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| Foto Mintz. El Corucho, Alfonso Gautier, le está contando una historia a Francisco Mañez Ordóñez, Chaquetas. El dedo de Alfonso delata la escena. El ganado pasta por la zona conocida como «el punto», debajo del actual colegio Tajo de las Figuras. Estos pequeños rebaños se criaban y se mantenían en los pueblos o en las cercanías de estos. Muchas veces constituían la única fuente de ingresos de la familia. Se aprovechaba la lana del esquileo veraniego, los corderos y borregos se sacrificaban para vender la carne entre los vecinos de la población, se ordeñaba a las ovejas y se fabricaba queso artesano. Estas ovejas del Corucho pertenecen a dos razas; las más alejadas de la cámara son de raza Merina. Las más cercanas son de raza Segureña. El cordero Segureño, conocido entre los ganaderos como cordero «Rasillo», por lo muy corto que tiene el vellón, da una carne de gran calidad, sin grasa. Estos corderos estaban destinados a la venta para gente con más posibles. Ya lo decía el refrán de la mar el mero y de la tierra el cordero. El cordero era comida de ricos. |
Voy a hacer dos entradas sobre los pastores, ya que el excelente material que tiene Mintz sobre ellos me lo permite. En el primero me centraré en el libro de las tradiciones de Tarifa, en las fotos y vídeos de Mintz. Y en el segundo trataré algunos relacionados con los pastores. En esta tierra las ovejas han sido un tipo de ganado muy característico. Los pastores de ovejas por tanto eran uno de los oficios tradicionales de la zona. En la actualidad, aunque quedan todavía quedan algunos, es un oficio en peligro de extinción.
En el libro las tradiciones se rebelan de Luis Gómez y Rogelio Ruiz se dice: «Vaqueros, cabreros, porqueros, pastores, personas dedicadas al cuido y vigilancia del ganado eran diestros en el silbido, pues era una de las maneras de comunicarse y dirigir al ganado. También eran expertos lanzadores de piedras con las manos, de manera eficaz, lanzándolas por debajo del sobaco y para llegar más lejos utilizaban las hondas «jondas». Con ellas podían derribar a toros y vacas dirigiendo la pedrada a los cuernos del animal. Manejaban además el porro o callado, y solían ir acompañados de algún perro que les ayudaba a reagrupar el ganado; también podía defenderlos en cualquier circunstancia. Como disponían de mucho tiempo libre, algunos solían leer, convirtiéndose entre los suyos en personajes sobresalientes, otros realizaban labores manuales, utilizando materiales recogidos en el propio campo como esparto, mimbre, palma, que ellos recolectaban y preparaban para confeccionar tonizas (cuerdas) pleitillas, y con estas, fabricar esteras, capachas, escobas, cestas, espuertas…



Salud, buena suerte