Dice el jienense: «La Feria de Abril sevillana desciende, quién lo diría, de una feria ganadera y mercantil apadrinada a mediados del siglo pasado por un vaso y un catalán. De una cosa tan seria los sevillanos han hecho el acontecimiento más festivo del mundo. Hoy lo imitan, con creciente éxito de crítica y público, otras ferias andaluzas e incluso una catalana. La feria dura siete días, como si se tratara de recrear el mundo, comenzando por la prueba del alumbrado, el lunes por la noche, y acabando por el lunes de resaca de la semana siguiente. La feria cumple el milagro anual de reunir en los escasos kilómetros cuadrados de polvoriento albero de su Real a un millón de feriantes cargados de fino de jerez o del moderno rebujito (manzanilla de Sanlúcar y Sprite o similar, ¡puaj!) sin que el aventajado nivel etílico provoque los altercados y reyertas inevitables en otros lugares en cuanto se juntan diez mozos en romería.
Llegamos a la feria de Abril de Sevilla que irremediablemente hay que compararla con la de Benalup-Casas Viejas. Para la primera he utilizado lo que escribe Juan Eslava Galán en «1000 lugares que hay que ver en España al menos una vez en la vida», para la segunda a uno de los socios fundadores de la peña de los 20 duros.
La feria es una fiesta civilizada y, a pesar de las engañosas apariencias, privada. Modernamente va habiendo algunas casetas públicas, grandonas y desangeladas,patrocinadas por los distritos municipales o por los partidos políticos, pero lo suyo es que las casetas sean privadas, propiedad de una empresa, de una familia o de un grupo de amigos que contratan a un cocinero y a un camarero para sentirse atendidos como señores.
La caseta es una extensión del hogar, donde solo se recibe a la familia a los amigos. No obstante, esta residencia efímera está abierta al paseo porque uno de los placeres del sevillano es exhibir ante el viadante sus galas, su felicidad, lo bien que ha puesto su caseta el trabajo que se ha tomado para descansar.
Al filo del mediodía el ferial se llena de carrozas y caballistas para el diario paseo en el que los pudientes se muestran sus pavoneos ecuestres. También los fantasmones, que en Sevilla son legíon, muchos de ellos entrampados con los bancos para alquilar caballos y codearse con los grandes. Las mujeres van con traje de flamenca, cuajado de faralaes, el único traje regional que admite modas, lo que ya es el colmo del barroquismo, los hombres, de traje corto o de traje simple, camisa blanca abrochada hasta arriba, sin corbata. Los turistas japoneses, de cazadora gris, gorrilla de visera americana y cámara fotográfica al cuello.
El placer de la feria, aparte de acicalarse, ver y ser visto, consiste en reunirse con los amigos en ocurrentes tertulias y beber y bailar según lo pida el cuerpo y según aguante. Algunos solo van a la feria un par de días, otros no salen de ella y aguantan milagrosamente, sin dormir o durmiendo apenas, toda una semana. Lo señorial es ir los tres primeros días y dejar los restantes paras las gentes que vienen de los pueblos y del resto del universo».
José Julián Martínez Gracia, el médico, accede a escribir sobre la feria de Benalup y en concreto sobre la peña de los veinte duros de la que fue fundador. Esto es lo que dice: «Me pide el amigo Salus que sobre un texto de Eslava haga una comparativa de la feria de Sevilla con la feria de Benalup y la caseta de la peña de los 20 duros.
Entre ellas aparte de la magnitud de una y otra veo varias diferencias:
Primero la duración, siendo más corta la nuestra, que solo dura 5 días.
En Sevilla la mayoría de las casetas son privadas con dificultad para entrar en ellas, en Benalup son todas públicas, aunque sean montadas por entidades privadas o por el ayuntamiento.
En ambas se coinciden en que son una extensión del hogar pues en ella se reúnen los amigos y familiares durante esos días para pasar un buen rato.
Aquí no existen fantasmones que se endeuden con los bancos, para en esos días vestir sus mejores galas y caballos como puede pasar en Sevilla.
Al igual que en Sevilla el placer de la feria se basa en reunirse con los amigos, en ocurrentes tertulias, bebiendo, comiendo o bailando según le pida el cuerpo y el aguante de cada uno.
Y para mí una parte fundamental de nuestra feria actual, es la peña de los 20 duros, aunque en los últimos años va en aumento la afluencia de personas a la caseta municipal y a la zona joven, no apareciendo otras casetas de comidas que se perpetúen ,por la dificultad en que al ser feria fundamentalmente nocturna, el calor impide que haya afluencias a ellas los mediodias,provocando que los ingresos, que se producen solo por la noche no sean suficientes para cubrir los gastos y ganar algo, pues para eso la montan las distintas asociaciones. Esto solo tendría una solución, cambiarla si es posible a fechas con tiempo más benévolo.
La peña los 20 duros nace de una escisión de la peña las lagunetas, que era la peña de la gente con mayor poder económico de Benalup y la única que se montaba fija todos los años.
Los mas jóvenes de esa peña no estando de acuerdo con algunas de las cosas que sucedían allí decidimos salirnos y montar una nueva con aires distintos, menos señoriales .
En resumen, como todos éramos asiduos al Dornillo, bar de referencia en el pueblo en aquella época nos reunimos allí ,con los que frecuentaban ese centro de donde tantas cosas nacieron. Allí nos juntamos 20 personas la mitad aproximadamente intelectuales de medio tapón como alguien nos bautizo y la otra mitad trabajadores de la construcción y del campo, con lo cual surgió un gran maridaje que hizo , que se haya perpetuado hasta nuestros días, con algunas modificaciones.
Pusimos una serie de normas:
Cuota de lo que hoy es 80 euros al año
No había servicio de mesa
Nosotros montábamos la caseta lo cual nos servía para tener más días de feria, aunque para desmontarla era más difícil que apareciera la gente. Muchas veces a la hora del desayuno se acababa el montaje pues empezábamos, a comer y beber y ya no parábamos, ese Perito haciendo las mediciones y nunca acertaba siempre faltaba un pedazo, ese Medico repartiendo tornillos ,Mane y José Enrique que eran los directores pues ellos hicieron la caseta discutiendo, ese Manolo Rehuelga mandando pero sin hacer nada, Eduardo riéndose, Santo pagando las multas para no ir a trabajar, Leonardo y Mota llevando las cuentas y el papeleo,del BOTIQUIN se encargaban Pepe Colmena y Acho,Pindajo a la cocina, Pepe Melón ,Manolito Rancapino y Pele bebiendo y comiendo más que trabajando todo ello amenizado con los chistes se Jose Luis el” guau”, pero llegaba el miércoles, y la caseta estaba lista para pasar los cinco días de feria y a pesar de todas las discusiones hasta los farolillos montados.
Qué tiempos aquellos hoy ya la edad de la mayoría no nos permite nada más que tener la escusa de agrandar la pista con hormigón, para ir el lunes y el martes, para luego por la noche tener nuestra barbacoa el lunes y el pescadito el martes.
Con el paso del tiempo han aumentado el número de socios, ha habido cambios, hubo fallecimientos pero el espíritu de los 20 duros, que en esencia es tener una peña, para comer ,beber y pasarlo bien persiste.
La caseta ha aumentado de tamaño pues ya no cabíamos, por la abundancia de amigos que han hecho de ella su centro en la feria.
El portero desapareció y hoy día es libre la entrada.
La música persiste aunque cada vez seamos menos los que bailamos.
El Catering con Miguel que lleva con nosotros muchos años insuperables.
Las comidas del mediodía hechas por socios y simpatizantes inmejorables.
El ambiente lo más bonito ,eso que empieces tomándote una copa con uno en una esquina de la barra y termines en la otra punta .Hablamos con todos y bebemos con todos, esa es una de la esencias de la peña y además innegociable.
Ese Pepe Melon pasando la gorra para divertimento de todos la hace única.
En fin Salus corto aquí pues tu sabes que hablando de la peña me embalo enseguida y no va a caber esto en el blog».
Yo llegué en 1992 a Benalup. Entré en la caseta en julio de 1993 preguntando por Leo y Santo. Luego quise ser socio, pero no me dejaron, hubo otros que me ganaron en la votación. Al final entré en la caseta. Ya llevo unos años. Me siento uno más. Me gusta pertenecer a un grupo que no admitieron, en un principio, a un socio como yo. Desde 1994 llevo haciendo migas los jueves, hasta los años más duros. De todas las ferias que hay en la caseta, a mí la que me gusta es «la combebencia» que se desarrolla en torno a las comidas del medio día. Cada vez me lo paso mejor. Y aprendo más. Ahora reconozco que esta peña tiene un problema biológico. Que el tiempo pasa y nos vamos haciendo viejos, como decía Pablo Milanés. No se ven sustitutos en el horizonte.












