Las fotos son todas de Isabel Vidal Quirós, realizadas por Mintz
El post de hoy sobre Tierra de mujeres versa sobre la vida y la muerte, tan presente en el mundo rural. Una vida y una muerte totalmente distinta a la de las ciudades.

Escribe María Sánchez: “La indiferencia no existe en los pueblos. Aquí todos se conocen. Todos saben de lo bueno y de lo malo. Todos forman parte de las historias que se cuentan y de las que se quedan en casa. En un pueblo no puedes ser invisible, no puedes dejar de existir. Las vidas y muerte se suceden formas totalmente diferentes a como se dan paso las unas a las otras en la ciudad. Se convierten en una ceremonia que también pertenece al pueblo, la comunidad forma parte de ellas, se involucra, en una especie de celebración. Los habitantes hablan sin tapujos de los que nacen y los que mueren, contando todo tipo de detalles, haciéndonte partícipe de lo que sucede entre sus calles. Se habla de la muerte como de la lluvia y el frío, como se espera el buen tiempo. En los pueblos, a diferencia de  las ciudades, la muerte no se esconde. La muerte ensucia, alcanza las campanas y las puertas, deja su olor y su tacto en las habitaciones. Es un transeúnte más que camina por las calles, que reconoce y llama a todas las puertas de sus vecinos. Es un comensal más que se sienta ala mesa, que no come ni tira la servilleta al sentarse, que nunca repite pero que tampoco nunca se levanta, que siempre está ahí, callado, atento, presente.”


Escribe Carmen Moreno López: «Mi abuela era un gran sastre ella hacia pantalones y chaqueta para hombre y mi abuelo zapatero. pero mi abuelo se quedó ciego y hasta que mi padre no le arregla los papeles para vender cupones era mi abuela la que cosía para poder mantenerse. Mi abuelo era el primero en vender cupones eso sería por el año 58 o 60 yo cuando solía del colegio era el lazarillo de mi abuelo.


Mi abuela era una persona que yo la recuerdo un poco arisca pero a veces tenía sus golpes de humor le encantaba salir a casa de sus conocidos y yo con mi abuelo porque como ya te conté se queda ciego pero cuando vendía cupones ya empezó a ir la economía mejor y me daba de vez en cuando una peseta pero antes le tenía que llenar la tinaja de agua que había que traer con cubos de la fuente. Cuando ella murió ya mi padre vivía en Marbella y cuando llegó mi abuela murió pero mi tío le contó a mi padre la mecedora de mama esta en mi casa que decía mama que era para ti y la mecedora estaba llena de polilla y mi padre no la metió en la casa eso para tirar pero cuando empezó a romper estaba forrada de billetes de mil pesetas por delante y por detrás en total 60 mil pesetas de año 71 decía una esquela que había dentro si tu Juan no le arregla los papeles para los cupones no teníamos ni para comer pues entonces mi abuelo ganaba 29 duros diario y no había banco


Mi abuela al final se puso muy celosa y me decía cántale esto a tu abuela y se lo cantaba y me pegaba con la escoba y dice así una puta se murió y puso en su testamento que la enterraran de balde por los favores que había hecho»
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