Foto Mintz
El mundo en torno a la leche local desapareció. Las medidas sanitarias, la globalización, las economías de escala… en definitiva la modernización hizo que las gentes se abastecieran de leche pausterizada y producida industrialmente.

Luis Gómez y Rogelio Ruiz dicen sobre esto en su libro: “El mencionado estilo de vida de todas estas personas termina cuando “alguien” piensa que reuniendo un número importante de ganado, puede repartir diariamente la leche de toda una provincia, e incluso a todo el país. Estos fueron los primeros pasos de un nuevo fenómeno social llamado “globalización” 

Pronto nos llegan aquellas bolsas de plástico que contenían un litro de leche, de una variada y extensa gama de marcas. 
Al principio el rechazo de la población hacia este nuevo sistema de adquirir la leche diaria fue unánime, porque ésta había perdido cuerpo, calidad, sabor, olor, color y textura. Nadie comprendía, como un alimento tan delicado, podía aguantar varias semanas desde el ordeño hasta su consumo sin estropearse. A partir de este razonamiento el clamor popular fue “Yo seguiré, con mi lechero de siempre, de  toda la vida” Pero como pasó con otras muchas prácticas, ese “clamor popular” tuvo que claudicar, siendo el principio del fin de todo un sistema».
Foto Mintz



Creo que la desaparición de la leche local está dentro de los pasos normales del progreso y que contra este no podemos ir nunca. No obstante, si me parece interesante conocer como era el mundo de la leche en la sociedad tradicional, por conocimiento, por cultura y  porque nunca se sabe en que forma puede volver a producirse. En EEUU hay en la actualidad una polémica muy importante por la leche no pausterizada. Su compra está prohíbida, ahora bien cada vez más son los que la consumen. En este artículo del Diario.es se puede ver toda la información. “Los que la consumen la llaman leche tal y como la hizo la naturaleza: rica en nutrientes y llena de probióticos, un tipo de bacterias beneficiosas para la salud. Algunos van más allá, consideran que es un superalimento que ayuda a la digestión, que refuerza el sistema inmunitario y que sirve para tratar el asma, los eccemas y las alergias…. Para la blogger y escritora de libros de cocina Jenniger McGruther, probar la leche sin tratar (hace ya varios años) fue un paso más relacionado con su interés por las dietas tradicionales y la comida de factura local. Pero en Colorado, donde ella vivía en aquel momento, no podía ir a la tienda y comprarla sin más. De hecho –debido a las preocupaciones sanitarias– la venta al por menor de leche sin tratar está prohibida en unos 20 estados. Para los compradores que aman los productos orgánicos y a los que les importa la salud, la leche sin tratar es una novedad cada vez más de moda… ¿quién no se pondría triste ante el pensamiento de una leche recalentada y estéril colocada bajo los fluorescentes de los supermercados cuando la alternativa parece algo así como un alimento vivo, fresco y lleno de carácter? La pasteurización es la norma por una razón. Es una solución efectiva para eliminar peligros como el E.coli, la salmonela, la campylobacter y la listeria que pueden presentarse en los intestinos y en las heces de vacas incluso cuando están sanas. Por otra parte, la leche sin tratar depende en gran medida de la habilidad del granjero y de la higiene de la operación para evitar cualquier tipo de contaminación. Pero para muchos a los que les encanta beber esta leche, no se trata solo de una cuestión de sabor o de sus supuestos efectos saludables. Tiene que ver también con una vuelta a un pasado preindustrial, con el rechazo de la producción en masa, con una forma de protestar contra las restricciones alimenticias impuestas por el gobierno. (Después de todo, es legal comprar muchas otras cosas que te matan, desde cigarrillos hasta refrescos)”.
Foto Mintz. Isabel Mintz



Creo que es un ejemplo más de toda la riqueza que encierran las tradiciones y de toda la polémica que generan. Hace unos años parecía que su desaparición era definitiva, en la sociedad postindustrial actual el saturamiento que produce la tecnología, la bajada de la calidad que genera el aumento de la productividad y la vuelta a lo endógeno, a lo local, al desarrollo sostenible, a la necesidad de fijar la población rural en su entorno… hacen que estas tradiciones amenacen con, de una forma u otra, volver paulatinamente. Por eso me parece tan interesante su conocimiento, su difusión y su valoración, porque todo contribuye a proteger unas cosas que son nuestras y no tenemos porque renunciar a ellas. ¿Cómo lo ves tú?
Anterior El habla de Benalup-Casas Viejas. Los usos agrarios. El cortijo. 24
Siguiente Los benalupenses de a pie durante el franquismo. La represión política 9.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Juana Rosa Berbel.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Webempresa que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad