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La quinta sección del cómic está dedicada a los sucesos de Casas Viejas, obviamente al tener más trascendencia mediática y haber más escrito sobre ellas es la que tratan de una forma más pormenorizada, también es la que más páginas le dedican y en la que más impreciosiones existen, a modo de disculpa comentar que en los últimos 27 años se ha adelantado mucho sobre el tema
La primera página de la sección se la dedican Juan Moncayo y Manuel Saenz a la presentación de los mismos. Se habla del contexto de la Segunda República, de la lentitud de la Reforma Agraria, de la proclamación nacional de la huelga revolucionaria y su desigual seguimiento y como en Casas Viejas se proclamó la madrugada del 11 de enero el comunismo libertario.
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La madrugada del día 11 tiene lugar el primer acto de los sucesos. Una manifestación recorre la calle San Juan hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento (actual plaza del Pijo) donde queman los papeles de arbitrios como símbolo de la destrucción de la propiedad privada. Un grupo se dirige al alcalde pedáneo para que conmine a la Guardia Civil a que se entregue y otro corta el telégrafo y las carreteras. Como quiera que la Guardia Civil no se rinde, empieza el ataque al cuartel que constituirá el segundo acta de los sucesos. Por ahora el protagonismo lo tienen los campesinos, pero va a durar poco. En el asalto al cuartel caen mortalmente heridos el sargento Älvarez y el número García Chueca, en las primeras horas del 11 de enero.
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A las dos de la tarde llega de Medina el sargento Anarte (que estaba destinado en Alcalá de los Gazulez) con 12 guardias. Disparando indiscriminadamente muere un vecino Rafael Mateos Vela y dos más resultan heridos. Liberan a los guardias civiles, mientras que los campesinos insurrectos huyen al campo o se refugian en sus casas (pero nunca se amotinan en el caserón de Seisdedos). Luego llega sobre las 5 tarde el Teniente Artal con guardias de asalto y después el teniente García Castrillón con guardias civiles. Se disponen a detener a los culpables del asalto al cuartel, para lo que se dirigen al casarón de Seisdedos.
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Tras varios intentos de tomar el casarón de Seidedos Artal y Castrillón deciden dejarlo para la mañana siguiente. Pero la llegada del capitán Rojas cambia estos planes y da órdenes terminante para el incendio y toma del casarón. Se salvan María Silva y su primo Manuel García Franco, los nueve restantes mueren quemados o fusilados al intentar huir. El tercer acto de los sucesos, ya con protagonismo claro de las fuerzas de orden termina a las cuatro de la madrugada del día 12 de enero.
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De cuatro a siete de la mañana Rojas y sus hombres están en la pensión San Rafael que se ha convertido en el cuartel general de los guardias de asalto. En ese tiempo, incitado por convencimientos propios y argumentos de sectores locales, decide que el escarmiento ha sido escaso y decide ampliarlo. Para ello crea tres patrullas. Una se queda en la fábrica de la luz, las otras dos una irá por la calle Medina (hoy Independencia) y otra por la calle Nueva. Como los participantes en la revuelta han huido captura a catorce amigos y familiares en estas dos calles que eran el núcleo donde vivían los campesinos adscritos al sindicato anarquistas. Desde lo alto de calle Nueva, en lo que hoy son las pistas verde, con un silbato dirige las operaciones. La cuerda de presos contiene catorce prisioneros, algunos enfermos. Dos de ellos se les deja escapar, los otros doce mueren fusilados en la corraleta de Seisdedos donde han sido conducidos.
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La última página de esta sección es de una emotividad impresionante. Está dedicada a la trascendencia de estos hechos. En la primera viñeta se recoge el asesinato de María Silva Cruz, en la segunda, una de las mejores del cómic para mí, Manolo Sanz dibuja el monolito que colocaron la CNT-Andalucía en homenaje a las víctimas con motivo del 50 aniversario, con un precioso texto de Juan Moncayo que dice: » Los hijos de Seisdedos, Casas Viejas, Viznar, Alfacar, Blas Infante, Lorca… unieron sus destinos en un mismo camino». Poco tiempo después entre la desidia y la indiferencia el monolito desapareció de la Alameda para más tarde exiliarlo a la plaza de los jornaleros. La tercera viñeta bajo un precioso dibujo de Manuel Saenz aparece la lista de 16 de las víctimas, faltan doce. Las otros dos viñetas restantes son para sendas poesías. Juan Moncayo remata con esta frase: «Para que nuestros descendientes lean la verdad, contada por nosotros y sin rencor». En octubre de 2019 en Lebrija se representó una obra de teatro que versaba sobre los sucesos. Más de una docena de personas benalupenses fueron a verla; la decepción fue tremenda. Todavía predominaba la versión de que los malos eran los Seisdedos y los anarquistas, prueba impepinable, de que tenemos que seguir contando la verdad de los hechos.





