Esta
fotografía está tomada en el bar del «Cojo Gómez», situado junto al Chorro
Grande, bar famoso por el barril de vino de Chiclana de la bodega Barberá.
Según el imaginario popular, en este local se creaba un microclima que
favorecía la calidad del vino. La sencilla barra de madera y la escasa
decoración de las paredes ejemplifican cómo eran la mayoría de los bares a
finales de los sesenta.
fotografía está tomada en el bar del «Cojo Gómez», situado junto al Chorro
Grande, bar famoso por el barril de vino de Chiclana de la bodega Barberá.
Según el imaginario popular, en este local se creaba un microclima que
favorecía la calidad del vino. La sencilla barra de madera y la escasa
decoración de las paredes ejemplifican cómo eran la mayoría de los bares a
finales de los sesenta.
En la
imagen aparecen, de izquierda a derecha, Perico Montes de Oca, Manuel y Miguel
Grimaldi Mateos, Manuel Dávila Rosi, Andrés Sánchez Cabañas y Antonio Mañez
Moya. Los amigos están echando una partida de cartas; según las anotaciones
hechas con tiza en la mesa de madera, juegan al mus. Hay siete jugadores y solo
una copa de vino. No había dinero para gastar, pero sí mucho tiempo para
consumir, por lo que la partida de mus se convertía en la excusa ideal para
pasar toda una mañana o una tarde en el bar. Este juego surgió en el País Vasco
en el siglo xix y se extendió
por toda España rápidamente. Es posible que su nombre haya evolucionado del
euskera: musu significa «beso», el gesto que sirve como seña para
indicar la mejor jugada posible: tres reyes y un as.
imagen aparecen, de izquierda a derecha, Perico Montes de Oca, Manuel y Miguel
Grimaldi Mateos, Manuel Dávila Rosi, Andrés Sánchez Cabañas y Antonio Mañez
Moya. Los amigos están echando una partida de cartas; según las anotaciones
hechas con tiza en la mesa de madera, juegan al mus. Hay siete jugadores y solo
una copa de vino. No había dinero para gastar, pero sí mucho tiempo para
consumir, por lo que la partida de mus se convertía en la excusa ideal para
pasar toda una mañana o una tarde en el bar. Este juego surgió en el País Vasco
en el siglo xix y se extendió
por toda España rápidamente. Es posible que su nombre haya evolucionado del
euskera: musu significa «beso», el gesto que sirve como seña para
indicar la mejor jugada posible: tres reyes y un as.
En los bares, las
partidas de cartas se hacían interminables. Algunos camareros se desesperaban
por lo poco rentables que eran y, cuando el juego estaba en lo más interesante,
preguntaban por la consumición de los allí presentes. Los jugadores decían: «No
queremos nada, no tenemos sed», y entonces, en algunas ocasiones, el dueño del
bar sacaba un cubo de agua, echaba dentro la baraja de cartas y decía: «Pues
este sí que tiene sed».
partidas de cartas se hacían interminables. Algunos camareros se desesperaban
por lo poco rentables que eran y, cuando el juego estaba en lo más interesante,
preguntaban por la consumición de los allí presentes. Los jugadores decían: «No
queremos nada, no tenemos sed», y entonces, en algunas ocasiones, el dueño del
bar sacaba un cubo de agua, echaba dentro la baraja de cartas y decía: «Pues
este sí que tiene sed».
