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| Foto Jerome Mintz. Pedro Montes de Oca, mellizo de José. |
Hay documentos que escribió Mintz en su estancia en el Benalup de Sidonia de la época que tienen un gran valor. Por lo que reflejan y por su valor documental. En este cuenta como el 21 de febrero de 1970 fue a Jandilla a buscar espárragos con José, el hijo de Perico Montes de Oca.
Nos cuenta como este trabaja de albañil, como la mayoría de los jornaleros, pese a que sólo tiene 19 años. También que cuando tiene fiesta o no tiene trabajo busca espárragos para venderlos como han hecho siempre en su entorno o caza pájaros. Son prácticas de la economía depredadora que se han venido compatibilizando con la actual productiva y que llevan realizándose desde la Prehistoria.
El documento dice así:
“Domingo feb 21. 1970
Quedé con José, el hijo de Perico, uno de los mellizos, a las ocho de la mañana frente al bar de Ricardo (fue el primero en tener una cita conmigo) y fuimos a buscar espárragos. Primero nos detuvimos en la casa de su tía para buscar a su primo, de unos 12 años, que vive al lado de Jandilla y conoce muy bien a la tierra. Antonio, el padre trabaja en Jandilla y también alquila tierras y huertos para trabajarlas él mismo. Él vive en una casa donde trabaja de guardia de campo en Vejer.
José trabaja en campo y como albañil. Trabajó para su cuñado como fontanero cuando tenía 15 años pero no se llevaba bien con él. Ahora le gustaría volver a trabajar con él. Ha estado en diferentes partes trabajando como albañil. Tiene 19 años. Su hermano gemelo (Pedro) trabaja como albañil en Jerez. Él coge espárragos el día que tiene libre, en domingo o cuando no hay otro trabajo. Por las noches sale con escopeta al atardecer para disparar a las aves. Rara vez va al bar con los amigos. A él le gusta el campo. “A menudo me voy el día libre el domingo o cuando no estoy trabajando para recoger espárragos ».
Saltamos la valla y caminamos alrededor de los árboles donde se encuentran los chaparros. Había mucha vaca brava y sus crías. Y uno tenía que estar alerta, me desplace repentinamente a un árbol y me encontré con la cara de un toro. Encontrándome su rostro cara a cara. Me dijo: “Si arrancan, ten cuidado. entonces son como si estuvieran en la plaza. Si no arrancan no te molestarán Si vienen a ti saltan detrás de un árbol. No trates de trepar al árbol, podrías caer. El toro tiene 4 patas, nosotros 2, puedo esquivar el árbol mejor que él »(¿alguna vez se enredan?) de vez en cuando. No te alejes de mí. (no hacía falta que me lo dijera, por supuesto que no lo hice).
En nuestro lado del camino, el ganado estaba separado por una alambrada, pero en el otro lado del camino no había ninguna cerca, las personas que viven allí caminan por el camino entre las vacas bravas, incluso los niños pequeños. A los niños, a la gente que les acompaña. no les pasa nada.
Por la tarde fuimos a ver las pruebas de la vaca brava para ver si son lo suficientemente valientes como para ser criados (conocidos en la zona como tentaderos). A diferencia de la mañana que pasaba los toros sin barreras, que veía a José acercarse mucho al grupo para cortar espárragos, o ahuyentar a los becerros para que pudiéramos movernos con facilidad en su área, ahora nos sentamos en una pequeña fila para mirar. Uno de trabajadores alentó al toro a atacar al caballo y al jinete, pinchándolo primero, después lo toreó con la capa. Los señoritos entran a la arena por deporte, con una capa, en la plaza con un elegante uniforme, en su propia plaza a veces con un sombrero divertido. Los pobres van entre los toros en los campos con un cuchillo para cortar espárragos para vender. Los toros son valientes, pero las criaturas son más valientes que los toros. Un toro es valiente, un hombre hambriento lo es más”
Mintz transmite el miedo que él pasa en Jandilla pues hay vacas bravas. Por la tarde, ya en el pueblo acuden a un tentadero. Compara la seguridad de esta práctica y la de los toreros con la de los muchachos que con sólo 19 años arriesgan su vida para buscar espárragos para vender. La última frase es muy elocuente: “Un toro es valiente. Un hombre hambriento lo es más”
En este escrito se ve la simpatía y empatía con la que observa la forma de vida de estos benalupenses. Hay que tener en cuenta que estos escritos forman parte de una especie de diario del antropólogo que no van a ser utilizados directamente para publicarlos. Al depositarlo en el Smithsonian han llegado hasta nosotros. Su mujer Betty Kowalsky expresó estos sentimientos de su compañero en el prólogo de Coplas de carnaval y sociedad gaditana: “Jerry admiraba el ingenio, la maestría y la independencia de los hombres y mujeres del pueblo. Estaba impresionado con sus enérgicas expresiones de frustración contra una sociedad que les oprimía y, con todo el respeto, le encantaba el buen humor que siempre tenían”.
