Es el treceavo artículo anunciando que este blog se toma unas merecidas vacaciones. Como es habitual, voy a aprovechar el post de despedida para reflexionar sobre el comportamiento de blogs y redes sociales a lo largo del presente curso ya a punto de cerrar. Todas las temporadas tienen su aquel pero, indudablemente, para nuestra generación, el año 2020 es y será por mucho tiempo el del coronavirus.

A nivel concreto nuestro blog se ha centrado más en cuestiones propias (la historia) ya que las generales del pueblo están siendo magníficamente informadas por ese medio de hermoso nombre: La Libertaria Información. A nivel general, desde mi punto de vista, seguimos bajo el síndrome de FOMO o miedo a perdernos algo y ello nos lleva a  sumergirnos en las redes sociales. 


Siempre me ha parecido raro que la «fiesta» oficial del pueblo sea después de su celebración, que se utilice para descansar (lo que comunmente conocemos con el nombre de «resaca»). Hoy es festividad local de una feria que no ha existido, que nos han robado incluso en su versión reducida. Este virus nos quitó el mes de abril (antes el de marzo), el de mayo, junio, julio y lo que te rondaré morena. Aunque no soy  partidario de matar al mensajero, las redes sociales han tenido un protagonismo especial en la situación actual. Todo el mundo, es un escribir, opina sobre ello dependiendo de los intereses que mantenga: hay personas mayores que defienden el confinamiento absoluto, también jóvenes respaldando lo contrario; los hay, aunque no opinen, que necesitan aire para vivir-comer, asimismo, otros  dejarían al personal a pan y agua. Todos conocemos a alguien que se asemeja a Boadella en Purgando Populus o a Diógenes cuando todo lo que le pidió a Alejandro Magno fue que se apartara porque le estaba quitando el sol. Existen los que opinan que los peligros de la libertad se combaten con más libertad y otros, dando más caña al mono. Entre salud y economía la gente busca el equilibrio pero este, como el “punto g” es difícil de encontrar, es complicado hallar ese contrapeso que contente a todos. Cada uno tenemos nuestra receta particular dependiendo de los intereses concretos que defendamos. Creo que la palabra clave en este tema es EL INTERÉS. Para entender el verdadero sentido de muchas intervenciones hay que tener claro cuál es el interés que subyace tras ellas.

Interés es un término polisémico con significados peyorativos y elogiosos.  Dice el diccionario: interés es el provecho o bien buscado. Viene del latín “interesse” que quiere decir importar. En ese sentido nos importa la gente que queremos, compartimos cosas entre gente afín, nos levantamos todos los días buscando lo que nos importa, nuestro interés. Por tanto, los intereses (como los conflictos) son buenos, lo que hace falta es saber resolver sus consecuencias. Responden al sencillo instinto de supervivencia.  Conflictos e intereses aparecen porque nos socializamos, por la imperiosa necesidad de relacionarnos. El otro día alguien me preguntaba por qué hacía sin ánimo de lucro tal actividad si “nadie daba seis pesetas por un duro”. Pensé que además del interés económico existen otros intereses: sociales, culturales, sanitarios, políticos, psicológicos,… Concretamente, muchos de mis actos están guiados por esa imperiosa necesidad que tiene el ser humano de ser querido. Y yo, como otra mucha gente, he encontrado en las redes sociales un lugar ideal para darle rienda suelta a nuestros intereses. Por eso llevo trece años con este blog y pretendo seguir los que la vida y los que leen esto quieran. 


Pero, como todo el monte no es orégano, todo lo que se haga por interés tampoco vale. Cuando el interés colectivo es pisoteado por el individual o privado, debe ponerse en cuarentena (palabra muy de moda). Cuando el interés partidista, sectáreo, oscuro  y doctrinario se impone a la transparencia y claridad, también hay que ponerlo en confinamiento. Desde el principio de la presente pandemia, teníamos claro que en tiempos de crisis las personas somos capaces de sacar lo peor y  lo mejor de nosotros. Nos encantaba que la gente fuera solidaria, aplaudiera en los balcones, extrajera la creatividad del fondo de los armarios; en definitiva, ofreciera su parte más positiva. También sabíamos que eran tiempos propicios para fake news, bulos, manipulaciones, demagogia,…, para aprovecharse del clima de incertidumbre reinante y así conseguir objetivos menos confesables. Todos sabemos que no hay nada que se contagie más rápido que el miedo y de vez en cuando vemos cómo los que deberían actuar de bomberos, en las mochilas llevan gasolina en vez de agua. 


En aras a la verdad, tengo claro que no todos los políticos son demagogos y que todos los demagogos no son políticos; también,  que a los políticos, como a los sanitarios, docentes o albañiles, si no existieran habría que inventarlos. Escrito lo cual, añado al debate el papel de las redes sociales. Las RRSS permiten sumar a la controversia la opinión de todo el que tenga algo que decir. Para participar en la discusión pública no hace falta ningún requisito de edad, género, nivel económico, de estudios, cultural, de ideología, raza, religión,… sólo y exclusivamente uno: querer participar. Siempre me ha parecido que es una evolución lógica de la libertad de expresión y de la participación democrática, aunque entiendo, pero no comparto, la opinión de aquellos puristas que se rasgan las vestiduras porque todo tipo de gente pueda opinar de todo, jugando así las RRSS el papel de altavoces divulgadores de distintos pensamientos . Si hasta tiene un nombre científico: ”El efecto  Dunning-Kruger» (cuanto menos sabemos, más creemos saber”). No suelo participar en el foro-debate de B-CV pero me encanta leer todo lo que allí se expone; cuando hay algo que intuyo que no me va a interesar, paso a lo siguiente. De eso va internet, de mirar lo que te interese.



Concluyendo, entiendo muy peligrosa la actitud de aquellos que utilizan las redes sociales para sacar ganancias personales enrevesadas en río revuelto. Parafraseo el siguiente refrán: «Dios me aparte de los libremanipuladores que de los libreopinadores ya lo hago yo».  Porque esos mismos que esgrimen el arma del elitismo para quejarse de la maldad y la estupidez que inundan las redes sociales, son los primeros que utilizan esas mismas para conseguir objetivos concretos, poco transparentes, muy sibilinos y siempre parapetados en una intocable libertad de expresión (quedando lo del Dunning-Kruger para otra ocasión, que ya sabemos que la pintan calva); máxime cuando en estos casos el efecto mariposa se reactiva rápidamente (el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tornado). Esta semana ha sido en B-CV de infarto: lo que empezó por una simple suspensión de un acto, cabe el riesgo de terminar con toda la planificación cultural de un verano o de algo más amplio. Por eso escribía que en el interés está la clave.


En este mundo complejo y peligroso nos movemos aquellos a los que nos gusta participar en las redes sociales. Tenemos que saber la cera con la que arde esto y tener en cuenta una verdad insoslayable: «somos esclavos de lo que escribimos y amos de lo que callamos». Os espero en este blog el 1 de septiembre. Buen lo que queda del verano. Mientras tanto, nos seguimos viendo en los bares… si nos dejan. 


P.D.- Como este año ha sido tan raro, a modo de epílogo, mañana publico un último post sorpresa. Os va a gustar, estoy seguro. Tan de sorpresa que, cuando escribo esto, todavía no lo he leído. 
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