Este patio era propiedad de José Cantalejo Grimaldi, concejal asidonense y el mayor propietario del pueblo a principios del siglo XX, junto con las familias Vela y Espina. Debido a problemas conyugales, emigró a América y vendió sus propiedades. En el plano urbano de 1906 la parcela número 7 corresponde básicamente a los actuales Jardines de Murillo, salvo el extremo septentrional que se fue segregando progresivamente. Esta parcela correspondía a José Cantalejo. Influido por los problemas maritales emigra a América y deja como albacea de sus bienes para que los venda al herrero Antonio Alcantara Serrrano. El patio, huerto incluido (los Jardines de Murillo), fue comprado por Antonio Vela Pérez-Blanco. En la actualidad, es parte del patrimonio de la familia Fernández Gómez, herederos de José Fernández Vela, que a su vez lo heredó de Nicolasa Vela Morales, hija de Antonio.
Durante los sucesos de enero de 1933, este patio tuvo su importancia. Aquí empezó la represión de la patrulla del teniente Fernández Artal: tras detener a Manuel Quijada Pino, vecino de una de las casas, pegarle una paliza y forzarle a confesar, se dirigieron al casarón de Seisdedos. Así lo cuenta José Luis Gutiérrez Molina en su artículo Cinco día de enero de 1933: “Artal se dirigió a casa de Manuel Quijada Pino, uno de los señalados, en el “patio Cantalejo”. Cuando llegó estaba sentado junto a un brasero. Negó que hubiera participado y comenzaron a golpearlo. Aunque registraron la choza no encontraron la escopeta. Lo sacaron arrastrándolo por los pies. En la entrada le abofetearon, aporearon y dieron culatazos. Llegaron a tirarlo al aire y dejarlo caer al suelo. Finalmente, echando sangre por boca, nariz y oídos, confesó que la había dejado en casa de su cuñado, Luis Barberán Madueño, que también fue detenido….Salvo les preguntó por los hermanos Seisdedos. También les había visto disparar. Entonces se dirigieron hacia la choza de su padre, Francisco Curz, Gutiérrez, el anciano carbonero, en la que vivían”. Allí encontraría la muerte.
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| Plano urbano de Casas Viejas 1906 |
Han sido muchas las familias que han pasado por el patio Cantalejo: los Cristobitas, Benítez, Juana Mateo, Bernarda Gallarda, los Dávila, los hermanos Espinitas, Miguel Paulita o Juan Pareja. En la actualidad sigue siendo un patio de vecinos en régimen de alquiler. Como el resto de los patios de vecinos, era el lugar de socialización de las mujeres, pues los hombres lo hacían en los bares y funcionaban como desahogo antes las condiciones de hacinamiento que presentaban las casas. Como punto fuerte hay que destacar las relaciones de solidaridad y amistad que se despertaban entre los vecinos, que duraban toda la vida.
En cuanto, a la parte izquierda hasta los sesenta la mayor parte de la parcela se aprovecha como huerto, explotándola como tal Andrés Martínez, el prácticante, el padre de Francisco Martínez, el maestro, concejal y gestor del ayuntamiento y tío de Eugenio Espinosa, también maestro y concejal. El huerto tenía dos entradas una por la calle San Juan y otra por la tienda de Cristobilla, junto al actual pub el Chori. En la memoria colectiva de alguna gente de Benalup-Casas Viejas resalta el gran nogal que había en el huerto cuyas ramas salían por la calle San Juan y otras por el patio Cantalejo, en la cuesta del meaero público en la actual calle Alta. El gran cambio para esta parcela, como para el pueblo, vino en los años sesenta. Gran parte del pueblo se estructuraba en torno a los huertos, sobre todo en la calle Medina, hoy Independencia, y calle Nueva. La competencia de los productos hortícolas foráneos, la pujanza de otras actividades… y la modernidad en general hizo que estos huertos se vayan reconvirtiendo en otros usos. Unos para aprovechamientos residenciales y otros para solaz y entretenimiento como el caso que nos ocupa. Se limpió todo el huerto, se eliminó todo uso y aprovechamiento agrario y se le preparó para que se convirtiera en el gran solar de ocio y diversión del pueblo como lo ha sido hasta la actualidad. Su posición geoestratégica en el centro del pueblo y sus dimensiones posibilitaban dicha funcionalidad. Así, en los sesenta Antonio Rodríguez Barberán, el hijo de Ricardo el del bar, abre el local por primera vez como negocio de ocio y venta de bebidas. Para ello iba sembrando progresivamente árboles y plantas, y parece ser que fueron los Laritas los que bautizaron el lugar como los Jardines de Murillo, en referencia a los del barrio Santa Cruz de Sevilla, nombre que ha permanecido hasta la actualidad.
Este portón nos permite detenernos en dos elementos urbanos muy característicos del urbanismo benalupense; los patios de vecinos y los huertos. El portón de color verde está divido en dos pisos y dos calles. El piso inferior de chapa metálica impide la entrada de animales, el superior de barras permite la visión tanto al interior como el exterior. Un amplio umbral da paso al patio de vecinos en torno al cual se estructuraban las viviendas de alquiler. Dentro dominan las plantas y los árboles. El desnivel de la calle Alta es salvado por un escalón de piedra. El está coronado por un dintel a modo de falso arco de ladrillos.
Calle Alta, 6