anima va cogiendo las manos y las patas para quitarles herraduras desgastadas, después limpia el interior de los cascos que contienen barro, piedrecillas y suciedad, luego con unas tenazas cortantes recorta los filos y los perfila con una lima. El paso siguiente es escoger la herradura del tamaño adecuado y con la ayuda del martillo y un yunque, golpearlas hasta dejarlas a la medida justa. Luego clavo los clavos con sumo cuidado para no pinchar en la parte viva. Finalmente los puntas que sobresalen por la parte de arriba del casco las corta y las dobla con un martillo pequeño; ya está la bestia preparada para disfrutar de un largo y tendido galope. Esta actividad va estrechamente ligada a la del talabartero, por lo que sufren idéntico auge y más tarde la misma decadencia. Desde estas páginas un reconocimiento al gremio de aquellos hombres que solían susurrar al oído a los caballos”
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| Foto Mintz |
Este oficio estuvo ligado al nacimiento de Casas Viejas. En junio de 1821 la Diputación de Cádiz presenta el proyecto para la creación de una nueva población en el sitio de Casas Viejas. En una reclamación del 29 de Abril de 1.822 vemos como los primeros oficios que aparecen son estos, juntos con los herreros, albañiles y zapateros. “ Y que los herradores, herreros, albañiles y zapateros si pueden estar incluidos, así los que por descuido involuntario no estaban antes, se incluyan en el nuevo sorteo”
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| Foto Mintz |
En 1851 en un acta capitular del Ayuntamiento de Medina se puede leer: “Se vio un memorial de Don Celestino Sigler, vecino de esta Ciudad con residencia en Casas Viejas en que dice que necesitando un pedazo de terreno para construir una casa en este sitio para instalar un taller de herrador solicita dela Corporación se sirva concedérselo y interesada la misma acordó autorizar a D. Bernardo de Cozar, Comisario de aquel punto, para que le señale el terreno que necesite…» El siguiente herrador del que tenemos noticias es Francisco Barberan Jiménez. La herreraía la tenía donde está la cueva ahora, y luego la pasó a la calle San Andrés. El último herrador que queda en el imaginario colectivo de la gente de Benalup-Casas Viejas en Miguel Rodríguez Blanco, que tenía la herrería en la calle Fuentes, al lado del Chorro Grande. Como se ve en el escrito de su hija Carolina estos herradores, estaban muy cerca de los herreros, con la que compartían la fragua y también de los veterinarios, pues su frecuente contacto con los animales y su amplio conocimiento de ellos les llevaba a conocer remedios para curar sus enfermedades.
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| Miguel Rodríguez Blanco |