Salamanca es una de mis ciudades preferidas, siempre que puedo busco la excusa para parar en ella. Visitar la universidad, las dos catedrales, buscar la famosa rana, que siempre la encuentro, pasear por el casco antiguo o por el curso del Tormes… También para Salamanca sigue siendo cierto eso de que mucho veces ponemos la excusa de los monumentos a ver cuando lo que buscamos es el viaje gastronómico.

Dice Eslava Galán sobre ella en 1000 lugares de España que deberías visitar alguna vez: «A la caída de la tarde, cuando el sol poniente dora sus piedras, Salamanca refulge con un resplandor de oro viejo y el viajero transita por sus calles, esta vez solo, rumiando memorias. El viajero guardo muy buenos recuerdos de Salamanca, en cuya universidad de verano fue estudiante y, más adelante, conferenciante. Recuerda un paseo con Arturo Pérez Reverte y Juan Manuel de Prada desde la plaza Mayor a la ribera opuesta del Tormes (por cierto, el mismo camino que antaño hacían las putas cuando las obligaban a abandonar la ciudad por Semana Santa). Soplaba un vientiecillo cálido con efluvios de trigo y ribera sobre el puente romano y ellos charlaban de mujeres y de literatura ¿de qué si no? Naturalmente, se detuvieron ante el verraco de piedras sobre el que el ciego descalabró cruelmente al ingenuo Lazarillo en los comienzos mismo de la literatura española. 



Recuerda el viajero otro paseo con Torrente Ballester, viejo y miope, las manos a la espalda unamunianamente, por la plaza Mayor, Comenzaron hablando de las letras de los tangos, de ello pasaron a la copla española, los deliciosos sonetos cantables de Rafael de León, de la literatura improvisada que las coplas contienen y fatalmente terminaron hablando de cuanto ellas pueden tener de hospitalario, ¿de que si no? Mirando una fotografía de la modelo Claudia Schiffer en un escaparate, el sabio gallego alababa las excelencias del vino viejo sobre la insulsez del mosto. “Con una joven, cuando acabas, ¿de qué hablas?


Tiene Salamanca una de las universidades más antiguas y prestigiosas de Europa (1218) que fue, durante siglos, vivero de sabios y talentos. Baste cityar a Beatriz Galindo, “la Latina” (la primera universidad del mundo), fray Luis de León (decíamos ayer), Francisco de Vitoria (fundador del Derecho de gentes) y a Unamuno. Esta riqueza intelectual engendró un dicho tan devastador como exacto. Quod natura non dat, Salamantica non praestat (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta”) o sea: el que es torpe de natural no se arregla aunque acuda a las aulas de Salamanca…


Pocas ciudades del mundo pueden como Salamanca, presumir de dos catedrales, la vieja y la nueva. En pocas diócesis del mundo puede el prelado presumir de dos marcos incomparables donde sentar su cátedra y predicar la Verdad al mundo mundial. La catedral de Salamanca son dos catedrales siamesas, con un muro en común: la Catedral Viejas (siglo XII-XIII) y la Nueva (siglo XVI). ¿Por qué hicieron la nueva si ya tenían la vieja? Porque ampliaban el negocio (salvífico) y los antiguos locales no daban ya abasto para atender dignamente a tanta feligresía. ¡Ojalá hubieran seguido ese ejemplo en el resto de las ciudades españolas, las que demolieron edificios románicos o góticos porque el gusto de la época iba por otros caminos! Ahora tendríamos doble patrimonio….


Miguel de Unamuno, que fue catedrático de griego y rector de la Universidad de Salamanca, está muy unido a la ciudad y a su entorno. En la casona barroca del siglo XVIII sita en la calle Libreros que don Miguel habitó cuando era rector se ha habilitado un museo en el que podemos adivinar que vivía modestamente… Por cierto, en la Universidad se conserva también el aula donde supuestamente dio fray Luis de León su primera clase tras años de retiro forzoso, la que comenzó: “Decíamos ayer”. Los pupitres no pueden ser más incómodos, un palo para sentarse y otro para tomar apuntes. Nada que ver con estos tiempos de fracaso escolar».



Dos aspectos quiero resaltar de Salamanca y los dos están relacionados con las relaciones de poder, un tema que tanto me apasiona. El primero es la famosa anécdota de la inauguración del curso universitario de 1936 cuando Millan Astraid gritó Viva la Muerte y Unamuno le contestó que ganarían porque tenían las fuerza, pero no convencerían porque le faltaba la razón. La he utilizado muchas veces, porque estoy convencido de que es mucho más saludable convencer que ganar. La gran película de Amenaba Mientras dure la guerra va de ello. 


La segunda es una excursión nocturna que hicimos por las azoteas de las catedrales de Salamanca. No he estado en mi vida en un itinerario donde haya disfrutado más con las explicaciones que nos daban.  La tesis es que la ciudad se construyó en una lucha constante entre la universidad y la iglesia y que el poder se demostraba construyendo las edificaciones más altas. Si una institución hacía una torre, la otra contestaba con otra más grande, por eso la línea del cielo de Salamanca está dominada por los edificios de esas dos instituciones. Desde la altura no solo se contempla el paisaje urbano y rústico de forma más bella, sino que se le añade esa sensación de dominación del mundo, de poder. 


En Benalup-Casas Viejas la línea del cielo (o el sky line) siempre ha estado dominado por la iglesia. Esta y las casas de los propietarios es lo único  que ha quedado del origen del pueblo. De hecho es muy conocida la queja de Blas Infante sobre que estos estuvieran construyendo una obra tan faraónica como la iglesia, mientras los campesinos vivían míseramente en chozas y casarones, de los cuales no hay vestigio alguno. En el 2009 el 22 de Abril salió un cupón de la ONCE dedicado a Benalup-Casas Viejas, la fotografía que lo ilustraba no era ni la Iglesia, ni la Morita o una vista general, sino que se optó por el teatro y su plaza. Ese cupón siempre me recordó la lucha ancestral entre el poder civil y religioso que ha marcado la historia de la humanidad, que es el hilo argumental del libro Los pilares de la tierra. Con sus dimes y diretes en Salamanca siempre han convivido los dos, porque la universidad de esta ciudad es mucha universidad, aunque no sea capaz de darte lo que la naturaleza no te aporta, que dicho sea de paso lo dudo, porque hay quien gana porque tiene la fuerza, aunque no convenza porque no tiene la razón. Pero otras veces, la razón se impone a la fuerza. Así debería ser siempre.
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