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| El matrimonio José Guillén e Isabel Benítez. El padre del primero era de Guaro. |
La presencia de estos sopacas o segadores malagueños hay que estudiarla dentro de las relaciones de complementariedad que se establecieron entre la sierra malagueña y gaditana con la campiña jandeña, entre el minifundio vinícola típico de la primera zona y el latifundio cerealístico de la segunda. Junto con la proletarización de los campesinos, junto con la aparición de los jornaleros como clase social, la llegada de trabajadores foráneos para trabajar por la época de la recolección constituye otra característica del sistema latifundista de tenencia y explotación de la tierra en la zona.
Como el fenómeno fue tan persistente y continuo, muchos de esos segadores se quedaban, por distintos motivos, a vivir en la comarca. Pepe Pareja se lo dice a Mintz:
J.M.- En el pasado se dice que en el 31 había muchos hombres que venían de fuera
P.P.- En el 31 y en el 20 y en el 15 todo eso, mientras más para atrás más venían del exterior. A trabajar aquí, centenares de personas de la provincia de Málaga, para trabajar aquí».
También, lo cuenta Agustín Coca muy expresivamente en frase de uno de sus informantes: “Vinieron muchos jornaleros procedentes de los pueblos de las campiñas vecinas y de la Serranía de Ronda que tras emplearse como temporeros en la recolección del trigo, pasaban a ser carboneros, quedándose definitivamente en el pueblo…”
Pero las causas económicas en exclusividad no nos sirve para explicar la formación del pueblo, hay que añadirle otro de tipo político. Hay que entender que en el siglo XIX la represión en los viejos pueblos andaluces creaba muchos conflictos. Los pueblos nuevos, como Casas Viejas se presentaban como una perfecta oportunidad para iniciar nueva vida y borrar u olvidar un pasado doloroso. Ese fue el caso de Alonso Padilla, de Campillos, que se establece en las Gargantillas huyendo de delitos políticos o la familia Guillén que tras una trifulca mortal en la campiña sevillana, deciden establecerse definitivamente en Casas Viejas.
La siega era una actividad dura y difícil. La recolección se realizaba a mano debiéndose hacerse en el menor tiempo posible, al mismo tiempo que se escalonaban cronológicamente según zonas. Ello permite la contratación de segadores malagueños que van recorriendo la comarca de mayo a octubre. El 3 de Mayo llegaban para segar las habas (algunos se habían adelantado para escardar los garbanzos), después la cebada, el trigo y por último los garbanzos. Estos forasteros o sopacas alteran las condiciones laborales de la zona, ya que su organización en cuadrillas y su carácter familiar permiten contratar destajos más baratos o/y pactar condiciones laborales menos favorables para los trabajadores y más para los propietarios que las que imperaban en la zona, con lo que los conflictos con los jornaleros locales son frecuentes. Los problemas con la gente del pueblo eran frecuentes. Tenían fama de fulleros en el trabajo. Andrajasos, garrapatosos, mangurrinos se les llama en otro lugar. Las peleas eran frecuentes, recordaba Pancho el viejo como a un segador le cortaron la oreja en una refriega, por ejemplo. Los cortijos en los que trabajaban eran en la Haba, Tahivilla, Mancha, La Zarzuela, Cortijo el moro chico y grande, Majaverde, Arremaeros, Alcantara, Palmosa… «Llegando los sopacas los señoritos no daban trabajo, pues estos cobraban los destajos a mitad de precio que nosotros” Dijo Pancho viejo. Antonio Miguel Bernal lo explica técnicamente “La burguesía terrateniente favoreció siempre la presencia de forasteros por lo que entendían era un ejemplo didáctico social para las organizaciones obreras locales aparte de que podían establecer entre ellos más fácilmente las condiciones de trabajo y tipo de remuneración”.
En este documento que recoge una noticia del Diario de Cádiz del 24 de mayo de 1915 se ve muy clara la relación entre las huelgas obreras que se declaraban por esa época y la llegada de los Sopacas. Así, al mismo tiempo que los jornaleros de Medina y Casas Viejas convocan la huelga, los empresarios contratan a los malagueños: “Procedentes de diversos pueblos de la provincia de Málaga llegaron a esta campiña, como en años anteriores, más de 200 obreros agricultores, con el objeto de hacer la siega de las mieses en compañía de los de este término…Nuestra enhorabuena a los malagueños, haciéndola extensiva a los labradores de estos pueblos vecinos y en particular a los de esta ciudad por la fructífera recolección que esperan tener”.

