«Mi padre estuvo en Valencia limpiando monte, al regresar a Casas Viejas, le dijo a mi madre que en Valencia había trabajo para las niñas en fábricas y no teníamos que estar sirviendo en Cadiz o en cualqier lugar. Así que vendieron las 12 ovejas y la casa, osea todo lo que poseíamos, bueno la bicicleta no. El 21 de agosto de 1962 a las 6 de la mañana, salimos el matrimonio y 8 hijos, un baul con la poca ropa que teníamos y la bicicleta, en busca de mejor vida. El viaje fue largo y penoso, llegamos a Valencia al día siguiente a las 11 de la mañana, estaba lloviendo. Mi padre no encontraba un taxi para diez persona más el baul y la bicicleta. Al fin mi padre encontró un carro tirado por una mula, allí nos metimos todos con dirección a Manises, mi hermana y yo íbamos muertas de vergüenza, pues nos miraban como si fueramos mendigos. Por fin llegamos a Manises. Allí estaban unos paisanos que nos dejaron su habitación. ¡Que ilusión el domingo, mi madre puso para comer un gisado de pollo, al menos podiamos comer todo lo que queríamos, ah y postre, que en el pueblo sólo comíamos en la feria!. Algo tan sencillo como un huevo frito para cada uno, yo tenía 18 años y en mi casa no lo habíamos podido hacer. A partir de entonces mi padre empezo a escribir a sus hermanas y hermanos para que se unieran a nosotros y tuvieran mejor calidad de vida. La primera en llegar fue Barbara con su marido e hijos, estuvieron en nuestra casa en Alacuas, hasta encontrar casa en Torrente. Despues fueron llegando los demás hermanos con sus parejas e hijos. No recuerdo el orden, Manuel, Juliana, Dolores, Isabel y las dos hijas de Antonio, Manuela y Caridad».
Pilar Reyes Monroy es hija de Pepe Lino Reyes Estudillo y de Francisca Monroy, dos familias que después de las tres derrotas, Sucesos, Guerra Civil y Franquismo, como otras muchas, optán por emigrar para buscar mejores condiciones de vida, sobre todo, para sus hijos, como perfectamente se ve en el relato. También se observa en él, el famoso efecto llamada. Si en otras zonas de Andalucía fue Cataluña el destino, en B/CV fue la zona levantina, teniendo su centro en Torrent. Se completa así la teoría de los vasos comunicantes para el éxodo rural de los años sesenta. A un deseo en las zonas emisoras de mejorar las condiciones económicas, políticas, sociales, culturales… se les une una necesidad de mano de obra barata en las zonas receptoras.
A mí me encantan que familias como los Reyes estén orgullosas de su historia y quieran compartirla con el resto de la gente. Este debería ser el verdadero sentido de la recuperación de la memoria histórica, más alla, de disputas ideológicas, se trata de recuperar esa dignidad que durante un tiempo se perdió. Como ha costado tanto esfuerzo recuperarla es necesario que este espíritu tenga la difusión adecuada. Por supuesto que este blog sigue abierto a este tipo de relatos de todos aquellos que tengan y quieran contar algo en relación a la historia de Casas Viejas.
En la fotografía Pilar Reyes Monroy a la llegada a tierras levantinas.

Veo tan identificada la historia que nos cuenta Pilar Reyes Monroy con la historia de mi familia y de la que estoy tan orgullosa, que es como tu bien dices, la propia vivencia de muchas familias y de la que nunca hay que olvidar, ni ocultarla, es la memoria que todos debemos tener presente y por supuesto, derecho a conocerla y a defenderla.
Las nuevas generaciones no debemos olvidar a las personas que lucharon por darnos un mundo mejor. Mi tía Pilar, al contarnos estas vivencias, está dignificando el trabajo y la lucha de mi familia.
no dejeis de contar estas y otras vivencias pues vuetras historias son nuestro pasado y nuestras raices…