En las Algamitas, año 1955 aproximadamente
El post de hoy va sobre mujeres de antes, una que vivió en el campo, en el entorno de la sierra y otras en el pueblo. Escriben  Luisa Fernanda Sánchez Pérez Blanco y Juani Peña Romero .

Dice Luisa Fernanda: “La vida en los primeros cincuenta años del siglo XX en España no fue precisamente tranquila ni fácil y si eras mujer, las dificultades y las injusticias se multiplicaban y no digamos ya si te tocaba nacer en el mundo rural, en un pueblo del sur del sur de España. 
Nacer mujer significaba pasar directamente de la custodia del padre a la del marido y si no te casabas (como pasó con muchas mujeres de mi familia) y moría el padre, esa custodia pasaba al hermano varón mayor. 
La mujer no era considerada como persona libre, dueña de su vida y de sus decisiones. 
Y aún así lógicamente no era igual nacer en una familia de un cierto nivel económico ( terratenientes, pequeños industriales, médico, maestro…), que hacerlo en una familia más humilde. 
Algunas anécdotas que he podido recabar de estas mujeres nos hablan de machismo, de desigualdad, de sumisión de la mujer durante toda su vida a un hombre. 
Si a esto le sumamos un régimen como el franquista que supuso otro retroceso de la mujer respecto a derechos adquiridos con anterioridad, el panorama es desolador. 
Cuando existían varios hermanos, el acceso a la universidad estaba destinado sobre todo a los hombres, para las mujeres se reservaba enseñanzas consideradas femeninas como el bordado, corte y confección, la mecanografía y la música. 
Algunas anécdotas de mi entorno más cercano nos pueden ilustrar sobre la opresión que la mujer se veía obligada a soportar. 
Por ejemplo, según me cuenta una mujer cercana para ella casarse supuso una liberación en muchos aspectos, así, lo primero que hizo después de casarse fue comprarse unos pantalones, que a ella le encantaban y que para la mentalidad de su padre (y eran ya los años sesenta), no era una prenda adecuada ni decente. 
Esta misma mujer, cuando se fue de viaje de novios tuvo que llevar un papel firmado por el cura de aquellos años que certificaba que era una pareja casada para enseñarlo en el hotel en el que se alojaban.
En fin, anécdotas y circunstancias que nos pueden parecer de tiempos muy lejanos, pero sus protagonistas aun viven, así que podemos considerarlas lo suficientemente cercanas para darnos cuenta de que cualquier tiempo pasado en este caso, como en otros tantos, no siempre fue mejor».
En las Algámitas, década de los sesenta

Por su parte Juani Peña escribe: «Si alguien conoce bien como era la vida de una mujer en el mundo rural esa es, sin dudarlo, mi madre, Francisca Romero Gámez.
También en las Algámitas. Un fotógrafo pasaba por allí y
llevaba el vestido. Año 1955 aproximadamente


Nacida, hace ya 74 años, en Alcalá de los Gazules, ha pasado la mayor parte de su vida en el campo. Pasó su infancia en Las Algámitas, donde vivía con sus padres y sus cuatro hermanos menores. Aquí, siendo aún bastante pequeña, se ocupaba de sus hermanos y ayudaba en las labores del hogar (fregar, limpiar, cocinar, coser….) En estos años, en este entorno y durante la infancia no sólo se jugaba sino que, ya desde pequeña, la mujer adquiría el rol de ayudar en las labores del hogar. A pesar de estar ocupada en estos quehaceres  siempre encontraba tiempo para leer. Leía todo lo que caía en sus manos. Y a día de hoy lo sigue haciendo. Tal vez ésta haya sido siempre su vía de escape hacia un mundo que le fue vedado por el hecho de ser mujer, como a tantas otras. Me llama la atención como, en esos años y a pesar del aislamiento al que estaba sometida la gente del campo, mi madre pudo aprender a leer y escribir. Claro que, cuenta mi madre, entonces vivía más gente en el campo y entre ellos el maestro que los enseñaba. Y por lo mismo pudo acceder a la lectura de muchos libros, porque había alguien cerca que los tenía. 
En las Algámitas. Con una amiga. Ese día pasó el fotógrafo y decidieron disfrazarse de hombre. 

Con tan solo 20 años abandonó su casa en el campo para casarse y vivir en el que sería su hogar durante casi 40 años, la finca El Zapatero a tan solo unos kilómetros de distancia. Aquí ha cuidado de su marido y sus siete hijos, trabajando sin descanso, lavando la ropa a mano, sin luz eléctrica e incluso ayudando a veces con los animales. Aquí vivió hasta que mi padre se jubiló y vinieron a vivir a Benalup.
Se la hizo en un estudio fotografico. Para algun documento era. Tenia 18 años aproximadamente
Mi madre es una persona abierta, fuerte y luchadora. Apasionada de los libros, de las películas y del saber en general, que porta en sus huesos y en su alma las huellas de una  vida que no le perteneció en realidad. Porque cuando tienes siete hijos, vives en el campo y desempeñas un rol tan estereotipado como la mayoría de las mujeres de la época, no vives la vida que quieres, vives la vida que puedes».
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