Foto Jerome Mintz
El ciclo agrícola terminaba con la trilla, cuando el resultado de la siega era molido, para hacer almacenado, previo su venta o uso. Los haces de espigas se llevaban a la era, se esparcían por el suelo y se hacía funcionar sobre ellas el trillo. Las cuchillas, en forma de ruedas, situadas bajo la plataforma sobre la que se asienta el conductor, van cortando las espigas en trozos muy pequeños. La trilla estaba formada por una tabla ancha con ruedas de hierro con pinchos en su lado inferior. Sobre el trillo se subía una persona que era quien dirigía al animal, aunque a veces el hombre se colocaba de pie y sobre el trillo se ponía algo de peso.  Cuando estaba triturada la paja se aventaba. Con el viergo se lanzaba hacia arriba y el viento separaba el pasto del grano que caía al suelo. Este trigo se llevaba al molino, para obtener harina para hacer pan.

Foto Jerome Mintz

Podemos leer en Las tradiciones se rebelan de Luis Gómez y Rogelio Ruiz: “Una vez terminada las faenas de la siega, empezaban con los burros a acarrear las cargas desde el cacho o pedazo hasta la era para trillarlas. Unos días antes, habían preparado  la era, que consistía en chaspar las hierbas crecidas en la primavera y a continuación ir rociándolas con agua a la par que daban vueltas sobre ella con la cobra de bestias hasta conseguir dejar el suelo de tierra plano y duro como una tabla. Una vez terminada la fase de acarrear y apilar los haces, éstos se extendían pero, no de cualquier manera. Primero ponían una gavilla en el centro para seguir poniendo las otras alrededor formando círculos y siempre con las espigas hacia arriba, denominándosele parva, quedando apta para ser pisoteada por las recuas de bestias… Lo primero en trillar eran las habas.  Del resultado, una parte del grano se guardaba para ser utilizada como simiente el próximo año y el resto para comida de los animales siendo ésta una excelente base alimenticia que se les administraba molidas y otras veces remojadas en el agua. Con la paja de habas, una parte se extendía en los huertos y el resto se solía regalar a los arrieros conocidos para alimento de los mulos y burros. 
Después se trillaba la cebada que es una planta broca que siempre se trillaba por las mañanas para aprovechar la blandura recibida durante la noche a través del rocío (relente). Con la paja que resultaba de ésta, se llenaba los colchones…. Después era el trigo, planta blanda que siempre se trillaba por las tardes aprovechando la bronquina recibida durante el día a través de los rayos de sol. Una vez trillada la parva se aprovechaba la suave brisa del viento para aventarla con los bieldos consiguiendo de esta manera dejar la paja en un lado y el grano en el otro. A continuación la paja era almacenada en los pajares y pajaretas, asegurando así la comida de los animales en los meses duros del invierno…. Los horones se iban llenando con una vasija de madera para medir el grano llamada cuartilla, de esta manera se sabía el resultado exacto de la cosecha. Se denominaban años malos cuando se obtenían dos otres simientes (una simiente es la cantidad de grano que se había sembrado) En los años buenos llegan a recoger hasta un total de veinte simientes. La manera de saber si la cosecha sería buena o mala, era observar en la primavera la calidad y cantidad de la planta llamada “gamones””



En la primera foto José Gómez trillando en una era en las cercanías de Benalup, el trillo es tirado por dos mulos, esta imagen expresa de una manera muy gráfica el cierre de una época en estas faenas agrícolas, a partir de aquí la mecanización impondría otros usos y maneras. La escena se sitúa muy cerca del pueblo, por encima de la huerta de Ricardito, podemos ver al fondo la Alameda y la palmera de Utrera. 



La segunda fotografía también es el mismo José Gómez El trueno, pero en este caso esta sentado en la trilla, lugar donde se solía cantar para no quedarse dormido. Era habitual que durante la noche los campesinos durmieran en las eras para evitar robos, por eso las horas de sueño eran escasas y se corría el riesgo de quedarse dormido y tener algún tipo de accidente cuando se estaba trillando. De esas noches en la era viendo las estrellas seguro que proviene la canción popular que se convirtió en un símbolo del jornalero de Casas Viejas: ““madrecita mía, me paso la noche contemplando las estrellas sin encontrar la mía; ¿será que he nacido sin ella?”


Esta fotografía es de hacia el año 1950, en el paraje conocido como «El palmar Lesniz». De izquierda a derecha aparecen Manuel García, Bernardo, Manuel Sánchez, Manuel «El jurel». Sentados están Joselito García Muñoz, María Muñoz, Francisca Vázquez Mancilla y Andrea Román. Están trillando garbanzos.



En esta fotografía un grupo de trabajadores descarga paja del camión de Polvarea. La técnica de las alpacas aún no se conocía. Estamos a las alturas de 1950

Canciones de Trilla recopiladas por el grupo de trabajo sobre la pervivencia de la literatura oral coordinado por Manuel Viciana Rubio. La informante fue Eulogia Bancalero Ordóñez

A ésta yegua lunanca,
le gusta el grano,
aligera y no coma,
que viene el amo.

Mi caballo lucero,
ya va parando,
se cree que la trilla
se está acabando.

Mi yegüita alazana,
tiene un potrico,
con una pata blanca
y un lucerito.

Mi caballo careto,
trota ligero,
y llegará a la parva,
siempre el primero.

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