«El hacha corchera es un tipo específico de herramienta que se emplea exclusivamente para descorchar. Para confeccionarlas, son fundamentales los fragüeros locales, que ponen a disposición de los corcheros sus saberes, traduciendo al metal las indicaciones que proporciona el especialista forestal para adaptar la herramienta a sus preferencias. Hasta los años sesenta hubo fragüeros en casi todos los municipios con alcornocal del sur andaluz, pero con el éxodo rural, muchos dejaron su oficio, y en la actualidad quedan tan sólo dos fraguas de entonces: una en la localidad de Benalup- Casas Viejas (Cádiz. Cerrajería La Fragua, de Miguel J. Sánchez Cantero) y la otra en Gaucín (Málaga).
Es importante constatar que las principales partes del hacha toman el nombre de partes del cuerpo humano: el ojo, diseñado para fijar la madera del mango o cabo al metal; la zona afilada y cortante llamada boca; y entre uno y otra, el cuello o pala. Se le denomina garganta al tramo del cabo que se encuentra entre la perilla y el metal.
El hacha corchera presenta una enorme complejidad. Es fruto de su adaptación continua y creativa para realizar con eficacia la pela de los chaparros, en unos montes muy accidentados y escarpados y con unos árboles muy diversos y que presentan, a veces, muchas complicaciones. Cada hacha es única, y se acomoda al medio y a las experiencias y características técnicas y a las medidas del cuerpo del corchero. Son, por así decirlo, herramientas que deben entenderse como inseparables de los corcheros que la usan y los particulares entornos donde actúan.
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| Cristóbal Delgado Ruiz. Foto Mintz |
El ojo va a determinar gran parte de las características del mango y su mayor o menor apertura repercute en el grosor y, por consiguiente, en el peso y envergadura del cabo. La largura de éste, no debe superar la distancia que va entre la muñeca y la axila o sobaco del corchero. Pero no sólo: que sea más o menos largo, que pese más o menos también tiene que ver por las características técnicas del especialista. De hecho, los corcheros pelan de dos en dos , formando “colleras”. Y los saberes de cada uno son complementarios. Uno de los corcheros se encarga de pelar las partes bajas del árbol, el otro, las altas, y para ello se prefieren entonces distintas longitudes de cabo. El primero (o bolillero) optará por un mango algo más largo, que extienda el brazo a más altura, con más madera, que dé peso a la herramienta. El bolillero no suele subir a la copa, por lo que las destrezas y agilidades precisas para moverse en las alturas no le serán exigibles. Será el sitio que ocupen los maestros veteranos o, también, aquellos especialistas que no reúnan las habilidades técnicas necesarias para pelar arriba. En lo alto se escoge un cabo algo más corto, que pese menos, que no choque con las ramas y estorbe. Aquí suben los corcheros más completos, los que más técnicas dominan. Por eso los buenos maestros se hacen arriba donde la variabilidad de circunstancias a resolver es mayor. Un cabo corto o largo nos señala las medidas antropométricas del corchero y nos puede indicar si se trata de un bolillero o de un maestro diestro en la copa del árbol.
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| Calabozo de hombre y niño encontrado en la Sauceda. La marca es de Rafael el Herrero |
Otro elemento que considerar es la forma del cabo. En los alcornocales de Cádiz y Málaga se curva, se hace espaldero. ¿Para qué? Para permitir que la herramienta adquiera precisión en el descorche. Esta singularidad del hacha corchera del sur de Andalucía es fruto de su acomodo a la diversidad orográfica y a la distinta tipología de alcornoques en este rincón del Mediterráneo . De hecho, el alcornocal de Málaga y Cádiz se ubica en sierras agrestes con una orografía abrupta donde es difícil encontrar un árbol similar a otro, lo que condiciona de manera extrema la ejecución del descorche. En estos contextos diversos, los corcheros tienen que encontrar el modo de trazar los cortes en los lugares precisos. En planos inclinados, entre retorcidas ramas, manteniendo posturas incómodas. El corchero debe lograr la manera de transmitir a la herramienta la potencia y la orientación precisa para que la hoja rasgue la corcha limpiamente, sin dolo para el árbol; que la boca del hacha entre en el lugar correcto. Para ello, la curvatura del cabo espaldero proporciona una variabilidad de puntos de asimientos que permite ángulos de corte diferentes. Es la precisión milimétrica del especialista, que conjuga momentáneamente variables tan diversas como el lugar del asir, el impulso y la fuerza que transmite, las inclinaciones diversas y los ángulos de descorche, lo que explica la complejidad del saber en estos alcornocales y demuestra la calidad del corchero en el momento preciso de la recolección. Es en la implicación indistinguible entre cuerpos, herramientas y medio donde se certifica la habilidad, y cuando se desarrollan las destrezas con la madurez y atención que sólo la práctica puede proporcionar. La variabilidad en la longitud del cabo se relaciona con las distintas destrezas, ubicaciones en el árbol y características físicas de los corcheros, unos parámetros que personalizan la herramienta.
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| Corcheros en collera |
Cada hacha es única y presenta una enorme complejidad. Es fruto de su adaptación permanente y creativa de la herramienta al saber de los corcheros para realizar con eficiencia operaciones delicadas, en un entorno orográfico muy accidentado y con una arboleda formalmente muy diversa. A través del hacha observamos la interrelación entre la sociedad, el medio y las características antropométricas y técnicas del corchero. Es el bisturí especialísimo de los maestros cirujanos del monte andaluz”
” (Coca, 2019:1-38)Esta información viene del artículo que dejamos abajo. Si quieres más pincha en este enlace