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| Foto José Luis Gutiérrez Molina |
Esta serie se para hoy en la capital de Andalucía. Sevilla no sólo tiene un color especial, Sevilla es diferente, y, sobre todo los sevillanos. He estado muchas veces en Sevilla y siempre, o casi siempre, me llevo la impresión de que una cosa es el tópico y otra la realidad. De que Sevilla está por encima de lo que de ella dicen. Tengo bastantes amigos sevillanos y ningunos entra dentro del tópico que Sevilla y España ha creado sobre ellos.
Dice Juan Eslava Galán en “1000 lugares que ver en España al menos una vez en la vida” sobre Sevilla:”
es una ciudad para olerla, andarla en bicicleta y mirar el gentío.
Sevilla invita a pararte en la burra metálica y sin ponerle la pata
de cabra saludar a los amigos y, de camino, echarte unas risas
grandes debajo de un naranjo con el manillar en la mano. Está hecha
para pasear por sus calles, evitando siempre los alrededores de la
Giralda y, ya si me apuras, la Triana gentrificada. Sevilla es una
ciudad que ha regalado su sala de estar a los guiris, al turismo
internacional, como hacen las ciudades subalternizadas a esa
industria. Como vasalla paga su tributo desposeyendo a los suyos de
sus joyas monumentales, de su barrio de Santa Cruz, su Giralda, su
patio de los Naranjos….que los regala a las hordas bárbaras que se
regocijan y pagan, para beneficio del clero y las trasnacionales
industrias del gremio. Este espacio cedido se amplía año a año, y
ya llega hasta Triana, lentamente…Aquí hay que pasar rápido, casi
corriendo de día, casi sin verlo, porque la marabunta acecha. Si se
quiere ver esta zona hay que ir muy de noche, o levantarse temprano
un martes cualquiera o un domingo de invierno o de Agosto…y
entonces acompañar a las primeras luces del día y pasear con paso
quieto. Y a lo mejor es posible que esta parte de la ciudad se te
ofrezca con sonidos y olores de huerto. Y te cuente su historia
susurrándote entre sus composiciones de piedra y de ayeres
imponentes. Dura un pis pas …pero ocurre…luego la horda de
turistas acecha.
Sevilla que te atrapa, es otra. Está a la verita de ésta, casi
tocándola. Es la Sevilla de la calle de los sevillanos, de las
andaluzas de cualquier pueblo y cualquier sitio de nuestra tierra.
Está en la calle Feria, donde cada jueves se derraman los buscavidas
de siempre para intentar paliar las hambres viejas que
persistentemente nos hacen pasar. Allí hemos vendido casi todos y
todas las que hemos intentado remediarnos con la venta ambulante en
algún momento de nuestra historia. La taberna Vizcaíno es el centro
sagrado que desde el alba y sin poner ni un solo café atiende a los
paisanos con sus mostos del Aljarafe, la fresquita cruzcampo y unos
“vermuces” que quitan el sentío. Al lado, el Pumarejo concentra
tanto los movimientos sociales emergentes en la capital de Andalucía,
como los mejores caracoles de la ciudad. El Centro Cívico del
Pumarejo, bastión sin conquistar y refrescos de combatientes por
otro mundo posible, aún recuerda cuando la gente buena de Casas
Viejas les deleitaron con las charlas que en homenaje a la figura de
Jerome Mintz se celebraron hace ahora algunos años. Nos es
casualidad que en su patio se reúnan las carnavaleras sevillanas a
celebrar febrero. Tampoco lo es, que cerquita de ella se encuentren
insignes templos del beber como la Taberna de Gonzalo, donde los
tiempos se encaraman a los cantes y la conversación íntima; o la
Taberna Soto, con una infinidad de vinos de Jerez que recuerda a la
Taberna de Ricardo por su variedad y, por supuesto, con los ojos
cerrados, porque la distancia, incluso así, es mucha a favor del de
Casas Viejas y su templo que en la Alameda se yergue. Cerca La Revo,
es la casa Okupada feminista que concentra el pensamiento, la acción
y los mañanas que se avecinan, los que darán alas a la libertad de
todos. Allí cerquita, en reuniones y asambleas se modelan las ideas
rojas, libertarias, feministas, okupas, antimilitaristas,
ecologistas, diversas sexuales…y se entremezclan en un sinfín de
maneras nuevas de contestar a un mundo necesitado de criaderos como
este.
Sevilla tiene otras zonas donde se respira a calle, a pueblo. Pero
hay que quitarle el papelillo de brillo que engaña al de afuera,
para apreciar sus saberes. Es la Sevilla de plazas llenas de gentes
que saben de solidaridad y amor a su tierra. La de las tertulias
trianeras en la Sala el Cachorro, en la esquina de cualquier, calle
cuando te encuentras a la Rizos y al Diego Parra; la de la puerta de
la escuela y aceleradas madres, o la del caminar en San Jacinto de
temprano. No hay que perderse los tiempos del paseo por los bajos del
Río, a ser posible con alguien que te quite el sentío y de la
mano. Es la Sevilla de la botellona de los viernes en la escuela de
Rap que brota bajo la Pasarela, o la que brinda las tardes de remo en
las aguas turbias del Río Grande. Es esa Sevilla que aunque a veces
adora a sus sagradas imágenes, también se esconde de ellas de tanto
paso y tanta virgen callejera que satura, por hartazgo, hasta el más
“pintao”. Es la Sevilla de Triana, la de Reincidentes, Silvio,
los Smash y Pata Negra. La de la memoria histórica y la de las
perdedoras que siempre triunfan. La de las tabernas del Plantinar o
la Barzola. La de la Rubia Canalla y los Palmeros de Sol. La de mi
Alcalá soñada que pasea por Triana. La que te hace quedarte y
quererla. Esa es la Sevilla que te atrapa y hace… la que no hay que
dejar de sentir cuando se visita esta imponente ciudad.».
De las muchas veces que yo he estado en Sevilla, de excursiones con los alumnos, de trabajo en la Junta de Andalucía, de cervezas, de teatros, de espectáculos… me quedo con una Semana Santa de 1994. Unos amigos nos invitaron. Estuvimos de jueves a domingo. Se me cayeron los palos del sombrajo. Resulta que me encantó la Semana Santa, que me encanto Sevilla y que me encantaron los sevillanos. Me dí cuenta de que Machado tenía razón, de que despreciamos lo que ignoramos. Insconcientemente aquella Semana Santa de 1994 repleta de pasos y cervezas fue toda una lección, un precedente de la convicción de que leer y viajar es el mejor antídoto contra el fatalismo, los prejuicios, los tópicos y los malos entendidos. Sevilla es especial y los sevillanos también.






