Antonio Castellet Casas se quejaba en Facebook del mal estado en que se encontraban estos azulejos. “Los que conocéis La Yeguada seguramente os habréis fijado en una serie de azulejos que existen en “la portada” una de las vías de entrada al pueblo, y en un par de sus paredes, exactamente en la pared lateral del edifico de la escuela (hoy ayuntamiento) y justo en la pared de enfrente, donde muchos años estuvo el Bar El Troli, perteneciente a la familia Ríos, está el otro. Están absolutamente deteriorados por esa costumbre que tenemos en este país de no cuidar lo público, como si ello no nos perteneciera a todos sino sólo al que ideó ponerlo. Se han utilizado como diana en el juego siendo críos y casi me atrevería a decir que para dispararles con escopetas de “mixtos”. Pienso que son obras que habría que cuidar. En los últimos tiempos con la llegada de Izquierda Unida al ayuntamiento de Medina, he ido apreciando con agrado las mejoras en el pueblo, así que tal vez esto que ahora digo no caiga en saco roto. ¡Ojalá!”
Es un debate muy recurrente lo positivo o negativo que tienen las redes sociales. Uno que siempre ve la botella medio llena las utiliza como un instrumento más del optimismo de la voluntad. En base a una noticia aparecida en ellas voy a montar estos tres post, sobre los azulejos de la Yeguada, esos que tantas veces hemos visto y muy pocas hemos deparado en su origen, su contexto y su significación.
Siempre me han llamado la atención estos cuadros callejeros, pero la queja de Antonio me espoleó para investigar sobre estos azulejos. Todos los datos indican que los compró y mandó a poner José Suarez Orellana en 1934, el año de la creación de la Comunidad de Campesinos de Malcocinado. Los azulejos son de dos tipos, vistas panorámicas de Sevilla y episodios del Quijote, estos segundos son los que van a centrar mi atención. Son cuatro los azulejos relativos al Quijote. Dos están en la portada y otros dos; uno en la pared lateral del Ayuntamiento y otro enfrente en la casa de Benito.
De 1916 a 1936 se pusieron muy de moda en Sevilla los azulejos del Quijote. Durante los preparativos de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1919 y los momentos inmediatamente posteriores. Se trataba de fomentar el sentido nacional, dentro del clima regeneracionista dominante. España estaba mal, había que modernizarla, regenerarla y la educación y la cultura eran clave para ello. En ese contexto se pusieron en boga los azulejos relativos a escenas del Quijote, basada en las láminas de este realizadas por José Jiménez Aranda para la edición conmemorativo del tercer centenario de la publicación del libro , en 1905.
Fueron realizados con la técnica de la cuerda seca, técnica de origen árabe. Destacando dos características; su pequeña proporción y dimensiones y la vistosidad de su colorido. Se realizan, como aparecen firmados en ellos, en los talleres Triana, unos de los muchos que trabajaban la cerámica y la cuerda seca en el barrio sevillano.
José Suárez Orellana pensó que estos azulejos eran muy apropiados para colocarlos en las paredes y la entrada del poblado. Su carácter laico y su intencionalidad didáctica los contextualiza en este regeneracionismo republicano-socialista del que Suárez Orellana era tan partidario. Lo mismo que la escultura medieval románica y gótica tiene una clara intención pedagógica, las denominadas Biblias en piedra, estos azulejos son una clara apuesta por el mundo español, de la cultura y del conocimiento tomando como referencia la novela cumbre de la literatura española; El ingenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha.
Los azulejos no representan ni santos, ni vírgenes sino escenas de la novela cumbre de la historia de la literatura española. Los cuatros azulejos presentan, como decía Antonio Castellet, un deplorable estado de conservación, pero se puede hacer un esfuerzo y saber lo que narran. De esto trata el próximo post de esta serie.



