Una de las singularidades del habla de B-CV tiene que ver como dice Sebastián Montero con “la forma de explotación agropecuaria, con una parte importante de la población estrechamente vinculada a tareas del campo”. La entrada de hoy y la siguiente de la serie se van a centrar en concreto en los términos con los que se nombra a los distintos especialistas y trabajadores del campo.
Hay que tener en cuenta que las transformaciones del campo desde los años sesenta han sido tan profundas que no sólo han hecho cambiar radicalmente la forma de explotación agropecuaria, sino también que muchas de las palabras con las que se referían a ella están en trance de desaparecer. Afortunadamente Andrés Candón Quirós realizó un libro sobre los usos agrarios de finales del siglo XIX y principios del XX. Aunque el libro nunca se ha publicado, y es una lástima, Mintz tuvo acceso a él y recogió en los anarquistas de Casas Viejas mucho de lo apartado por su “anónimo”. Luego Sebastián Montero utilizó esta información de Mintz para su libro sobre El habla de Benalup-Casas Viejas.
Ya vimos como los sopacas eran segadores que venían de otros pueblos y tenían muchos problemas con los jornaleros locales a causa de que cobraban los destajos más baratos. Entre las distintas clases de trabajadores también surgen los problemas, ya dijo Julio Cesar aquello de divide y vencerás. En estas dos entradas me voy a centrar en palabras como acomodaos, palomos, pegujaleros, gañanes o peonistas. El hilo conductor es la conflictividad laboral, las malas condiciones laborales y los enfrentamientos entre los distintos tipos de trabajadores del campo
PALOMO.- Dícese del que comparte la aparcería con el propietario de una finca. En “Los Anarquistas de Casas Viejas”, de Jerome R. Mintz, aparece este término en el siguiente contexto: “El problema aquí no eran los pejualeros, sino los palomos, los que compartían la aparcería con el señorito”. “Los palomos trabajaban la tierra y después entregan parte de la recolección al señorito”. (Sebastián Montero)
En los anarquistas de Casas Viejas Mintz profundiza sobre este tipo de trabajadores del campo. Los describe como aquellos trabajadores fijos o acomodaos, a los que los propietarios se asseguraban su fidelidad dejándoles explotar una determinada cantidad de terreno. Dice así: “La oferta era tentadora para el trabajador cuya familia estaba al borde del hambre. Sin embargo, creaba acusados conflictos entre los campesinos, porque, si habían protestas y huelgas, el fijo no podía participar, bajo el riesgo de perder el trigo que había sembrado y cuidado. A estos fijos también se les obligaba a participar en los ritos y actividades de una hermandad católica. A los campesinos que aceptaban estas condiciones se les llamaba palomos, referencia al fénix escogido por la Unión y el Fénix como símbolo de seguridad y pintado en todos sus vehículos. A los ojos de los otros campesinos, se habían esclavizado a ellos mismos y vendido su primogenitura por la mitad del fruto de una fanega de terreno… Los palomos sufrieron ostracismo por parte de los campesinos del pueblo y fueron satirizados públicamente en las canciones de Carnaval
