Aunque las campanas no cogieron altura hasta 1993, dos años después de la independencia, no pudiendo hasta entonces ejercer su dominio visual, el sonoro lo habian tenido desde 1831, es decir desde la misma fundación del pueblo. Como escribe Eugenio Espinosa:»Era muy edificante observar como antaño los trabajadores del campo y los artesanos locales al oir el toque del Angelus se descubrían y suspendían momentáneamente sus quehaceres, gesto este que indicaba su respeto y su dimensión espiritual, aunque no fueran muy religiosos, pero sí creyentes» Estas campanas eran también las que avisaban a los jornaleros si tenían que esconderse o arrimar el hombro. Cuando tocaban a fuego la primera cuestión era averiguar si se trataba de chozas o fincas de los señoritos. En el primer caso era el turno de sudar con alegría, en el segundo tocaba esconderse de la Guardia Civil que invitaban, a su manera, a ayudar a sofocar el fuego de las grandes fincas.
Como todo en la vida, en esto de las campanas también había clases. Las dos más pequeñas, las que se fundieron al hilo de la fundación del pueblo se usaban diariamente para tocar a misa, el Ángelus, el toque de animas al atardecer y el Rosario. También tenían unos toques especiales, que todo el que era como Dios manda distintiguía, no era lo mismo el toque de cuartos a misa, que doblar por un entierro o el aviso de fuego. Hay que especificar que el último toque de misa no tenía una hora exacta real (aunque si oficial, pero ya se sabe que la enorme distancia entre lo oficial y lo real es una característica de los pueblos dominados) , coincidía con el momento justo que el monaguillo de turno veía llegar el coche de las Lomas. La campana grande, la que encargó Rafael Bernal bajo la inspiración de Josefa Pardo de Figueroa estaba reservada para las celebraciones y grandes fiestas religiosas del calendario liturgicos, vamos para los «días señalaítos» (y entre ellos
-«Tres jueves hay en el año que relucen mas que el sol: jueves santo, corpus cristi y el dia de la ascension«). También para los grandes acontecimientos «se volteaba dentro de sus soportales de madera cuando el Ejercito Nacional en la triste contienda del 36 tomaba un nuevo pueblo» (Eugenio Espisosa).
Hoy en día las campanas tienen menos importancia tanta visual como sonora, curiosamente empezaron a perderla cuando cogieron altura. A lo mejor es verdad eso de que no hay echar las campanas al vuelo. O a lo mejor no.

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