Y entramos en el último post de esta miniserie dedicada al patrimonio. Seguro que volveré sobre el tema más adelante. Le toca el turno hoy al casco antiguo, al patrimonio inmaterial y al natural. Es en el apartado donde menos se ha hecho e incluso el estado de conservación ha empeorado. Para protegerlo es imprescindible conocerlo, difundirlo y ponerlo en valor.
Atención especial le voy otorgar al centro histórico. La exposición sobre las puertas de Benalup-Casas Viejas de Isabel Mateos y Andrés Barberán ha puesto en evidencia el estado de dejadez y abandono en el que se encuentran la mayoría de los inmuebles de esta zona. Es una cuestión tan interesante e importante para este pueblo que no sólo está ahí su pasado, sino también su futuro. La verdad es que yo no soy experto en el tema, pero parece necesario que los que saben hacerlo hagan algo al respecto. Me da la impresión que tanto la iniciativa privada como pública deberían estar interesadas en poner en valor esta zona y más en un momento en el que la mancha de aceite del turismo demanda bares, restaurantes, pisos y habitaciones de alquiler… No sé si la vía es un plan urbanístico de rehabilitación integral u otra figura lo que si parece cierto es que existe cierto consenso que el estado de estos inmuebles es deplorable y hay que hacer algo para mejorarlo. Lo primero ser consciente de ello, que es la gran cualidad que ha tenido la citada exposición.
Otro apartado interesante lo constituye el patrimonio inmaterial. Contamos con la gran ventaja que fue estudiado en su día por Mintz, de cuyos estudios podemos partir. Así en la música (flamenco, carnaval, canciones populares, chacarrá…), en la gastronomía (somos uno de los pueblos con mejor oferta culinaria en relación al peso demográfico de la provincia pero se puede profundizar en esta labor a través de rutas o ferias como ha demostrado la asociación micológica), fiestas (maratón, carnaval, ruta de la seta…), tradiciones… hay unas posibilidades inmensas de desarrollar propuestas. Hasta la fecha se ha hecho poco sobre todo teniendo en cuenta las posibilidades que posee este campo.
He dejado para el final el patrimonio natural. Por supuesto que no es el último recurso a proteger y poner en valor, sólo citar la antigua Laguna de la Janda, la puerta natural de entrada y salida del parque del alcornocales, Wakana Lake, las playas cercanas o la posición geoestratégica en la comarca, en la provincia y en la península nos da pistas sobre la inmensas posibilidades que tiene este pueblo en este campo. Sin embargo, el aislamiento tradicional y la apropiación indebida han hecho que ni sean conocidos por la gente como debieran serlo o que ocurran casos sangrantes como la despiadada seca que está amenazando seriamente a una de nuestras joyas de la corona; el alcornoque. Realidades como el turismo ornitólogo, el del caballo o el de la bicicleta que podemos ver por nuestro entorno nos confirman que las posibilidades que tiene esta zona para explotar el patrimonio natural y de paso protegerlo son inmensas.
Termino con dos precisiones. Ya apunté que gracias al desarrollo cultural y educativo del pueblo se había recuperado parte de la historia robada de este pueblo y que gracias a él había un creciente interés por todos estos temas. Eso explica que para las elecciones municipales de 26 de mayo de 2019 este tema va a ser uno de los que monopolicen los posibles debates. En segundo lugar, insistir que no se trata de medidas concretas es recuperar el aliento, el ánimo, el impulso, el pulso… Es recuperar lo que es del pueblo, su dignidad, lo que tiene, lo que sabe, su patrimonio. Es en definitiva convertir la política en el arte de lo imposible. Ya lo decía los franceses en el mayo del 68 “Seamos realistas, luchemos por lo imposible”.



