Dentro del romancero tradicional las canciones infantiles que cantan las niñas en los corros ocupan un lugar importante. La mayoría, al no estar escritas y no estar oficializadas no transmiten la ideología políticamente correcta de la época. Este es el caso del romance de hoy, que es un relato sobre la opresión y la falta de libertad.
MONJA CONTRA SU GUSTO
Por un rato de palique,
que yo eché con mi moreno,
mi madre me metió a monja,
y en un puro beaterio.
Hizo que me despidiera
de las amigas que tengo.
Me metieron en un coche,
me pasearon por el pueblo.
Y al revolver de una esquina
me encontré en el convento.
Salieron a recibirme
todas de velito negro,
con lágrimas en los ojos
como si me hubiera muerto.
¡Quién pudiera estar ahora
con sus maridos y sus hijos!
¿Por qué tiene que estar una
al pie de este crucifijo?
Por un rato de palique,
que yo eché con mi moreno,
mi madre me metió a monja,
y en un puro beaterio.
Como tantas otras veces estamos ante un relato que mezcla la poesía y la narración, pero en este caso tiene algunas características especiales. En primer lugar, la estructura no responde al división clásica introducción, nudo y desenlace. Sino que estamos ante lo que se llama una estructura circular, ya que termina con los mismo cuatro versos que empieza. Del quinto al onceavo verso cuenta como sus padres hacen que se despidan de sus amigos y la ingresa en un convento. Del doce al quinceavo narra que las novicias con su recibimiento le anuncian que le espera una vida de privaciones y amarguras. Para del verso dieciséis al veinte rematar con su queja y añorar lo que sería su vida si no fuera monja. Termina, como ya dije con los mismos versos que empezó.
Otra característica del romance es la simplicidad del vocabulario, incluidos vulgarismos tipo «palique», la ausencia de recursos estilísticos destacados y la sencillez predominante que la convierten en una canción infantil de corro. Sencillez y falta de complejidad aumentan la queja y el dramatismo de la monja que no quiere serlo.
Dice Virtudes Artero que tiene su origen en siglo XVI. Se tradicionaliza progresivamente y se convierte en una canción infantil de corro. La «monja a disgusto» que se queja de su encierro conventual, ha sido un tema constante a lo largo de la historia de la literatura romancesca. Son conocidos los romances de «La monja y el caballero» (La monja adornada), «Monja contra su voluntad» o «La monja traidora». Desde este punto de vista, por el mensaje que transmite es normal que se difunda a lo largo de canciones de corros de niñas. Este carácter popular y femenino de una queja ante la ausencia de libertad de las mujeres, en ese caso por la acción injusta de los padres, narrada en primera persona de forma clara y sencilla es en el fondo un acto de transgresión en una sociedad donde los padres y las madres, la iglesia y los poderes tradicionales impedían la libertad de las niñas, que llegaban a castigarlas de tal forma, meterlas en un convento, por hablar con su novio. “Por un rato de palique, que yo eché con mi moreno”.
La queja, la reivindicación, la reclamación, el descontento… femenino no sólo es una cuestión actual. Este romancero nos lo demuestra y hunde sus raíces en el siglo XVI.
