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| Acuarela. Casares |
Son tres, habrá más, las relaciones de Casares con Casas Viejas. La primera, hay una familia los Lago que tienen el apodo de Casares. Aunque nacieron en Juzcar, se fueron a vivir a Casares, de ahí emigraron como otros muchos sopacas a Casas Viejas y aquí se les conocía con ese apodo toponímico. Continúan en la actualidad. Dicen fuentes familiares que incluso las cartas que llegaban a la casa lo hacían con el apodo de «Casares» en la dirección. La segunda tiene que ver con Blas Infante y la tercera con el modelo turístico, de los cuales hablaremos posteriormente.
Dice Eslava Galán sobre Casares: “Cuando un fotógrafo conocedor del oficio tiene que hacer un reportaje que exprese la belleza mediteránea de los pueblos costeros no se lo piensa dos veces y se va a Casares, el pueblo que aparece recurrente en los carteles turísticos de la región. Casares, encaramado sobre un cerro de la Sierra Bermeja, despliega su rotunda tesis de cal inmaculada y tejas rosadas por sus hermosos y tranquilos rincones. El propio pueblo con su paisajes es su monumento. El otro atractivo es la artesanía (esparto, bordados, talla de madera, colgantitos de plata, cosas así)
Antiguamente, pueblos como Casares abundaban en la costa mediterránea, pero desgraciadamente la inmensa mayoría son solo recuerdo porque el desarrollo turístico incontrolado, o sea, la codicia sin brida, los ha envilecido. No diremos nombres, pero los viajeros que busquen el feísmo y lo kitsch tiene amplia cantera en nuestras costas. ¿ Quién no ha regresado a un pueblo después de muchos años de ausencia para descubrir que las casitas ayer encaladas y modestas se han convertido en chillonas y pretenciosas, con fachadas alicatadas hasta el techo con azulejos de cuarto de baño. En muchos pueblos españoles antaño entrañables, en cuanto el indígena se ve con dos euros en el bolsillo lo primero que hace es alicatar la casa hasta el tejado con azulejos de colorines, que destaquen más que los de la vecina, y sustituir la noble puerta de madera de hoja entera o de cuarterones por otra de hierro con barras de tubo y contraventana de aluminio. Muchos niños han pasado del pie descalzo a los zapatos del astronauta que cuestan un riñón; los mozos suben las cuestas como bólidos sobre motos fórmula uno atronando el vecindario y molestando a las amas de casa que, en boatiné y pantuflas de borla, siguen con recogimiento sacramental la telenovela nuestra de cada día en la pantalla gigante de plasma. Casares se libra de esto. Todavía”.
Después de los sucesos de Casas Viejas alguien del gobierno de la nación solicitó a Blas Infante que fuera a Casas Viejas a observar lo que había ocurrido. De un arriate de la corraleta de Seisdedos se llevo un rosal que lo sembró en la Casa de la Alegría en Coria. Las rosas se esperaban rosas, pero brotaron blancas. Esta anécdota del rosal es muy conocida, hasta la han utilizado para resucitar un sorprendente independentismo menos conocido es que con quien contacto fue con el maestro Pini, Salvador Barberán Romero, el hijo de Antonio Barberán Castellet que había sido asesinado. Y que poco después en un mitín que dio en Sevilla Blas Infante se quejó de que los propietarios hicieran una iglesia tan faraónica como la que estaban construyendo en Casas Viejas, mientras los jornaleros se morían de hambre.
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| Corraleta don el maestro Mini le dio el famoso rosal a Blas Infante |
La tercera cuestión es la del modelo turístico por el que ha optado Casares. Es un pueblo en el que el menor desarrollo económico que el entorno y los escasos 16 km de distancia que está de la costa del sol, le permiten un desarrollo turístico sostenible, aislado del modelo sol y playa especulativo y basado en el cemento. Benalup-Casas Viejas tiene esas mismas condiciones, conservan un aceptable grado de conservación, sobre todo el entorno natural y está en torno a 20 kilómetros de centros turísticos tan importantes como Conil, Vejer, Zahara, Chiclana o Medina. Creo que mucha gente estará de acuerdo en que el modelo turístico de Casares se puede seguir por Benalup-Casas Viejas, es aquel que propuso el viejo proyecto Benalup 2000 y que ahora se dan las circunstancias de volver a intentar, aunque solo sean algunos de sus presupuestos. Pues el horizonte de incertidumbre que hay abierto con el corona virus permite explorar diversas vías, aprendiendo de los errores cometidos.




