Pelar la pava es sinónimo de no hacer nada, de estar aburrido, pero no hace mucho tiempo significaba otra cosa. Era una forma de empezar los noviazgos entre los jóvenes.

Escribe Eslava Galán en 1000 lugares de España que al menos una vez tienes que visitar:«Zuheros, junto al tajo del río Ballón, es un pueblo pequeño
y pintoresco de trazado árabe y arquitectura popular, con miradores sobre el
dilatado paisaje de Sierra Morena. Algunas rejas de Zuheros recuerdan el
antiguamente importante rito de paso de «pelar la pava». Veamos en qué
consiste: ante el requerimiento del mozo, la lozana andaluza sale a la reja y
allí hablan en susurros, las manos más o menos activas, meses o años, hasta que
el mancebo solicita al cabeza de familia «pedir la puerta» o «la entrá». Hoy la
costumbre cayó en desuso, como casi todo, y los padres de los novios encuentran
de lo más natural que sus hijos se coman la merienda antes de llegar al campo».



El origen de la expresión “ Pelar la pava” no está claro,
según se debe a que mientras se charlaba las mocitas pelaban una pava, para
tener tiempo o que se debe a la postura del novio. En esta página web aparecen
ambas. Uno proviene de un pueblo de interior, Ïllora, y recuerdo estas
prácticas. También lo que sufrían el novio y la novia cuando el padre se ponía “duro”
y no le concedía “la puerta” (el derecho a entrar en casa) al novio. Superados
estos trámites, el noviazgo era una cosa muy seria, “no era un huevo que se echa
a freír” (esta frase literal la escuché muchas veces) en mi tierra venía una
tradición que también se ha perdido denominada “La Teja”. Os dejo este enlace.
Básicamente consistía en una excusa para un guisote cuando una pareja
formalizaba su relación. Los gastos eran pagados por el novio, bajo la amenaza
de rompérsela en la cabeza de la novia. Luego venía el matrimonio en el que la
virginidad era un requisito previo. No obstante,  si la novia se quedaba embarazada, anatema,
gran perdición, el novio se llevaba a la novia unos días fuera y luego con gran
pesar de las familias se casaban, pero no de blanco.
Pelando la pava. Cuadro de Valeriano Domínquez Becquer
La verdad que es una de las cosas que más me gustó de Benalup
cuando yo llegué en 1992 es que frente a lo cerrado de estos noviazgos, al
corsé que siempre le ha puesto la sociedad y la iglesia a este tipo de
relaciones aquí eran mucho más abiertas y menos rígidas. Tenía alumnos que
tenían hijos, no estaban casados y cada uno vivía en su casa. En la Íllora de
donde yo venía la de la pava, la puerta, la teja y llevarse a la novia… eso era
impensable.



Esa apertura en las relaciones de pareja hunde sus raíces en
los inicios del siglo XX. Mintz decía: “Algunas parejas vivieron juntas y
mantuvieron una familia durante muchos años sin gozar del beneficio de la
ceremonia, recibiendo sanciones religiosas cuando resultaba ser necesario o
conveniente, cuando poseían el dinero necesario o cuando se doblegaban a las
presiones familiares o eclesiásticas”
. El periódico El Proletario (Cádiz) dice
el 1 de julio de 1902:«En la sociedad libre, no unirá a la mujer con el
hombre el juez ni el cura, puesto que éstos no existirán; no intervendrá
tampoco en estas uniones libremente formadas ningún ser humano; no existirá
otro lazo que el amor, y si por disparidad o discrepancia de carácteres,  más tarde creyesen conveniente a su felicidad
el separarse, lo harán sin obstáculo alguno; podrá unirse nuevamente cada cual
al ser que más fuera de su agrado»


En el Casas Viejas de la segunda república la unión de
parejas mediante amor libre (ausencia de boda y firma de contrato) se dio con
frecuencia y como dice Mintz en Los Anarquistas de Casas Viejas «Era una
afrenta directa a los representantes del estado y de la Iglesia. El amor libre
era la consumación de la igualdad entre los sexos. Exigía pureza y lealtad sin
las interferencias ni el control del clero o del gobierno…Sin embargo, el
término «amor libre» fue empleado por personas ajenas al movimiento
para significar promiscuidad, lo contrario del ideal anarquista».
Las
palabras  de Andrés Vera Rivas, el cura
en la época de los sucesos al periodista Julio Romano son claravidentes: “En
los siete meses que llevo en este curato he presenciado más de cuatrocientos
enlaces por lo civil, mientras sólo 4 ó 5 se han verificado por la Iglesia”.
Llegado
el franquismo esta práctica desapareció. Incluso a Pepe Pareja y Antonia Márquez
se les puso la condición de que se tenían que casar si quería el primero salir
de la cárcel. Pese a lo cual, como dice Mintz: «El matrimonio en unión
libre de Pepe y Antonia ha durado más de sesenta y cinco años»
.Esta
relajación social y ese relativismo en este tipo de relaciones va incluso a
resistir, en menos en parte, al dogmatismo moral franquista. Su explicación hay
que relacionarla con las especiales circunstancias en las que se forma este
pueblo. Aunque he llegado a escuchar que es por culpa del agua; ¡qué atrevida
es la ignorancia! 


En 2017 los matrimonios civiles superaron el 80% de los
enlaces en España​. Un fenómeno parejo a la secularización de la sociedad y que
se sitúa en el contexto de los cambios sociales de la familia. A mí me gustan
las tradiciones, pero esa de pelar la pava siempre me ha dado miedo, me imagino
que producía mucho dolor en eso que ponen ellas. (Las pavas)​

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