Mi amigo José Luis Gutiérrez  Molina suele investigar en el Archivo Histórico del Tribunal Militar Territorial Segundo, en Sevilla, cuando encuentra algo relacionado con Benalup-Casas Viejas me lo envía. En este caso ha dado con el sumario del secuestro de Eduardo Pérez Ruiz. Son más de 150 hojas. En una primera hojeada decidí hacer una serie sobre este secuestro pues intuí que el material era muy interesante, no por la persona que se trataba (abuelo de amigos míos de este pueblo), sino porque sirve de ejemplo del mundo del maquis y de la sierra de los años cuarenta.

Tengo la creencia de que los años cuarenta ha sido la peor época de la historia de España. La miseria económica y la represión política alcanzaron las mayores cotas posibles. Terminada la guerra civil, dominado el llano, Benalup de Sidonia, la montaña, la sierra fue refugio para los que no quisieron marcharse. Lo que hoy es el Parque de los Alcornocales y sus extensiones de la Sierra de Grazalema y la Serranía de Ronda se convirtió en una de las zonas con más actividad de maquis de toda España. Esta sierra se convirtió en una de las zonas de España con mayor presencia de maquis, de hecho, en Medina Sidonia se estableció el cuartel general de la Guardia Civil para la erradicación de este. La abrupta orografía permitía que se convirtiera en un amplio y dificultoso pasillo por el que transitaban y se escondían estos huidos y guerrilleros del implacable régimen franquista. Pero además de las razones físicas para explicar la importante presencia del maquis en esta zona tenemos que tener en cuenta el abundante número de perdedores de la zona y de los alrededores. El tercer factor es ideológico. El dominio tradicional del anarquismo como movimiento de masas en la zona a la cual se venía en busca de su posible apoyo. La estrategia del franquismo se basó en atacar este flanco para terminar con la guerrilla. 



Todo ello lo podremos ir analizando en profundidad sirviéndonos de este sumario del secuestro de Eduardo Pérez Ruiz, el cual vamos a dividir en dos partes plenamente diferenciadas. La primera la constituye el secuestro en sí, son las primeras 18 páginas. Podremos estudiar la diferencia que hay entre las fuentes orales y escritas a la hora de conocer un suceso, el hecho de que para sobrevivir los maquis necesitaban cubrir sus necesidades básicas, hecho que lo hacían a través de los secuestros a las personas que tenían propiedades y pidiendo comida a los que se encontraban en la sierra de carboneros. En esta primera parte nos podremos centrar también en la figura de los propietarios y de los encargados del cortijo. La  parte más interesante será cuando el propio Edudardo Pérez Ruiz cuenta como se desarrolló el secuestro y como lo pusieron en libertad.



Las 113 restantes versan sobre la detención de tres carboneros que habían dado comida a los maquis. Ellos nos servirá para analizar las difíciles relaciones de la gente que vivía en el campo con la Guardia Civil y con los maquis. Podremos analizar el papel de ambos y la evolución de los distintos protagonistas que aparecen en este sumario. En el libro El maquis en la provincia de Cádiz de Manuel Pérez Regordán aparece la siguiente información de este secuestro:”22 de febrero de 1948
En la finca “La Herrubrosa” fue secuestrado Eduardo Pérez Ruiz, al que exigieron que firmase una carta pidiendo a sus familiares la cantidad de 200.000 pesetas. Durante la redacción del documento y firma, observaron los guerrilleros la presencia inmediata de la Guardia Civil, por lo que dijeron al secuestrado:
Ahí está la Guardia Civil, por eso te vamos a dejar escapar, pero con el compromiso de que nos tienes que entregar el dinero exigido lo más pronto posible.
– Tratare de hacerlo en el término de tres meses
– Muy bien; hasta mayo tienes de plazo
El secuestrado se apartó del lugar y los guerrilleros se dispersaron en la maleza de la sierra, sin que la Guardia Civil, a pesar de haber estado tan cerca del lugar de los hechos, se diese cuenta de nada.
Cuando llegó el plazo fijado, Eduardo Pérez Ruiz se acercó con unos mulos a darle de beber en una fuente cercana a Benalup. Cuatro hombres armados se le acercaron para hablarle: eran los guerrilleros. Nunca se sabrá el contenido de aquella conversación porque, de la fuerte impresión que nuestro hombre llevó, le sobrevino una congestión cerebral que le impidió contarla, falleciendo a los ochos días. El no saber escribir y haber quedado privado del habla hicieron infructuosas todas las tentativas que sus familiares pusieron en práctica para enterarse de lo ocurrido”.



El estudio pormenorizado del sumario nos va a permitir comprobar que los hechos no se desarrollaron, estrictamente, de la forma en que las fuentes orales se lo contaron a Manuel Pérez Regordán. En la próxima entrada nos centraremos en la denuncia del secuestro por parte del hijo de Eduardo; Luis Pérez Torres.
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