La choza de la imagen estaba entre la calle Nueva y la mesa, cerca de las actuales pistas verdes. Los pequeños juegan en la puerta y, como están cerca de casa, se mezclan niños y niñas, algo infrecuente. Los juguetes no eran artilugios tecnológicos, sino materiales desechados: palos, un cubo, una palangana, una cubierta, latas que hacen de maceteros, etc.
Todo era reciclado, reutilizado y rehabilitado (las famosas tres erres actuales). Aunque la fotografía retrata la antisociedad de consumo (había muchas carencias, como se ve), la alegría con la que los niños se enfrentan a la escasez es digna de admiración.
Por imágenes como esta se ha acusado a Mintz de querer reflejar solo la pobreza, con el argumento de que pretendía cebarse con la miseria, pero lo cierto es que este tipo de escenas predominaban en el pueblo por entonces. Por fuentes familiares del antropólogo, se sabe que le gustaba más la gente de Benalup que la de EE. UU. y que admiraba de ellos la alegría y el humor con los que afrontaban las difíciles condiciones de vida. Ese optimismo y entusiasmo ante tales circunstancias es lo que Mintz intentó reflejar con esta preciosa imagen: interacción, fantasía, actividad física y escenificación daban la réplica a la falta de recursos en los juegos infantiles y en la vida de los niños. Conociendo la obra del «Americano», cabe pensar que con esta fotografía quiso denunciar este tipo de realidades ante el mundo.
En ella aparecen, entre otros, Carmen Montes de Oca Fernández (en primer plano) y Antonio Cruz Guerrero.
