En primavera se escardaban las siembras o se eliminaban las malas hierbas que habían nacido junto a los frutos. Aquí las primeras escardas se hacen con gradas y arados y luego con almocafres y escardillos, a mano naturalmente. También era necesario entresacar algunas plantas sembradas que sobraban. Para entresacar el cereal se utilizan rastras si la siembra se hizo a voleo, y el escardillo si se hizo a chorro. Otros cultivos, como el maíz, la remolacha o el algodón utilizan distintos tipos de almocafres para esta labor de entresacado.
Foto Mintz
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En las tradiciones se rebelan Rogelio Ruiz y Luis Gómez escriben: “Era la faena agrícola para eliminar las malas hierbas, y que los sembrados ganaran en calidad. Los escardadores eran unos auténticos médicos para los sembrados ya que conseguían que rebozaran de salud. La herramienta utilizada para tal menester era el escardillo. El cante que solían cantar algunos durante la faena era el fandango, para hacerla más llevadera y de camino deleitar a los compañeros de cuadrilla”.
Dice Agustín Coca en los camperos: Cuando había que realizar las escardas se contrataban en las grandes fincas a mujeres y niños, que eran retribuidos con menor cuantía con la que solían remunerar a la fuerza de trabajo masculina».
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Dice Gil Virues: “Nosotros íbamos a Peñuela a escardar el algodón en esos tiempos se hacía todo de eso, hoy no se hace nada de eso. Antes se castraba el algodón se escardaba el sorgo, la remolacha… Antes se dividía el trabajo. Castrar cuando había mucho trigo se golpeaba, se escogía los mejores y después se iban dejando 5 matas , 5 matas y luego se castraba con las manos y se dejaba una sola mano y después con el legón. El sorgo se golpeaba también y yo también lo he castrado, hasta el trigo se escardaba. Como el trigo es muy espeso no vale una zoleta cualquiera. Metían a gente para escardar».
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La labor de escardar a mano se ha perdido definitivamente ha sido sustituida por máquinas con una tecnología tan elevada que por ejemplo en campos de arroz benalupenses es habitual ver a una avioneta fumigando. Dice Gil Virues: «Las maquinas lo que han hecho ha sido quitar muchas peonas. Cuando se castraba la remolacha se cogía a mano, se acarreaba en camiones, se pelaban las remolachas. Ibas cortando con un cuchillo y le quitábamos las hojas. Cada uno en un líneo y después el camión se ponían en medio de los dos líneos y lo cargaban a mano. Todo ese trabajo después lo fueron haciendo las máquinas y ahora hay tantas maquinas que sueltan una semilla aquí y otra aquí…. y no hay que tocarle ya es trabajo quitado, ya no hay que tocar las plantas para castrarlas .Después inventaron las maquinas para sembrar las remolachas y después las peladoras para pelarlas. Va la peladora delante cogiéndola y echándola al camión por eso ya todos esos trabajos se perdieron».
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Y Rogelio Ruiz y Luis Gómez en el libro de las tradiciones de Tarifa: “Hoy en día los grandes sembrados se fumigan con veneno que matan las malas hierbas; con este proceder se alejan de lo natural y consecuentemente pierden en calidad, pues asesinan a una gran cantidad considerable de animales que no estaban allí por casualidad, sino que eran parte activa dentro de un ecosistema vivo. Esta actitud humana acaba desnivelando a todo un entramado natural. Seguro que algún porcentaje de este veneno desperdigado, llegará en los alimentos al interior del cuerpo humano, siendo así el origen de mucha de las nuevas enfermedades que padecemos: “Es el precio del progreso”.
Ante esta tesitura mi posición siempre es la misma. Cada época requiere una tecnología. Son las circunstancias las que reclaman los inventos y no las mentes privilegiadas las que traen los adelantos. No podemos volver a la época del Luddismo donde se quemaban y destruían máquinas a las cuales consideraban los trabajadores culpables de todos sus males. Estos obreros ingleses nos demostraron con su derrota que el aumento de la productividad y la mecanización es positivo para el progreso. No obstante, cada época requiere una tecnología y tiene unos paradigmas. El desarrollismo de los años sesenta ha pasado a mejor vida, ahora se impone el desarrollo sostenible. Es necesario compatibilizar el respeto al medio ambiente con el desarrollo económico. El cortijo Bio se ha convertido en la principal empresa de la comarca. Llega a emplear más de quinientos trabajadores, en el campo, ya que este tipo de agricultura no se puede utilizar ningún tipo de producto químico y requiere de mano obra para quitar las malas hierbas a mano. En decir, en el 2017, en la tierras que siguen siendo propiedad de la familia Vela- Espina pero que son explotadas por una empresa francesa volvemos a ver las cuadrillas de hombres y mujeres escardando a mano. Y es sostenible y rentable. Ojalá lo siga siendo mucho tiempo.
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