El 12 de septiembre de 2018 se celebró el toro de la Vega en Tordesilla. Un caballo murió corneado y dos jóvenes resultaron heridos, uno por asta que por tercer año consecutivo se ha celebrado sin lanzas y sin la muerte del astado en público, por imperativo legal. Pero en 2010 cuando Eslava Galán publicó el libro que nos sirve de referencia no era así.
Esto dice el jienense:
FIESTA DEL TORO DE LA VEGA EN TORDESILLAS
En la segunda semana de septiembre celebra Tordesillas sus fiestas patronales en honor a la Virgen de la Peña, en las que el acontecimiento lúdico-deportivo más famoso es el tradicional Toro de la Vega, declarado oficialmente de Interés Turístico Regional. Veamos en que consiste: a la hora convenida se suelta un toro al que un tropel de muchachos y hombres del pueblo acosan con lanzas y jabalinas hasta que el animal muerte desangrado o alcanzado en un órgano vital. Como todo ritual, esta entrañable manifestación cultural y folclórica, que también se considera seña de identidad del pueblo, tiene sus normas: los lanceros deben esperar a que el animal cruce el puente del pueblo y está prohibido alancearlo desde un vehículo de motor (solo a pie o a caballo).
El toro termina hecho un acerico de lanzas clavadas por todo el cuerpo, pero solo obtienen el premio del Ayuntamiento (una insignia de oro y una artística lanza) aquel participante que el jurado determine fue el que asestó el rejonazo mortal. Hasta hace unos años el vencedor le cortaba los testículos al toro, pero este viril remate ha caído absurdamente en desuso.
El atávico festejo cuenta con muchos detractores tanto particulares como miembros de asociaciones defensoras de los animales que reiteradamente lo tachan de salvajada. Para contrarrestar esta publicidad perniciosa, la Asociación de Pandas Tordesilanas, moderna institución que vela por la pureza de la fiesta (y apadrina una Escuela de Lanceros en las los jóvenes del pueblo aprender de sus mayores), han pubicado un manifestó del que entresacamos algunos puntos para que el lector medite sobre ellos y extraiga sus conclusiones:”I. El Toro de la Vega es ritual ancestral mediante el cual se expresa el modo de ser de un Pueblo. II. Es fuente de la que torneantes, lanceros y gentes de nuestra Tierra obtenemos grandes bienes inmateriales a cambio de sufrir grandes trabajos y peligros; V. Es acto donde forzosamente deben ejercerse nuestras virtudes tradicionales tales como la solidaridad, la ayuda a quien está en peligro, la mesura, la constancia, la imperturbabilidad, la decisión en medio del peligro, la buena crianza y otras muchas tocantes a nuestro concepto de hidalguía, lo que mejora grandemente a quienes tornean; VI. Es libro donde se resume y enseña nuestro modo de estar ante lo trascendente” Yo subrayaría el profundo alcance moral y filosófico de estas últimas palabras: el alanceamiento del toro “enseña nuestro modo de estar ante lo trascendente”
A los defensores de los animales todo les parece mal: el toro emplumado con soplillos (dardos que elaboran, a cual más bonito y artísticos, las novias y hermanas de los mozos participantes) de Coria; el toro enamorado de Benavente, la vaquilla del aguardiente de Toro, las peleas de carneros del País Vascos, las peleas de gallos del hondo sur, las peleas de perros… Con sus críticas histéricas han conseguido que las autoridades prohíban el rito de la cabra lanzada desde el campanario de Manganeses de la Polvorosa (Zamora), la decapitación del gallo de los quintos en Guarrate (Zamora) o la pava lanzada desde la torre de la iglesia de Cazalilla (Jaén). Estos defensores de los animales no respetan las tradiciones que ratifican la indecinable gallardía de la raza española. Uno casi se felicita de que la tardía mecanización del agro hispano haya imposibilitado los concursos de destripar vacas con excavadora que sin duda se le habría ocurrido a algún concejal de festejos. ¡También habría ofendido la sensibilidad de los aguafiestas protectores de los animales!
En otro artículo de esta serie Vicente Peña relaciona Tordesillas con la fiesta de la Vaquilla. En la actualidad uno de los debates más enconados que hay en la sociedad española se refiere a la llamada fiesta nacional. Los anarquistas de principio del siglo XX estaban en contra. A mí me ha parecido oportuno traer lo que opinaba Pepe Pareja sobre el mundo del toreo. Este recogiendo la tradición anarquista se posicionaba en contra de las tradicionales corridas de toros. Le dice Pepe Pareja a Mintz: » Esto de los toros basta que los principios fueron del tiempo de los feudalistas fuera derivado de las personas que le echaba a las fieras para que se haga odiado, osea las personas con ideales hayan llegado a odiar el toreo motivado por eso. Por los principios de donde deriva el tore, todo eso se hablaba mucho y protestaban, por eso se odiaba el toreo. Si observa en una plaza de toros pues es inhumano montarse en un caballo con los ojos vendados para picar al toro, para que este avance al caballo y a fuerza de cornadas se vea con las tripas arrastrando. Eso es antihumano. La persona que tenga sensibilidad en su corazón no debe estar viendo ese espectáculo. Yo soy uno que yo no voy a verlos, porque para mí eso es repugnante. Porque maten a un animal después de estar dando su servicio en toda su juventud, eso no debe existir en la humanidad. Yo creo que la civilización debe protestar, por esas cosas y sino para que sirve la civilización»
No me suele gustar el debate entre los taurinos y los antitaurinos, se mantienen posturas demasiados viscerales y encontradas. Yo no he visto nunca una corrida de toros, pero nunca he estado de acuerdo en que haya que prohibirlos. Estos días ha salido en prensa que el Tribunal Supremo cierra la puerta definitivamente a la celebración en público del toro de Tordesillas. En lo que respecta a la reciente pasada fiesta de la Independencia que aquí gustan llamarla Vaquilla, este año no me apetece entrar en la sempiterna polémica. Me encantó lo que escribió Fran en su facebook, cual puro conceptista clásico: «El 20 de marzo de 1991, Benalup de Sidonia se segregó de Medina Sidonia. Hoy, la juventud de Medina llama a esta celebración «la independencia», en cambio, la de Benalup-Casas Viejas y buena parte del pueblo la llama «la vaquilla». Las palabras nos retratan. » Lo que opinamos y como lo hacemos también.




