Casas Viejas tiene entidad de ciudad, a escala de pueblo. He dicho esto varias veces, incluso en este blog y aun y a riesgo de resultar pesada, me reitero, porque creo que es el privilegio más grande que tenéis los que aquí vivís. Y sé que sois conscientes de ello, lo cual lo hace más grande.

Yo recalé por aquí hace ya algunos años, cuando vine a visitar a mi querida María Orellana, medio hermana de vida. Ella, que siempre había sido una fuerza de la naturaleza, inquieta, sensible e imparable, se venía a un rinconcito de Cádiz, que ninguno de sus amigos conocíamos. Y sabíamos que la había traído hasta aquí el amor, pero ella no es ni de encerrarse, ni de parar y no comprendíamos por qué parecía haber encontrado aquí su sitio. Esas son las cosas pensamos los que venimos de sitios más grandes y no podemos estar más equivocados.


Cuando llegué a verla y realmente cada vez que llego, la sensación es la de que se abren continuamente puertas, unas detrás de otras. Y hay gente cálida que ofrece, paisajes maravillosos, buena comida, siempre en buena compañía y sobre todo momentos. Los que se buscan y los que se encuentran. Momentos que no pertenecen más que a un tiempo que parece estirarse y que te llevas cuando vuelves a casa. Y hablo en plural porque sé que les pasa a todos los que venimos de fuera.


Mucho tiempo estuve pensando qué es eso que tiene Benalup, (aunque lo prefiero como Casas Viejas) y llegué a la conclusión de que es un sitio donde su gente ha sabido conjugar las ventajas que puede ofrecer cualquier comunidad con infraestructura, sobre todo a nivel cultural, manteniendo la calidez y cercanía de un pueblo, donde todos se conocen y se acompañan. Y cuando he dicho esto más de uno ha dicho, pero tú vienes de Sevilla, allí la oferta es mayor, hay más cosas que hacer. Cierto. Pero la velocidad es otra. 


Y la distancia también. La física y la humana. Y al final el ritmo de vida no te permite acceder a todo lo que se te ofrece. Y terminas en un círculo mucho más cerrado. Mis hijos dicen que Benalup es la Ciudad de los Niños. Porque se sienten libres e integrados en un espacio hecho también a su medida. Aquí no hay distancia, más que la que quieras caminar por toda esta naturaleza; no hay etiquetas ni impostura. Se es y se está. Y no se para nunca de hacer cosas. 


Un paseo por el campo guiado por Salus para descubrir historia y naturaleza o la presentación de un libro en el Tato, maratones de fútbol infantil o un carnaval de primera. Desde una pequeña reunión en donde Ricardo a una fiesta con todo el pueblo, todo aquí es un evento que se disfruta y comparte.


Para mí es todo un lujo, y me siento afortunada cuando de vez en cuando me escapo a este rincón del mundo a buscar cosas, y me encuentro muchas más.
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