Pero no sólo Mintz o el protagonista de Doce V han sido objeto del obstáculo y el hostigamiento de los que quieren que los sucesos sigan siendo percibidos como un incidente casual realizado por unos ignorantes, que los muertos fueron el resultado de un escarmiento merecido, de los que le interesa que se extienda el catetismo y el conformismo, de los que pretenden que sigan siendo tema tabú y desconocido, de los que en definitiva quieren controlar el pasado para dominar el presente y el futuro.
Igual le pasó a Eduardo de Guzmán y Ramón J. Sender cuando en enero de 1933, al indagar sobre lo ocurrido, estuvieron a punto de ser linchados en la pensión San Rafael por “los señoritos”, guardianes de su verdad, liderados por el impresentable López Estrella. También le ocurrió a Gerald Brey cuando estuvo en el pueblo en 1969 durante una semana y no le dieron ninguno de los datos que buscaba e incluso lo engañaron sobre la ubicación del antiguo cuartel de la Guardia Civil. También le pasó a Federico Joly, Gutiérrez de Miguel, Antonio Ramos Espejo, Eric Hobsbawm, Alessandro Stella o tantos otros periodistas e investigadores que se acercaban por aquí buscando información para entender estos sucesos. También les ha pasado a muchos de los que continúan haciéndolo. Es lo que tan magistralmente ha descrito José Luis Gutiérrez Molina en su artículo Ramón J. Sender y los exilios de Casas Viejas.
Me atrae mucho como la novela plantea la formación de esa élite que controla el pasado, lo utiliza en su beneficio y no permite que se difunda y se conozca. Una minoría que resulta vencedora en los envites de los sucesos y la Guerra Civil, se hace con el poder en la postguerra y continúa con él hasta el año 1989. Se le cambia el nombre de Casas Viejas por el significativo Benalup de Sidonia y a través de la propaganda y la represión se intenta y se consigue que en el pueblo se considere vetado, prohibido, peligroso, pernicioso, nocivo, maligno, peyorativo… no solo los sucesos sino también el anarquismo, el movimiento obrero, las tradiciones, los usos y las costumbres… en definitiva el mundo antropológico de los campesinos de Casas Viejas. La masa general dominada por el típico fatalismo andaluz cae en la contradicción de no querer recordar lo que pasó, aunque sabe que no puede olvidar. También me interesa mucho el retrato de la sociedad benalupense en 1989 que hace en la novela, el recorrido por los bares, calles, lugares de diversión, restaurantes, alrededores…da la impresión que es la parte, donde el autor utiliza más sus recuerdos personales. El Benalup que él conoció y vivió en ese año.
La novela parte de una anécdota. Un autobús de los que trasladaba el 11 de enero a los guardias de asalto a Casas Viejas tiene un accidente en la curva de los Badalejos. El dato aparece por primera por escrito en el Facebook de la historia de Benalup-Casas Viejas en imágenes aportado en febrero de 2017 por Carmen Macías Cruz. Y es que la llegada de las nuevas tecnologías nos puede ayudar a conocer, comprender y escribir nuestra historia entre todos. Pero, lo que más me gusta de esta novela es que su autor nació y vive en Benalup-Casas Viejas. La novela es un canto a la recuperación de la historia, de la libertad, a la denuncia de la apropiación de unos pocos de lo que es de unos muchos para beneficio de los primeros. Está realizada para y desde Benalup-Casas Viejas. Que esa labor se haga desde dentro creo que le sorprendería tanto a Mintz como le paso con Tato y Nono o le pasaría con Andrea. En la primera ocasión no tuvo él nada que ver, en la segunda y en la tercera estoy convencido de que sí. Desde su llegada en 1965 a Benalup de Sidonia sembró la posibilidad de que conociéramos nuestra historia, nuestras costumbres y nos facilitó el camino hacia unas mayores cotas de cultura y libertad. Ahora estamos recogiendo sus frutos. Es lo mismo que hace Martín con la ayuda inestimable de Alfredo y sus amigos en la novela, lo mismo que hicieron Pepe Pareja y los suyos con el americano, para salvar los obstáculos y los impedimentos que siempre han impuesto los que indebidamente habían acaparado nuestro pasado, lo mismo que habían hecho con los inmuebles urbanos y rústicos.
Termino invitando al lector a que se sumerja en el laberinto histórico y geográfico que plantea Miguel Ángel Moreno, a que responda al juego de adivinanzas al que invita y a que contribuyamos a que esa lucha por la recuperación de nuestra historia, de nuestra identidad tenga un final feliz en la realidad cotidiana. La novela Doce V supone un granito de arena en ese empeño.
Termino poniendo un fragmento de la novela. En este caso es Martín quien le habla a Alfredo: «Efectivamente Alfredo, todo se va a acabar, la historia de vuestro pueblo vuelve a vuestras manos, que nadie os diga nunca como queréis contarla, sois vosotros mismos quienes tenéis las llaves del futuro de este pueblo. Y te animo a ti, Alfredo a tomar las riendas de esto, que sigas y muestres al mundo la verdadera historia, que no haya tabúes, que se hable con naturalidad, que vuestros hijos y los hijos de vuestros hijos conozcan sus raíces tal y como fueron no como otros quisieron contarlo. Tenéis una oportunidad única». No se me ocurre escribir otra cosas que la frase viene en este momento como anillo al dedo.
