El 13 de marzo, hace 20 días mal contados, estuve con los amigos en el bar programando el arroz con espárragos que nos íbamos a comer dos días después. Por la noche vino la debacle. Fue un viernes negro. Todo cambió cuando Pedro Sánchez declaró el estado de emergencia. Nadie se esperaba todas las consecuencias que iba a tener el coronavirus. Nos instaló en una triple crisis; sanitaria, económica y política.
Una sociedad acomodaticia como la nuestra que le encantan las certidumbres se llenó de su antónimo. Quién nos iba a decir que la famosa curva del coronavirus se iba a convertir en la prima de riesgo de esta crisis, que nos íbamos acostumbrar a estar más de veinte días sin ver a los amigos y tomarnos una copa con ellos, pese a que gracias a las nuevas tecnologías, en las que hemos dado un salto significativo en su utilización, estamos más juntos que nunca en época de aislamiento y confinamiento, que iban a limitar nuestros derechos de movilidad y sociabilidad real, que iba a cambiar todo en nuestra vida diaria, que la información iba a ser tan importantes y que el sistema sanitario, “el mejor del mundo” lo iban a poner patas arribas, poniendo de paso a los sanitarios de carne y hueso como héroes. Es lo que tiene lo imprevisible, que lo cambia y lo acelera todo. Allen Paulos dijo: “Nadie dijo en 1900: Ya solo faltan cinco años para que se descubra la teoría de la relatividad”. En esta mi tercera crónica del confinamiento quiero centrarme en los dos últimos apartados, la información y los sanitarios, adaptándolos a lo que veo en las redes de Benalup-Casas Viejas.
El alcalde, Antonio Cepero, ha escrito un post en Facebook quejándose de que la Junta de la Andalucía le impida dar datos a la población sobre la crisis. Ha tenido más de 500 me gustas, 350 comentarios y 150 veces compartido. No he visto todos los comentarios, he mirado más que leído, como se hace en internet, pero la inmensa mayoría son laudatorios hacía su postura y gestión. Si no es el record del Facebook local, tiene que estar dentro de los primeros. José, el médico jubilado, le ha escrito, también en facebook, una carta abierta al alcalde quejándose de los políticos, en general, y alabando el municipalismo. Ha tenido cerca de 250 me gustas, 100 comentarios y 150 veces compartido. Como me gusta llevar la contraria, voy a romper una lanza por los políticos. Es verdad que al gobierno actual le ha venido demasiado grande esta crisis, todo es improvisación, falta de previsión y decisiones que se cambian de un momento a otro. También es verdad que los recortes de la sanidad pública y las filias a la privada del anterior gobierno están en la raíz de que el bicho que ahora manda en el mundo haya puesto patas arriba a la sanidad pública española. Pero también es verdad, que todos somos animales políticos, sociales, que necesitamos relacionarnos, como está dejando clarísimo la maldita pandemia. Y que los políticos estatales si no existieran habría que inventarlos. Vale que fallan, pero quien no se equivoca en unas circunstancias tan estresantes como las actuales. Yo a veces contesto mal a mi compañera o le doy bromas pesadas a mi hijo, aunque luego las justifique diciendo que lo estoy pasando mal y que estoy cansando y harto de estar harto. Y me da por pensar si esto es tan difícil de llevar en el ámbito particular, mucho más será gestionar una crisis colectiva del tamaño de la que estamos sufriendo. Me da la impresión que todos los gobiernos del mundo están practicando la estrategia del ensayo y error. Estan aprendiendo sobre la marcha de los fallos y aciertos de ellos mismos y de los otros gobiernos. Es una situación nueva, imprevisible. Como en la decisión de Sophie los gobiernos se enfrentan a una difícil tesitura; salvar la salud pública o la economía. Aunque suene a buenismo barato, creo que es momento de remar juntos, ya vendrá la hora de sacar a pasear nuestras denuncias y protestas.
Otra cosa parecida me pasa con las críticas que abundan en el Facebook local sobre los comportamientos de algunas personas en esta crisis. Decía Mintz que” El control social en la Andalucía rural no se operaba por medio de regulaciones gubernamentales y supervisión policial, sino por medio de sanciones sociales a rumores y otras formas de crítica y censura públicas”. Leo que se critica a las personas que salen cuando está prohibido, que participan en fiestas, que utilizan el coche para cosas no imprescindibles, a las que critican al gobierno, a las que critican a la oposición o a las que opinan de lo que no saben. Aunque son redes sociales nuevas cumplen el papel de control social que tradicionalmente han tenido. Por un lado, siempre me ha gustado el espíritu crítico, por otro el libre albedrío, por eso este tipo de críticas me colocan en una posición contradictoria.
Aimara sube un vídeo donde demuestra
su buen humor característico.
Lo que más me gusta de lo que está generando esta crisis es la gran ola de solidaridad, creatividad, arte y humor que está despertando. hay jóvenes trabajando gratuitamente en epis, utilizando altas teconologías. La gente pide que pongamos canciones, recetas de cocina o que canten algun pasodoble carnavalero. Algunos de los vídeos que publico en este post demuestran esa tendencia a colgar cosas creadas en casa en las redes. No podemos salir, no podemos contactar con nuestros amigos y vecinos, pero si podemos ayudar y colaborar en crear un buen rollo, como se decía antiguamente. Y para eso están las redes sociales. Me parece también muy acertada la labor del ayuntamiento fomentado todo ello, como esta iniciativa de facilitar los cumpleaños a los niños pequeños con la colaboración de la policía municipal. Esta pandemia nos ha demostrado la utilidad de las redes sociales y la importancia que tiene la información. El gran error, de la erroneamente llamada gripe española de 1918 fue que no se informó adecuadamente de ella, como ha pretendido hacer en Inglaterra, EEUU o Brasil ahora. Esperemos que esta vez la verdad y la información que busca el bien colectivo, prevalezca sobre intereses oscuros e ideologías concretas que priman el individualismo.
Vídeo motivador de Manuel Jesús Casas Mateos
El segundo punto que quería abordar es el de los sanitarios. Leo en prensa que el índice de sanitarios contagiados por coronavirus en Andalucía es muy superior a la media nacional, pese a la menor incidencia de la pandemia en la comunidad. Mientras que en Andalucía el 22,3% de los infectados son sanitarios, en el conjunto de España el 13,6%, Italia 10% y China 4%. Dice el consejero de salud que a que a este colectivo se le han realizado un mayor número de test de coronavirus que al resto de los andaluces. Los sindicatos denuncian falta de equipos y medidas de protección para los trabajadores de la salud. Personalmente, me van a perdonar, que me incline más por la explicación de los trabajadores.
No obstante, siguen en primera línea del frente. En Casas Viejas la gripe de 1918 significó el enfrentamiento social definitivo de las clases populares con los médicos existentes. Mintz lo dejó escrito en los anarquistas de Casas Viejas: “El distanciamiento entre los campesinos y los médicos aumentó en 1918, cuando la epidemia mundial de gripe alcanzó España. La epidemia llegó a España en junio y, para noviembre, había alcanzado proporciones estremecedoras., y los médicos cerraron sus puertas, prohibiendo entrar a nadie y no permitiendo a sus sirvientes que salieran”. Por supuesto, que hay contextualizar la situación. La mortalidad (el 10% de la población, 200 sobre algo más de dos mil habitantes) de aquella pandemia no tiene nada que ver con la actual, ni las condiciones higiénicas, ni los conocimientos necesarios. También la extracción social. Mientras que a principio de siglo muy pocas personas podían estudiar medicina, hoy en día se ha generalizado. Ello explica que la inmensa mayoría de los sanitarios están dispuestos a correr los riesgos que haga falta para socorrer a su gente.
Paco el de la Cueva publica un magistral vídeo
sobre la alineación del equipo que va a ganar.
En B-CV hemos conocido que José Martínez Gracia, médico jubilado, ha pedido al colegio de médicos reincorporarse al servicio como voluntario. Preguntado por el hecho, me dice que es consciente de que pertenece por su edad a un grupo alto de riesgo, pero que siempre ha creído en la sanidad pública y lo sigue haciendo. Conozco muchos sanitarios que se la juegan todos los dias, siendo conscientes de de ello. Y la gente les está reconociendo esta valentía e implicación. Cuando pase esta pesadilla, como icono de ella nos quedará su himno, el resistiré del duo dinámico, y el aplauso de las ocho de la tarde. No hay datos de B-CV pero por lo que observo cada vez, somos más los que salimos a la puerta y los balcones a aplaudir la valentía de estos funcionarios públicos que trabajan en una condiciones sanitarias y laborales que dejan mucho que desear. A nivel nacional si hay datos. Según los aportados por Sociométrica a El Español el 2 de abril, constatan que se ha abierto una brecha entre la valoración de los ciudadanos de los profesionales del sistema, a los que puntúan de forma muy alta con un 9,4, y la de los responsables políticos, que (a excepción de los alcaldes) quedan en todos los casos por debajo del 5. Por otra parte, según Metroscopia todos los días salen un 50% de los españoles a aplaudir y que 9 de cada 10 opinan que los sanitaros españoles están preparados para afrontar esta pandemia. Esta crisis ha cambiado la percepción de muchas cosas, no solo la valoración de la sanidad pública, sino también el papel de las fuerzas de seguridad, de los funcionarios públicos imprescindibles para que todo, como su nombre indica, siga funcionando, el rol de las trabajadores del mundo de la alimentación, del orbe agrario, limpiadoras… y en definitiva todo un abanico de profesiones que antes no estaban bien consideradas. Si hasta los neoliberales piden que el gobierno intervenga. Está ganando lo público, lo colectivo y está disminuyendo su valoración lo privado, lo individual.
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Nayra Gomar nos cantá una canción de La oreja de Vangot, relativa a la situación que vivimos
Soy de los que opinan que cuando se acabe la crisis la situación no cambiará tanto como nos gustaría y no habremos aprendido de todo el esfuerzo que hemos realizado. Los platos rotos los tendrán que pagar los de siempre; los pobres y las clases medias, no nos acordaremos de Santa Barbara hasta que truena y la sanidad y la ciencia seguirán siendo considerados como parientes pobres. Los niños volverán a querer ser cuando sean mayores cantantes, futbolistas y personajes mediáticos que son los que más dinero ganan. El egoismo se impondrán sobre el colectivismo. La solidaridad dejará de estar bien vista y el buenismo será sinónimo de tontería. El capitalismo seguirá siendo el sistema que más riqueza genera y que más necesidades humanas cubre, aunque la mayoría no sean imprescindibles, cree grandes desigualdades sociales y provoque importantes impactos medioambientales. Pero, siempre amanece que no es poco, y podremos comprobar que lo importante es el camino, el proceso, no la meta, ni el final. Esta pandemia de la Covi-19 se convertirá en una anécdota que pasará de padres a hijos y nietos, quedará en el imaginario colectivo de la gente de Casas Viejas como aquel año que la gente se encerró en sus casas, utilizó profusamente las redes sociales y se salía todos los días a las ocho de la tarde a la puerta, las ventanas o los balcones a aplaudir al personal sanitario. O ¿no?
Me despido con un video para todos vosotros. A tu lado de Los Secretos


