En la anterior entrada vimos como a Manuel Pérez Regordán las fuentes orales le dicen que el secuestro de Eduardo Pérez Ruiz no llegó a consumarse.
”22 de febrero de 1948
En la finca “La Herrubrosa” fue secuestrado Eduardo Pérez Ruiz, al que exigieron que firmase una carta pidiendo a sus familiares la cantidad de 200.000 pesetas. Durante la redacción del documento y firma, observaron los guerrilleros la presencia inmediata de la Guardia Civil, por lo que dijeron al secuestrado:
Ahí está la Guardia Civil, por eso te vamos a dejar escapar, pero con el compromiso de que nos tienes que entregar el dinero exigido lo más pronto posible.
– Tratare de hacerlo en el término de tres meses
– Muy bien; hasta mayo tienes de plazo
El secuestrado se apartó del lugar y los guerrilleros se dispersaron en la maleza de la sierra, sin que la Guardia Civil, a pesar de haber estado tan cerca del lugar de los hechos, se diese cuenta de nada».
La primera diligencia del sumario de este secuestro es la denuncia de él que hace su hijo Luis y demuestra que dicho secuestro si llegó a materializarse. Denuncia el hecho del secuestro y habla de la existencia de un documento donde piden el dinero para el rescate y el itinerario que deben seguir para entregarlo. Así como relata el papel del encargado de la finca. Don Manuel Marín Galindo que hace las funciones de comandante de puesto del cuartel de la Guardia Civil de Benalup de Sidonia escribe lo siguiente: “Que a las veintitrés horas de ayer veinticinco de febrero de mi novecientos cuarenta y ocho, se presentó en esta Casa Cuartelel el natural y vecino de esta Aldea, Luis Pérez Torres, de veintiocho años de edad, soltero, con domicilio en la calle San Juan sin número, denunciando, que hacia un momento y por medio de un encargado que tienen en su finca denominada La Rejumbrosa, enclavada en el término municipal de Medina Sidonia, habían recibido un escrito firmado por su padre Eduardo Pérez Ruiz, que a la razón se encontraba en dicho caserío comunicándole haber sido secuestrado por cinco hombres armados y en cuyo documento suscrito por los bandoleros y firmado por su padre exigían la cantidad de doscientas mil pesetas, marcando el itinerario por donde, había de pasar la persona que las condujese.
Que el encargado que tienen en la finca y que ha sido el portador de dicho escrito, se llama Manuel Mateo Estudillo, el que solamente les había dicho que él nada sabía pues al regresar con las cabras al cortijo lo llamaron los bandoleros entregándole el documento para que sin pérdida de tiempo lo entregase en su destino, sin haberles dado más datos que dos de ellos le obligaron a que les diera entrada en la casa para recoger alguna (palabra ilegible), y como de momento no puede decir, lo pone en conocimiento de la Guardia Civil, a fin de que sean tomadas las precauciones convenientes ya que dan en el documento enviado dos días de plazo para la entrega de la cantidad exigida, que el portador del citado documento marchó seguidamente al Cortijo para ver lo que había pasado ya que este tiene allí sus familiares, por lo que no pudiendo dar detalle, firma esta diligencia a las dos horas del día veintitrés de febrero del año al principio citado en unión del Brigada que le atiende y certifica”. Firmado por Manuel Marín Galindo y Luis Pérez».
En Casas Viejas no hubo guerra civil. El pueblo estuvo dominado desde el 18 de julio de 1936 por los sublevados. Pero debido a sus características orográficas la sierra se va a convertir en el refugio de aquellos que se negaban a someterse al nuevo poder resultante de la guerra civil. El estado controlaba los pueblos y las ciudades, pero no el campo. Va a ser la sierra el campo de batalla donde los maquis y la guardia civil diriman su conflicto. Las personas que vivían allí, en medio de los dos frentes, como veremos a lo largo de estos post, salen altamente perjudicados. Esta guerra, “que no se acaba nunca” tuvo grandes consecuencias negativas para la población que vivía en el campo, que se vio en medio del fuego cruzado de ambos bandos. Este sumario de Eduardo Pérez Ruiz lo hemos dividido en dos parte, en la primera veremos el secuestro de un propietario que tenía un cortijo en la Herrumbrosa y en la segunda el encarcelamiento de tres carboneros, que simplemente tenían permiso para hacer carbón y vivían en un choza en Zanona. Los rancheros de la sierra sufrieron gravemente este conflicto, pues sufrieron la extorsión y los secuestros de los maquis. Parece claro por tanto que la sierra de Benalup se convirtió en un lugar altamente conflictivo durante la postguerra por la presencia de muchos maquis. El gran problema para estos huidos de la sierra, era la supervivencia diaria. En un principio contaron con la colaboración de la población rural. Pero el aislamiento y la presión de la Guardia Civil hacen que pasen a otras formas de financiación. Entonces menudean los robos, los atracos, las extorsiones y los secuestros. Para los maquis el secuestro se convirtió en la forma habitual para obtener dinero. Ellos lo argumentaban diciendo que lo necesitaban para armamento, material sanitario, propaganda, luchar contra Franco o socorrer a las familias de los republicanos. Estos maquis necesitan bastante dinero para financiar la compra de armamento, con lo que se prodigan los secuestros, con una frecuencia superior al resto de España.
Como dice Luz Mª Perea: “Aunque, generalmente, sólo recurrían a ellos en caso de necesidad, ya que conllevaban riesgos personales y políticos importantes: en primer lugar, porque ponían en peligro la vida de los hombres de la guerrilla; y porque esos golpes podrían provocar que la población se pusiera en su contra. Los guerrilleros gaditanos insistieron en los secuestros como medio de financiación, método que se aplicó con una frecuencia desconocida en otras agrupaciones”. Fueron muchos los secuestros que hubo en esta zona, casi todos relacionados con los hombres de Bernabé López Calle, ya que los maquis locales no recurrieron a esta práctica. Hubo un total 71 secuestros según Jesús Núñez en la provincia de Cádiz, la mayoría en esta zona. La familia de Eduardo Pérez Ruiz sufrió en tres años tres secuestros. El primero resultó fallido el 3 de marzo de 1945. El tercero lo cuenta Pérez Regordán de esta forma: Marzo de 1948
También en la finca “La Herrumbrosa” secuestraron a Miguel Pérez Torres, hijo del anterior, al que exigieron 100.000 pesetas de las que su padre entregó 90.000. Estuvo secuestrado dos días y nos contó que le trataron bien. En la actualidad vive en Barcelona.
Solo reconoció entre sus secuestradores a “Garnacha”. En realidad al que querían secuestrar los guerrilleros era a su hermano Luis, que padecía un fuerte catarro, por lo que Miguel, voluntariamente, se cambió por él”. El segundo el 22 de febrero de 1948 es el que hemos tenido acceso a su sumario gracias a José Luis Gutiérrez Molina y en el que estamos profundizando.


