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| Foto Jerome Mintz |
Mi amigo Juan Moreno de Paterna me manda un enlace a la Biblioteca Digital donde aparecen dos referencias a Casas Viejas del Diario de viaje a Andalucia y Portugal, hecho por don Francisco Pérez Bayer en 1782. Lo cita en su libro el libro de José Jurado Sánchez: «Caminos y Pueblos de Andalucía (S. XVIII)». Resultan unos documentos de gran valor históricos, pues nos va a permitir analizar aspectos como la creación de los tópicos sobre los andaluces, la existencia de una población dispersa en el sitio de Casas Viejas en torno a una ermita y un ventorillo. También como su excelente posición geoestratégica le permite las continuas relaciones con Gibraltar, para terminar relacionándolo con el brexit (¿Será por relacionar?)
La primera vez que el viajero visita Casas Viejas viene de Cádiz, pero previamente pasa por un Ventorrillo en el pie del cerro de Medina (¿El del carbón?. Lo cuenta de la siguiente forma:
«Jueves 5 septiembre 1782
Ese día temprano salí de Cadiz para el campo, comi en un Ventororrillo al pie del cerro en que esta la ciudad de Medina Sidonia seis leguas de Cadiz. No puede formarse idea de su infelicidad. Baste decir que comi al sol porque no hay sombra ni arbol en aquella vencidades, en el chozo no cavian las gentes en pie. Vi comer a unos miserables arrieros que conducían viveres al campo. Sacaron un hortero o cuenco grande de madera, llenaronle de agua turbia y cenagosa, echaron un poco sal otro poco de aceite y vinagre, sentaronse alrededor cada uno saca un pan y echo en aquel caldo una docena de migas y se pusieron a comer y este fue el principio el fin y postre de la comida, ni huevo agua ni menos vino hasta que alguno de los que miravan aquel espectáculo les hizo dar un trago y remojar, como ellos dijeron, la palabra. Yo bien creo que sea causa de esto la miseria de los pueblos de aquella vecindad y de casi toda la Andalucia, pero estoy en que tiene también su parte en ello la desidia, la flojedad e implutación y mas que todo la natural porcuna y cochinería con que se crian, viven y mueren sus naturales de lo que se llama vulgo inferior. Pues me aseguraron que lo que havia yo visto ni mas ni menos era su comida ordinaria de todo el año: que carne rara vez la comían y entonces era algún trozo de vaca mortecina».
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| Foto Jerome Mintz |
La descripción de este ventorrillo es muy significativa. La concepción peyorativa que tiene de Andalucía y de las clases humildes queda claramente manifiesta en el testimonio de este clérigo valenciano. No sólo en la descripción del chozo que hace las veces de ventorrillo, sino sobre todo cuando cuenta con todo lujo de detalles como unos arrieros se preparan un gazpacho con pan, agua, aceite y vinagre. No solo hiere la descripción de la comida, sino también las causas que apunta “desidia, flojedad e implutación” pero no de todos los andaluces, sino lo que el denomina “vulgo inferior”. Forma parte de la fijación de tópicos y esterotipos culturales que los viajeros del siglo XIX extendieron sobre Andalucía y que nos han llegado hasta la actualidad. Más que fijarse en causas estructurales como la injusta estructura de la propiedad lo hace en otras que afortunadamente hoy se ha demostrado que son totalmente inadecuadas para explicar los paisajes y la realidad andaluza.
Prosigue Francisco Pérez Bayer su viaje hasta Gibraltar y hace parada en el Ventorrillo de Casas Viejas «Por la tarde segui mi camino a una Hermita y chozos que se llaman Casas Viejas tres leguas de Medina Sidonia. Estava todo reducido de gentes. Fuen grandisima fortuna, hallar al cavo de una gran rato, sitio de fasto y no mas en que tender un colchoncito que viene conmigo. Tome chocolate por cena y vestido me envolví en mi capote y asi se paso la noche. Tenia yo junto a mi en otra camiza no mejor que la mia aun padre Dominico natural de Lima hijo de M Bonez uno de nuestros comandantes de Marina el cual me dijo que venia del Peru a ver a su padre a quien muchos años que no había visto digo tenido el consuelo de ver. Estaba algo enfermo de la constipación corriente y casi general. Dijome pensaba en pasar después a Madrid a la corte. Tuvimos un ratito de buena conversación de cama a cama, hasta que el cansancio mas que la comodidad con que estábamos (que era bien poca) nos hizo tomar el sueño».
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| Casas Viejas. Archivo del Diario de Cádiz |
Nos confirma que como nos apuntan las fuentes desde 1555 en el sitio de Casas Viejas hay una ermita y una venta. Se trata de dos equipamientos que demuestran la existencia de un poblamiento disperso y de una situación estratégica entre las dos bahías. En el siglo XVIII asistimos a la creación de la red de caminos que será la base de la actual red de carreteras. El precedente hay que buscarlo en las calzadas romanas, aquellas vías que el imperio construyó para la dominación y romanización de Hispania. Lo podemos ver en el relato de Pérez Bayer.
«Viernes 6 de Septiembre de 1782
Por la mañana salimos de Casas Viejas para el Puerto de Ogen que dista quatro leguas. Este Puerto es un monte mui vestido de encinas, alcornoques, robles y otros arboles, sin población ni casa sino un miserable chozo como el de Medina Sidonia, solo que en este hay muy buenas sombras».
El puerto de Ogen se encuentra en Los Barrios, a medio camino de lo que fue una antigua calzada romana que comunicaba la Bahía de Algeciras con la de Cádiz. Se ubica en pleno Parque de los Alcornocales. De aquí seguirá su viaje hasta Gibraltar donde asistirá al famoso cerco de la colonia británica. Pero esto será objeto de la próxima entrada de esta serie.