Del 5 al 20 de octubre de 2018 estuvo abierta en el centro cultural Jerome Mintz la exposición sobre Puertas de Benalup-Casas Viejas. Me parece que es uno de los eventos más interesantes que han tenido lugar en este pueblo en los últimos tiempos. Me ha parecido oportuno publicar algunos post sobre estas puertas de esta exposición, basándome en las fotografías que hicieron Isa Mateos y Andrés Barberán, los textos que escribimos Pepe González y yo, y el conjunto que maquetó y corrigió Fran Sánchez. He pedido el permiso oportuno y se me ha concedido. En esta primera entrega publico además de varias fotografías del catálogo, el prólogo de dicho catálogo.
Aunque hay constancia de poblamiento disperso en la zona durante la época musulmana, la primera vez que el sitio de Casas Viejas aparece en las fuentes escritas es en 1555. Desde el siglo XVI había unas cuantas casas (referidas como «viejas», de ahí el topónimo) en torno al ventorrillo que había al final de la calle San Elías y a la ermita situada en la actual Alameda.
Durante la primera mitad del siglo XIX el poblamiento disperso se concentró: fue el germen del actual Benalup- Casas Viejas, estrechamente relacionado con el proceso desamortizador, la aparición de los latifundios y los intentos ilustrados por extender la agricultura en zonas abandonadas. El intento de crear una nueva población en torno a una masa de pequeños y medianos campesinos fracasó, ya que los repartos y las subastas posibilitaron la consolidación del latifundismo clásico, basado en la mano de obra jornalera, pobre y abundante, y en una nula o escasa mecanización. Como se puede apreciar en este catálogo, el proceso de concentración y apropiación afectó a los terrenos rústicos y a los urbanos.
El poblamiento de aluvión que hizo crecer el pueblo procedía fundamentalmente de Medina Sidonia y de la Sierra de Málaga (de allí vinieron los llamados «sopacas», o segadores estivales); se establecieron en lo que en la actualidad es el centro histórico.
Por una parte, los propietarios, los comerciantes y los funcionarios vivían en casas de adobe en torno a la Alameda. Por otra, los jornaleros lo hacían en chozas alrededor de la actual calle Alta y las zonas septentrionales de la calle Medina y la calle Nueva. Esta dualidad, unida a la dependencia política y económica del pueblo con respecto a Medina y al aislamiento y a la situación periférica con respecto a la Administración central, caracterizaron su historia, cuyo episodio más mediático fueron los sucesos de Casas Viejas en enero de 1933, durante la Segunda República. La derrota del intento campesino de oponerse a la consolidación del sistema latifundista, que los oprimía económica y políticamente, prosiguió sin solución de continuidad durante la Guerra Civil y el primer franquismo.
A mediados de los años sesenta del siglo XX tuvieron lugar una serie de procesos que desembocaron en la crisis de la sociedad tradicional: se desecó la laguna de La Janda, apareció la empresa agrícola Las Lomas y la construcción sustituyó a la agricultura como motor. Todo ello desencadenado por una brutal emigración que saneó las estructuras y permitió el boom urbanístico y demográfico entre la segunda mitad de los setenta y la primera de los ochenta. Fue en esa época que comenzó el ensanche del pueblo por la zona norte (en el borde de la mesa) y la lenta recesión del centro urbano, que continúa en la actualidad.
El recorrido por el casco antiguo a través de estas cincuenta fotografías de puertas permite pasear por los acontecimientos más importantes de la historia de este pueblo, observar las huellas de las chozas y las casas señoriales, y reparar en la persistencia y los cambios en la propiedad del suelo urbano.A pesar de que el dualismo mencionado persiste, este recorrido también permite visualizar el proceso feroz de envejecimiento de la parte más antigua de la localidad: se ha producido un vacío de la población joven, un trasvase del uso residencial y comercial al terciario y, sobre todo, un abandono y deterioro progresivos de las viviendas y los locales comerciales. Ante esta situación se ha reaccionado reformando los inmuebles indiscriminadamente, con la consiguiente pérdida importante de patrimonio histórico. Y, en otros casos, abandonándolos al olvido y a su suerte. Parece ineludible una política de rehabilitación del casco histórico benalupense, como se ha hecho en otras localidades con éxito.
Es cierto que en la actualidad el centro histórico de Benalup-Casas Viejas no tiene el peso demográfico, político, social ni económico que tuvo hasta que llegó la democracia, pero su importancia histórica y cultural persisten, y en el horizonte se otea la posibilidad turística. Conviven con lo anterior los conflictos propios de los procesos de cambio entre los viejos y los nuevos roles, la lucha por el uso del espacio público, lo que pueda aportar el terreno privado al bienestar colectivo y la incertidumbre existente entre unos solares físicos estáticos y una situación socioeconómica en continua transformación. Priorizar el compromiso de conservar el patrimonio cultural es clave para compatibilizar las funciones turísticas, culturales e identitarias que el casco antiguo del pueblo está llamado a desempeñar. Por ello, se impone un proceso de reflexión que conduzca a todos los estamentos a establecer estrategias a favor de la restitución, la regeneración, la conservación y la protección. Este es, en el fondo, uno de los objetivos primordiales de esta muestra de cincuenta fotografías sobre las puertas de Benalup-Casas Viejas.
Empieza aquí una nueva serie que espero os guste. Puertas de Benalup-Casas Viejas fue más que una exposición al uso. Es una invitación a la reflexión sobre el centro histórico de Benalup-Casas Viejas. Invitación que yo acepto encantado. Por eso quiero ampliar los textos que ya escribimos Pepe y yo ¿Y tú, entras o sales?







