¡Que ganas tenía!. Ya lo dijo Tarradellas: «Ja soc aquí» o Fray Luis de León: «Como decíamos ayer» o yo hace un mes: “En septiembre nos leemos en los blogs, en los bares nos veremos antes” Y si no nos hemos visto no ha sido por la niebla,  es porque ha habido tanta gente este mes de agosto en el pueblo, que no lo ha hecho posible. En efecto, el pueblo se ha llenado y Benalup-Casas Viejas ha vuelto a ser segunda línea de playa.

La verdad es que el que suscribe esto se alegra mucho de ver llenos los bares, los supermercados, la Alameda, la plaza Gutiérrez Mellado… Hasta tal punto que mi hijo preguntó el motivo de esa satisfacción si nosotros no vendíamos, ni alquilábamos nada. Yo le contesté con otra pregunta, por qué se sentía tan bien cuando ganaba el Cádiz, el Madrid o el mundial la selección española. Pero para debate el que he tenido este mes de agosto con dos amigos. 


Ambos sostienen que los efectos del turismo puestos en una balanza son negativos. Según ellos fomentan la superficialidad, perjudican el medioambiente, hacen crecer la especulación, posibilitan la explotación de los trabajadores, expulsan a la población local de su entorno… en fin la ganancia de unos pocos se traduce en la pérdida de unos muchos. Yo creo que una cosa son los pisos turísticos en Barcelona o Madrid o el turismo de masas de Benidorm o Marbella y otra es un turismo sostenible y racional. Aunque reconozco que en aspectos concretos pueden tener razón, creo que hay muchos tipos de turismo y … que vamos a tener tiempo suficiente para ahondar en este debate. 



De momento estoy preparando algunos post para esta primera semana relacionados con distintos aspectos ocurridos este mes de agosto… en casi todos al final terminaremos hablando del turismo. Ha sido un agosto caliente, la proximidad de las elecciones municipales y la actividad en las redes sociales lo han posibilitado. A este blog nunca le ha interesado lo primero, lleva desde el 23 de octubre del 2007 y 4881 post demostrándolo. Sí le interesa entender el presente en función del pasado. En cuanto a las redes sociales, con sus puntos débiles y fuertes, sigo viendo la botella medio llena.



Cuando veo que el pueblo está a tope me  acuerdo de iniciativas de la sociedad civil, de Facebooks como el descubre, desde las fotos o historia del B-CV en imágenes, de asociaciones como Activate o la peña micológica y, sobre todo, de un colectivo que tiene en los genes la carretera y la manta y que atrapa en sus redes de teleraña al visitante. Veo a mucha gente que vive aquí, que han nacido fuera y que no sé como se han asentado en este lugar.  Recuerdo que me invitaron a una boda en el año 1992 y me extrañó que ayudara mucha gente. Le pregunté a mi amigo Mario que si eran familia los que colaboraban en la barra del que se casaba y me dijo que no y que además era de Jérez. “Aquí es que somos así, si me casara yo, no me ayudaba ni Dios, viene alguien de fuera y nos ponemos más contentos que unas pascuas”. Siempre que veo el trato que se le dispensa a los vascos, a los belgas, a los argentinos, a los alemanes, a los guiris… que recalan por este pueblo me acuerdo de aquella boda. 



Me agrada mucho que venga tanta gente al pueblo, aunque yo no me gane la vida en un bar, en un restaurante, en un supermercado o no tenga casas para alquilar. Es como cuando gana el Madrid a fútbol o Rafa Nadal se hace en París con el Roland Garros… son los míos los que triunfan, pues también gano yo. Me gusta ver el pueblo “empetado” porque pone en evidencia a los que siguen pensando que este pueblo es muy chico, no tiene nada que ver y es muy feo. Disfruto cuando está lleno porque sé que hay gente que hace lo posible para que no sea así, que considera que el goce de estos recursos debe ser sólo para unos pocos y que la democratización de estos recursos no es positiva. Llevan toda la vida (no es frase hecha) pensándolo y boicoteando los lugares comunes. No quieren dejar que la gente venga a descubrir cosas, porque las considera suya en exclusiva. Es en el fondo una forma de racismo, ultranacionalismo, xenofobia y egoísmo. Me alegro que venga mucha gente, porque sé que es muy difícil con el estado de aislamiento y marginación al que está sometido este pueblo con las comunicaciones y con la posición de algunos que tienen los recursos en su propiedad privada y no ayudan, ni fomentan en el disfruten común de ellos. 



No concibo el turismo como un fin, sino como un medio. No para conseguir dinero o fomentar y diversificar la economía local o como panacea a todos los problemas económicos, sino para colaborar en algo más importante. El disfrute por todos de lo que es de todos, el conocimiento, la valoración, la difusión de lo que tenemos. Este conocimiento es condición sine qua nom para la protección de nuestro patrimonio cultural y natural. Sin el primero no puede existir el segundo. También es necesario entender que no es natural que de estos recursos que son de todos se favorezcan sólo unos pocos. Esos que lo han hecho siempre y que dedican muchos esfuerzos a convencernos de que siempre ha habido pobres y ricos, que la política es para los políticos, que esto es muy feo, muy chico y no tiene nada que ver. 



El viajero nos puede ayudar a recuperar la dignidad, la autoestima y el orgullo. Este es un pueblo de viajeros, no de turistas, que no planifican su trayecto, que no siguen el redil del rebaño, que interactúan con la comunidad que se encuentran, que saben cuándo llegan, pero no cuándo se van, que no organizan los viajes en torno a su vida, sino su vida en torno a los viajes… Por supuesto que todas estas cosas no se las pude explicar a mi hijo cuando me preguntó por qué me gustaba tanto que viniera gente al pueblo; “tequiepui”, “no me ralles”. Por eso, tenía ganas de que llegara el 1 de septiembre. Pues nada, Dicebamus hesterna die.

Las fotos son de Manuel Cepero Casas
Anterior Un secreto
Siguiente Posibles transformaciones en la plaza del Pijo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Juana Rosa Berbel.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a Webempresa que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad