Foto Mintz
En la sociedad tradicional no existían vehículos motorizados
por lo que lo normal era que en las temporadas de recolección, cuando más
jornaleros se necesitan, estos se queden a dormir en el lugar donde trabajan
son las gañanías en cortijos o los hatos en la corcha. 



Normalmente, los jornaleros no iban a casa a comer, ni a
dormir, aunque estuvieran trabajando relativamente cerca de ella, Trabajaban
durante unos 10 días otras veces eran quince  (dependiendo de los casos), entonces volvían a
su casa en la tarde para cambiarse de ropa («voy de limpia») y
volvían al campo la mañana siguiente. La mayoría de las veces, la limpia
conllevaba una borrachera muy grande. 
Foto Mintz


Como los trabajadores no iban a casa a
comer, un jornalero de la cuadrilla se encargaba de hacer la comida; el
gazpachero. Otras veces el cocinero lo ponía el propietario, o se alternaban
entre los miembros de la cuadrilla como era frecuente con los corcheros. Para
ello encendía una hoguera con ramas de árboles. Ponían dos palos hincados en el
suelo y otro palo largo en lo alto. Amarraban la olla con un alambre o con una
cuerda resistente, como se ve en la fotografía 2 y 3. Las raciones para las
cuadrillas de trabajadores eran provistas por los propietarios como parte del
sueldo. Cada grupo de diez hombres recibía diez kilos de pan y un litro de
aceite diarios; cada diez días se les adjudicaba un medio (dos kilos y medio) de
garbanzos, vinagre y sal. Eso si se trabajaba a jornal, si lo hacían a cuenta o
destajo era la propia cuadrilla quien aportaba el gazpachero.
Foto Mintz



Las comidas más típicas que se preparaban en el campo eran
los refritos, los gazpachos, los garbanzos, el almuerzo… La dieta era pobre y
poco variada, en los tiempos más duros de la posguerra se comían garbanzos
negros o habas cochineras que eran granos destinados a piensos de animales. Más
adelante las comidas habituales eran los potajes de garbanzos, los gazpachos
caliente o fresco, la carne solo si se moría algún animal; la dureza del
trabajo, las largas jornadas obligaba a apañarse con lo que hubiera. Los
hombres comían directamente en el dornillo, según la fórmula de
«cuchará» y paso atrás. Mintz contaba en Los anarquistas de Casas
Viejas, que unos señoritos comiendo en un cortijo se planteaban como los
jornaleros podían comer a base de“cuchará y paso atrás” en los dornillos, cual
cochinos en el monte o en la zahúrda, todos a la vez. Llegado esto a oído de
los jornaleros, rebotaban la pregunta pero con la coletilla de que los
señoritos no podían comer en los dornillos, porque sus cuernos se lo impedían y
así tenían que hacerlo en un plato individualmente. 
Foto Mintz



Es un acto colectivo, en un
dornillo común; existía la costumbre de establecer descansos en el ritmo del ir
y venir al dornillo para llenar la cuchara, era el “bolo”, estas paradas se
aprovechaban para repartir el vino, si lo había.
Foto Mintz



Los gazpachos caliente se convirtieron de esta forma en uno
de los platos tradicionales y típicos del campo andaluz. Aporta muchas calorías
y necesita materias primas baratas y que se consiguen con facilidad. Es por
otra parte un plato típico de la cocina mediterráneo, pues está compuesto por
pan, aceite y verdura. Afortunadamente se siguen haciendo gazpachos caliente
como prueba estas dos fotografías del Instituto Andaluz de PatrimonioHistórico, realizadas en Benalup-Casas Viejas. 

Fotos Victor Gañán Álvarez


Hablando de los gazpachos es
inevitable hacer una referencia a los dornillos y sobre todo al último
dornillero, Pedro Montes de Oca. Dice Mintz: “Perico el Dornillero se había
criado en el campo en  Jandilla, donde
sus antepasados habían sido leñadores. Como ellos, Perico era un maestro con el
hacha. Había cortado y preparado montones de carbón. 
Cada verano lo reclamaban mucho como corchero cuyo toque
delicado nunca dañaba el tronco de un árbol más allá de la corteza; y tenía la
fama de ser uno de los últimos dornilleros de la región. Era una maravilla
verlo seccionar el tronco de un árbol, usar un compás para medir las
dimensiones y, por fin, cortar y modelar un dornillo únicamente con su hacha.
Cuando hacía buen tiempo, trabajaba bajo la larga sombra de algunos membrillos
del huerto que su primo alquilaba y labraba. Cuando llovía, se sentaba a la
entrada de una choza donde hubiera suficiente luz para recortar y alisar con
los últimos toques la madera, con una azuela y una lima”
Foto Mintz



Tanto los gazpachos calientes
como los dornillos forman parte de nuestro patrimonio cultural inmaterial y
parece que lo peor para ellos ha pasado ya. Son muchas las casas benalupenses donde hay
dornillos y donde se preparan excelentes gazpachos calientes, donde se sigue
comiendo al rito de cucharrá y paso atrás y se dice bolo para descansar. Las
tradiciones se rebelan.

Anterior La pervivencia de la literatura oral. La jardinera. 9
Siguiente Patrimonio inmueble. El alfar de Luis Torrijas. 6

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Juana Rosa Berbel.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Webempresa que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad