Hablaba hace unos días sobre la coincidencia en el primer quinquenio de los sesenta de la recogida del algodón en las Lomas con las inundaciones que tradicionalmente se producían en la antigua Laguna de la Janda. Otro problema ya apuntado era el del alojamiento. Téngase en cuenta que llegaron a trabajar en esos cincos años en las Lomas 9.000 personas. Agustín Coca lo cuenta así: “En la memoria de toda una generación de alcalaínos Las Lomas ocupa, sin lugar a dudas, un sitio “preferente” al que se asocia las duras condiciones de trabajo… Una vez en la finca a cada familia se asignaba un número y unos líneos determinados. Al final de cada jornada, los sacos de algodón se apuntaban correspondientemente a los números fijados y cada viernes, el cabeza de familia, por lo general el padre, cobraba. Hoy se recuerdan las míseras condiciones y el hacinamiento que tenían que soportar…Algunas de las naves se ubicaban en las zonas más alta donde las crecidas no llegaban…En los llamados “túneles” o naves con cubiertas arqueadas, se aglomeraban las familias. Juan comenta cómo se alojaban: “Aquello era como los túneles, sin poyetes para dormir… tendíamos los colchones y poníamos las canastas de la ropa. Y aquí duerme uno y aquí duerme el otro… En la actualidad, esta experiencia laboral se valora como una de las peores vividas. El recuerdo de las enfermedades y el hacinamiento se mezcla al de las cacerías furtivas en las noches con luna, la presencia vigilante de la guardia civil y el cansancio o el temor constante a la ganadería brava que pastaba sin remilgos fuera de los sembrados”. Me recuerdan estas condiciones de los trabajadores a las que se refleja en las obras de Oscar Wilde sobre la primera revolución industrial en Inglaterra. En estas grandes transformaciones que se estaban generando todos los recursos disponibles se dirigían al proceso modernizador, quedando la parte más débil del sistema, los trabajadores, en unas pésimas condiciones. Hay que anotar que con posterioridad las condiciones de viva en general y vivienda en particular, mejoraron notablemente. En este contexto se crea un poblado de unas 120 viviendas y en el otro extremo de la finca un segundo poblado de otras 120 viviendas (el actual Varelo). La demanda de albañiles, sobre todo, pero también de fontaneros, electricistas, mecánicos y otro tipo de artesanos fue tan grande que supuso una especie de cantera para el posterior desarrollo del sector secundario benalupense. Estas bases serían la lanzadera en torno a la cual la población benalupense despegaría en los ochenta y noventa pero ya en base a un nuevo monocultivo; la construcción. Este ambiente es el que retrata a la perfección la comparsa Carretera y manta. De esta época es también el binomio construcción-agricultura sobre el que ha ido pivoteando la estructura de la población activa, con tímidas presencia, al principio y con fuerza recientemente, del sector servicios, sobre todo, el funcionariado y los servicios de bares y restaurantes. Al mismo tiempo, en poblaciones cercanas como Alcalá se estaba produciendo un vaciamiento demográfico que la llevó a perder la mitad de sus efectivos. En toda esta crudeza y complejidad hay que entender la frase de que las Lomas fueron el pulmón de Benalup de Sidonia y sin perder de vista las malas condiciones iniciales que tuvo que soportar la clase trabajadora.
Las fotos de Mintz

mi padre me recuerda muchas veces k empezó a trabajar desde muy pequeño y k iba a las lomas en bici…fueron unos años muy duros..