Me da un poco de pudor comentar las fotos de uno y sus amigos, pero hoy voy a hacer una excepción. Este fin de semana hemos pernoctado en la Sauceda. La foto es de final de fin de semana con la satisfacción del buen rato cumplido. Lidia (que no tiene toros), Julio, José Enrique, Inma, Pili, Olga y Juani muestran a la cámara su satisfacción y su sonrisa un poco coqueta y otro poco suficiente. Esa suficiencia y coquetería que dan los años y las cosas bien hechas. Leo a la derecha mía y de José Luis mantiene esa sonrisa gallega que le ha caracterizado siempre. Pepe, también parece satisfecho, pero está poniendo los puntos sobre la i sobre algo indeterminado. El calvo es el único que no mira a la cámara y se asemeja a un vampiro que no puede resistir lo que tiene encima y quiere morder el cuello de su víctima. José Luís a la izquierda de todos, parece un personaje de Galdos que busca el interés de la cultura y los bienes. En el primer plano la mochila y el saco con teleras de pan para llevar nos delata que la Sauceda ya no es un sitio por donde pasaban los sopacas buscando trabajo en la Janda o los jandeños huyendo del horror de los que querían poner las cosas en su sitio, y nunca mejor escrito eso de su sitio. Por si faltara poco, la semilla sobre el corcho, o los restos de Seven Up, el JB o el vaso de plástico, a la derecha,  sobre la mesa, completa  un bodegón de gente crítica con su satisfacción. Al fondo los moritos o cabañas y la inmensidad de los alcornoques y los quejigos. Por cierto, no pudo faltar la visita a ese árbol con un higo tan grande que le dio el nombre a toda la especie, según el bueno de Leonardo, que lleva cerca de 25 años de paz acudiendo a la Sauceda. Ya no hay carboneros, libertarios, refugiados, arrieros, maquis, contrabandistas, hortelanos, ganaderos, bandoleros o desahuciados en la Sauceda, ahora dominan los domingueros, que dicho sea de plazo tanto dominar como Domingo tienen la misma raíz; Dominus. Un poquito más arriba en la venta de Puerto Galiz el paisaje dominante eran moteros y cazadores. Pero para explicar la satisfacción de los excursionistas de esta  foto falta algo que no sale, pero yo que estuve allí os cuento; la carne de retinto de carnicería Alba de Vejer, que nuestro amigo Enrique hizo posible el milagro de que después de un paso fugaz por la plancha llegara a nuestros dominios. Esa satisfacción se nota en nuestras miradas. Los tiempos cambian.

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