Ricardo Montes Ferrero es un escritor valenciano que está preparando una novela histórica ambientada en esta batalla. El pasado agosto contacto con Pepe González y conmigo para ver los escenarios de la batalla. La recorrimos de norte a sur y de sur a norte, aunque la mejor vista, la que se observa desde el cerro de Franco en la Mediana no pudimos tenerla porque el guardia de la finca nos indicó que aquello era propiedad privada. A cambio un águila culebrera nos regaló el espectáculo de cazar y llevarse por los aires su presa a menos de dos metros del coche. Ricardo dejo varios mensajes que me impactaron; su querida fiesta de moros y cristianos, en Ontinyent es uno de sus máximos seguidores y fieles, no existiría sino fuera por esta batalla, le extrañaba que no hubiera ninguna indicación y recuerdo y no entendía que después de haber hecho más de mil kilómetros no lo dejaron internarse 50 metros para ver una vista.
Hace siete años se celebró los 1300 años de la batalla de la Janda. Sin más pena, ni gloria. No hay ningún indicador, monolito, famoso cuadro o centro de interpretación que lo acredite.
La batalla de la Janda tiene mala prensa, parece que está gafada, es como si la hubiera mirado un tuerto o la hubieran ganado los perdedores. En primer lugar, históricamente se le ha negado el pan y la sal hasta se ha discutido el sitio donde tuvo lugar. Dice Juan Eslava Gallán en “1000 sitios que ver en España al menos una vez en la vida”: “… La laguna de la Janda, histórico lugar donde, según algunos, los invasores moros derrotaron a Rodrigo, último rey de los godos”. Eso de algunos, quiere decir que hay otros que opinan que tuvo distinta ubicación. Así, distintos historiadores se han posicionado colocando la crucial batalla en distintos lugares; Dozy lo hizo en el río Salado, Sánchez Albornoz en el río Guadalete cerca de Arcos, Menéndez Pidal en Medina Sidonia, Vallvé en el campo de Sangonera, Murcia… Una de las polémicas historiográficas más llamativas de la historia la tuvieron Sánchez Albornoz y Menéndez Pidal. Tan grande como luego las que se gestaron sobre los sucesos de Casas Viejas. Este es un pueblo mediático, que le va la marcha y la polémica.
En la actualidad la mayoría de los historiadores han optado por el río Barbate y la laguna de la Janda. Dentro de estos hay que mencionar a Gayangos, Howel, Fernández Guerra, Saaveda, Levi-Provençal… El catedrático de la universidad de Cádiz Juan Abellán lo tiene claro: “En realidad hace algunas décadas que el tema está resuelto, y todos estamos de acuerdo en fijar la batalla en la albufera, es decir, en la laguna de la Janda… aceptándose en la actualidad como más seguro el waki Lakko, es decir, el río del Lago o Laguna (al-buhara) que no puede ser otro que el río Barbate (wadi Barbat)». Aquí en el pueblo, siempre se ha tenido claro que la batalla de la Janda tuvo lugar entre el Barbate y el Celemín, sobre todo, después de que en las Lomas aparecieron armas de guerra como ballestas y lanzas de origen medieval. Aunque a decir verdad, a este asunto no se le ha prestado tanta importancia como Sánchez Albornoz o Menéndez Pidal, es como aquel que le preguntaron que qué era peor la indiferencia o la ignorancia y dijo que ni sabía, ni le importaba.
Todas las crónicas se fijan en la traición del conde de Don Julián y los hermanos Wityza a la hora de explicar el desenlace de la batalla. Sin despreciar, lo anterior la última tendencia historiográfica también le otorga su importancia al espacio físico en el que tuvo lugar el encuentro armado. Tanto desde el punto de vista estratégico como militar. A Tariq le interesaba un lugar cercano a las vías romanas y a los dos ríos para aprovisionarse de agua. El hecho de que estuviera muy cerca del lugar del desembarco, que les sirvieran las montañas de contrafuerte, que la Janda era el Finisterre meridional y la puerta africana, lo mismo que lo había sido en la prehistoria con los que procedían de África o que lo era con las aves que migraban de Europa a África… en definitiva la posición geoestrátegica explicaba la elección de Tarik del lugar de la batalla, un Tarik que llevaba esperando en la laguna desde el 27 de abril hasta el 19 de julio que comenzaron las escaramuzas. Mil cien años después tuvo lugar otra batalla importante en este mismo lugar dentro de la Guerra de la Independencia como prolegómeno a la Batalla de Chiclana.
Además desde el punto vista de estrategia militar el lodozal elegido como campo de batalla que era la laguna resultó muy propicio a los intereses musulmanes. El ejército viejo, señorial y clásico de los visigodos fue derrotado por el ejército musulmán compuesto por tropas ligeras y flexibles. Leo en esta página web: “El armamento era ligero, basado, sobre todo, en espadas, puñales y lanzas. Su fuerza radicaba en los arcos, pequeños pero potentes, que prácticamente portaban todos los combatientes. Sus armas defensivas se reducían a escudos y algún yelmo o cota de malla ligera, que llevaban los jinetes y jefes. Su táctica era la movilidad y la rapidez. Su táctica era desplegarse en media luna para envolver al enemigo cerrándole todas las salidas. Frente a ellos, Rodrigo contaba con un número de jinetes que triplicaba las huestes invasoras. La fuerza principal de Rodrigo, su caballería pesada, estaba fuertemente armada, con una poderosa lanza asida con las dos manos (contus), con los jinetes protegidos por cota de malla y casco….La táctica visigoda era cargar con todo el ímpetu de la caballería contra el enemigo abriendo paso, con la infantería detrás o quedando en reserva a la espera de acontecimientos…. El armamento consistía en lanzas, espadas, arcos, puñales, hondas y flechas… El 31 de julio del 711 se lanzaron así los visigodos al combate. Copiando de los romanos su forma disciplinada de combatir. Embistieron con la caballería y trataron de dispersar a los jinetes enemigos, mientras la infantería buscaba envolver al enemigo lanzando todo tipo de proyectiles para, una vez debilitados, lanzarse sobre con las espadas. Pero las alas de Rodrigo no respondieron y se retiraron del campo de batalla. Los hermanos de Witiza habían pactado la traición a Rodrigo la noche anterior, en una reunión en el campamento árabe: obtendrían a cambio mantener sus derechos al trono y sus propiedades”.
Según cuenta las crónicas la laguna se encontraba con una fina lámina de agua en algunos lugares y en otros encharcada, dominando el barro y el lodo por todas partes. En estas circunstancias se entiende mejor el triunfo del moderno, ágil y ligero ejército árabe, sobre el viejo, pesado e inflexible ejército visigodo. Mientras los soldados islámicos volaban, los visigodos se estacaban y hundía en el fango y cieno de la Janda.
Tras la visita de Ricardo Montes se me disiparon las pocas dudas, la verdad que escasas, que tenía sobre el lugar de la batalla de la Janda. Tampoco sobre su importancia posterior, pero será objeto de la próxima entrada de esta serie.









¡Muy interesante!