Llegamos hoy al parque nacional de Ordesa y Monte Perdido. El segundo parque nacional más antiguo de España, recibiendo una media de 600.000 visitantes al año. Yo le he visitado muchas veces, desde el punto de vista paisajístico y medio ambiental es el lugar más espectacular que yo he estado.

Escribe Eslava Galán: “El Paraíso de los Pirineos” llaman al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. La expresión es algo cursi, como casi todos los reclamos turísticos, lo sé, pero no debiera pesar en el ánimo del viajero amante de la naturaleza para desanimarlo en su propósito de visitar esta depresión de origen glaciar que lleva más de 200 millones de años preparándose para asombrarlo. En este parque vamos a encontrar enormes contrastes: por una parte, alturas predregosas trabajadas por fenómenos kársticos, por otra, valles verdes en lo que el agua rezuma por doquier en forma de arroyuelos y cascadas que han labrado hondos cañones y barrancos donde crece el hayedo tupido como macetica de albahaca. 




De las montañas del parque destaca la llamada Monte Pérdido, una de las mayores moles pirenaicas, que con sus más de 3000 metros de alturas una de las montañas más altas de Europa. Otros memorables parajes son el valle de Ordesa, el cañón de Añisclo, la garganta de Escuaín y las cascada de Soaso o Cola de Caballo. En todos ellos nos encontramos hayedos, acebos, tejos, avellanos, bojs, con el sotobosque asociado, además de una flora en que destaca la rara flor de las nieves, el edelweis. En estas abrptas montañas viven el desmán de los Pirineos, el escaso bucardo (cabra montés pirenaica), la marmota, el oso y el rebeco.




… Otro pueblo visitable es Guaso, en el que encontramos un esconjuradero.  – ¿Y esos qué es?
Los esconjuraderos –explica un antropólogo- son unas sencillas construcciones de piedra,, orientadas a los cuatro puntos cardinales y carcanas al templo parroquial, que servían para conjurar, desconjurar o exconxugar, los males que atenazaran al pueblo, en su mayoría en forma de tormentas. Estas construcciones son habitualmente cuadradas, aunque las hay también circulares, y, en ocasiones, tienen una cruz encima de la techumbre o dentro del edificio.




En Sobrarbe, comarca pirenaica de Huesca, los encontrarán en Asín de Broto, Burgasí, Campol, Asín, Guaso, Almazorre, Mediano y San Vicente de Labuerda. Cuando la bruxa de lugar enviaba la tormenta, repicaban las campanas, el mosén corría a refugiarse en el esconjurandero y, lanzando a viva voz las fórmulas sagradas, tiraba agua bendita contra las nubes negras. Hoy se conserva una de esas fórmulas que el mosén gritaba en San Vicente: “ Boiretas en San Bizien y Labuerda: no apedregar cuando leguéz t’Araguás: ¡zi zas!.”




Desde los esconjuraderos suelen disfrutarse unas vistas extraordinarias porque están en alto, dominando el mundo.
Ordesa me recuerda a Benalup-Casas Viejas por el parque natural de los alcornocales, donde esta población es “la puerta natural”. 





Y sobre todo por el desarrollo sostenible con el que se explota el parque de Ordesa y debería hacerse el de los Alcornocales. Tengo una anécdota personal que lo explica muy bien. En 1984 recalé allí con mi amigo Guille, mi Peugeot 205 rojo y la tienda de campaña. No sé como dimos con aquello porque no lo conocíamos. Nos instalamos en el camping de Bujaruelo y subimos en coche a la explanada desde donde salen la mayoría de las rutas. Como era tarde y no teníamos tiempo alquilamos un servicio de burros que nos hiciera al menos parte de la ruta. Los senderistas que nos encontramos nos echaban miradas asesinas, porque además íbamos fumando. Ante el panorama, se nos escaparon los burros y aquello casi termina en desastre. Cuando los encontramos volvimos a la explanada y después al camping. Al día siguiente proseguimos nuestra ruta en coche por los Pirineos. 





Después he vuelto muchas veces, más de diez, nunca más volví a ver el servicio de taxi, pregunté pero me dijeron que ante el poco éxito que tenía lo eliminaron. He hecho muchas rutas por el parque de Ordesa, la que más me gusta es la senda de los cazodores, pero hay muchas más. Siempre que puedo aconsejo a quien no haya estado en Ordesa que lo haga. Yo no puedo ir por ahora, pero en la vida se me olvidaran los lagos, las cascadas, la cola caballo, la vegetación climas, el olor a sano y limpio y sobre todo el viento en el cuello. Eso que la nostalgia ya no es lo que era antes.

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