Guisote en la huerta Chica de los Grimaldi
Hace unos día publique sobre las huertas, hoy lo vuelvo a hacer porque el material fotográfico y los datos que tengo de ellas son muchos e interesantes. Los hortelanos, pequeños propietarios, estaban situados unos
puntos más arriba en la escala social del pueblo que los jornaleros. Estas
pequeñas explotaciones no tenían una excesiva rentabilidad, pero permitían una
condición muy valorada en la sociedad preindustrial  benalupense; no depender de nadie, trabajar
en sus tierras, no estar bajo los caprichos y vara de mando de los “señoritos”.

Foto Mintz. Huerta Chica. Los Ricardo Marín recogen boniatos
Las huertas como las tabernas, las barberías o las herrerías se convirtieron en
lugar de socialización muy frecuentado por los hombres. Allí no sólo iban a
trabajar los miembros del grupo familiar, sino que también la frecuentaban
amigos que ayudaban en determinadas tareas y se llevaban a cambio alguna
hortaliza a casa, o simplemente se reunían a comer con los amigos. Fueron
famosos los guisotes de la huerta Chica de los Grimaldi y de la huerta de
Ricardito. Lo mismo que los baños de los muchachos en las albercas. Mintz hizo
muchas fotos en estas huertas y recopiló mucha información, pasando infinidad
de ratos y anécdotas con ellos, hasta el punto de convertirse en verdaderos amigos.

Dice  Ángeles
Grimaldi
:
«… cada cosa se plantaba en su época, no había
invernaderos y no se utilizaban productos químicos como ahora para poder tener
frutas y verduras de todo tipo en cualquier época del año. En la época de las
verduras sembraban zanahorias, pimientos, tomates, cebollas, ajos, la mayoría
de estos productos se los quedaba su familia»
Jerome Mintz. Isabel Mena y su hijo Ricardo Marín. En la huerta de Ricardito, lugar donde se celebraron cientos de comidas 



Otras huertas eran más
pequeñas y aunque también se vendía una parte de la producción, otra servía
para el consumo familiar y el trueque. Dice Catalina SánchezMi padre tenía una
huerta al lado del Tajo la Sima, cerca de la fuente del Tío Pujao. Tenía
alrededor de ocho fanegas, y plantaban boniatos, coles, calabacines, calabazas,
cebollas, pimientos, ajos, patatas, tomates, lechugas, acelgas, cardillos de
todo tipo de verduras. Lo que obtenían, parte era para ellos y lo que le
sobraban se lo llevaban a un puestecito que tenían en la plaza de la que
Catalina, su hija se encargaba de venderlo».

Foto Mintz. Los de Ricardos Marín, padre e hijo en su huerta. Ya hemos dicho otras veces que el oficio de hortelano, se heredaba. El padre de Ricardo a quien conocían en el pueblo como el “vejeriego viejo” le dejo en herencia la huerta donde, al igual que su hijo, trabajo desde que era muy pequeño.. 


Ángeles Grimaldi dice que en la huerta el que más trabajaba
era su padre, aunque toda la familia le ayudaba. la huerta de los Grimaldi, que
además de tener puesto en la plaza, “La Chicha” tenía casa en la calle San Juan
que al mismo tiempo hacia las funciones de improvisada tienda donde vender los
productos de la huerta.  
Foto Mintz. Los hermanos Grimaldi en la huerta Chica



José Márquez comenta que Vvvía en la Sima, en el tajo de la
Sima, en lo que hoy son las canteras de el Merendero, por donde esta la fuente
Tío Pujao, allí trabajaba en el campo. En su huerto sembraba patatas, árboles
frutales y verduras como la lechuga, tomate, cebollas, coliflores… y luego todo
esto lo vendía en un puesto que tenía en la calle Benalup, la que se encargaba
de venderlo era la que hoy en día en su mujer, y le llevaba dos o tres cargas
al día a la tienda. La finca era muy grande, tendría alrededor de diez fanegas
de tierra o lo que es lo mismo 5300 m2 de tierra. Trabajaba el solo sembrando
aunque la finca no era suya, era de unos señoritos y lo que obtenían era la
mitad para cada uno. Estuvo trabajando allí durante siete u ocho años y dormía
debajo de un naranjo la mayoría de los días ya que trabajar la tierra tenía
mucho trabajo y tenía que acostarse muy tarde y levantarse muy temprano para no
desaprovechar el tiempo. Comía lo que sembraba.




Foto Jerome Mintz. La familia Grimaldi y amigos en la huerta Chica
Al encarecerse con el éxodo rural la mano de obra, al no
tener buena accesibilidad y al no permitir la mecanización y tecnificación su
pequeño tamaño (deseconomía de escala o perjuicios por no ser lo
suficientemente grande la explotación) y al sufrir la competencia de producto
foráneo más barato, pero de peor calidad, la mayoría de las huertas dejaron de
explotarse. Estos hortelanos abandonaron un oficio de tradición familiar unos, como parte de los Grimaldi emigraron a Torrent, otros se dedicaron a otras profesiones, aunque hay algunos como algun Gallinito que sigue trabajando el huerto.
Foto Paco Sánchez Moya. Estado actual de la alberca de Ricardito.

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Un pensamiento en “Las tradiciones se rebelan. Las huertas. 58

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