En la sección de las puertas de Benalup-Casas Viejas publique un post sobre la puerta de Antonio Grimaldi y el balcón de Pepito Fernández. Ana Ruiz Morales, es la nuera de ellos y escribió lo siguiente en el facebook: » Esa no era la puerta de entrada eso es el balcón de arriba que vivía Pepito Fernández y debajo vivían mis suegros. Ahí se fue a vivir cuando se vinieron de la huerta chica, media vida ahí con sus 6 hijos. Se llamaban Antonio Grimaldi y Antonia Paredes, la que tenía el puesto de fruta en la plaza»

El dato que me proporcionó Ana Ruiz me encendió esa especie de lucecita que me dice que tengo que hacer un post sobre el tema. Yo había recogido en el catálogo de las puertas el contraste entre la puerta y el balcón, pero no sabía que abajo era una vivienda en régimen de alquiler y arriba vivía el dueño del inmueble. 


Tenía un documento precioso de los que había mandado Carla Mintz en Octubre del 2018 del Smithsonia que lo podía aprovechar para el post y lo completaba. Se trata de una reflexión de Mintz sobre el encalado de las viviendas, fechada el 5 de abril de 1971.  Ya lo publiqué en otro post. Dice así: «Se habla de una orden dada para que los dueños blanqueen sus casas,  pero la gente ya blanquea su casa porque responde a lo que impone la opinión pública. Son solo los señoritos, que no quieren pagarle el salario a los que lo hagan o no quieren pintar ellos mismos los que actúan fuera de los deseos de la comunidad. Vela, los otros doctores y los Espina no pintan sus casas. Curioso ver a rico señorito viviendo en lujoso apartamento. Mientras que abajo de su apartamento vive una familia en otro sin baño, cargado con niños, sin fregadero; sin embargo, sus casas están blanqueadas y aseadas, y el piso de arriba está sucio: los huecos  de las vigas originales aún sin cubrir después de cincuenta años».


Este documento del Smithsonian me parece de una actualidad tremenda. En primer lugar, reafirma la tesis de que el control social en Andalucía se realiza por la presión de la comunidad. En otro lugar escribió Mintz:”Durante la investigación de campo que realicé en Andalucía en los años 60, 70 y 80,  llegué independientemente a la conclusión de que el control social en la Andalucía rural no se operaba por medio de regulaciones gubernamentales y supervisión policial, sino por medio de sanciones sociales a rumores y otras formas de crítica y censura públicas». Así explica que los pobres encalen sus casas, no porque los obligue la normativa, sino por la presión social, presión a la que los más ricos no le hacen caso. 




En la actualidad se ha generado en el pueblo un debate sobre el abandono del casco histórico y la posibilidad de que la administración pública obligue a adecentar a los propietarios privados sus locales. En la segunda parte de la reflexión de Mintz sobre el cuidado de las casas, habla, sin dar nombres, del inquilino Antonio Grimaldi y del propietario José Fernández, el mismo que le tenía alquilada la casa también , a la derecha de su piso, al antropólogo americano. 


El comentario de Ana Ruiz no sólo me había dado el dato que el balcón de arriba no pertenecía a la puerta de abajo, sino también me había dado los nombres de aquel documento del Smithsonian que cuando lo leí me gustó tanto porque me parecía de gran actualidad ya que hablaba de la misma polémica que existe ahora sobre el estado de abandono de la mayoría de los inmuebles del casco histórico. Me alegré mucho, era como cuando te encuentras dinero por la calle o te topabas con una esparraguera llena de grandes espárragos, era ponerle nombres y apellidos a un documento que no los tenía. Busque el documento citado, lo archivé en la carpeta de post por publicar y este verano, con tiempo lo escribí, para publicarlo en los primeros días de septiembre, a la vuelta de vacaciones de este blog. 


Intento escribir post  con fuerza, que aporten datos, fomenten la reflexion y con algo que llamen la atención. No sé si lo he conseguido, pero si has llegado leyendo hasta el final me siento satisfecho, en esta época donde las redes sociales y la nueva tecnología fomenta la rapidez, lo superfluo y la ausencia del temple necesario que se fomente el razonamiento y  el debate. Pero también es verdad que gracias a estas mismas redes sociales, en este caso facebook, he montado el post de hoy, he aprendido algo nuevo y he disfrutado con las dos cosas. Como decía Machado «todo lo que sabemos, lo sabemos entre todos», y está claro que en facebook cabemos todos. La presión social ha pasado de ejercerse en la calle, en las tiendas o en los bares para hacerlos en las redes sociales. Esta de rabiosa actualidad el síndrome de FOMO o el miedo a perderse algo, que a veces lleva a acudir compulsivamente a ellas. Además de sentirnos presionados por lo que se escribe en ellas, tanto los ricos, como los pobres, los de derechas, como los de izquierdas, los más activos como los más inactivos. Eso se refleja en que cada vez más nos interesamos por los seguidores que tenemos o por los me gusta dados o por los comentarios recibidos.  De tal forma que hay que plantearse ya, no está de mal creo yo, que la adicción a estas puede ser una práctica peligrosa.
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