Hoy da la prensa noticia de unos cursos de formación que en su día fueron bastante polémicos. En Benalup se imparte el de frigorista naval y como el artículo empieza con «Decía el clásico que quien no conoce su historia está condenado a repetirla» yo me he acordado de los talabarteros. Hay oficios que hace cincuentas años tenían una importancia básica en nuestra sociedad y que en la actualidad han pasado a formar parte de ese apartado de la memoria en donde, como decía Cernuda, habita el olvido. Los talabarteros o alabarderos eran los que construían los aparejos de los animales de carga, bien para los arrieros o para los campesinos. Eran los artesanos del “hilo y la paja”. “Su trabajo consistía en hacer aparejos de poco peso y en los que ninguna puntada pasara a la parte de contacto con el animal, evitando así que con su roce éste se lastimara… . En algunos lugares como Alcalá de los Gazules los talabarteros se han convertido en guarnicioneros y se ocupan ahora, sobre todo, de las sillas y correajes de las monturas de los caballos que está más demandadas y más cotizadas.”(Isidoro García) Este caso lo podemos aplicar a Benalup, donde Juan Buendía, empezó siendo talabartero, después guarnicionero y al final también ejerció de tapicero. De la página del IES Casas Viejas hemos tomado la siguiente
información que fue dada por sus familiares para la exposición Cosas Viejas de Casas Viejas: “A mediados de los años 40, aproximadamente sobre 1945, Juan Buendía Frías comienza a desempeñar su labor como talabartero y guarnicionero., labor que consistía en trabajar el cuero y fabricar guarniciones y otros elementos para caballería. A los 20 años, Juan piensa en ocupar su tiempo de alguna manera ya que una enfermedad sufrida en sus primeros años de vida, (una meningitis) lo ha dejado parapléjico, pero sus inquietudes y habilidades lo llevan, primero a tomar contacto con labores de orfebrería, así fabricaba anillos a partir de monedas de plata e incluso se atrevía a grabarlos; posteriormente, se sintió atraído por el trabajo del cuero, de esta manera entra en contacto con un talabartero y guarnicionero de Alcalá de los Gazules quien se desplaza hasta Benalup para ser su maestro, así se inicia en este campo”. Termina el artículo de dicha página con una cierta tristeza por la pérdida de dicho oficio: “Era la única persona en Benalup que realizaba estas tareas por lo que su pequeño taller era el lugar al que acudía cualquier persona del pueblo, independientemente de su posición social o de su poder económico para que «Juan le arreglara aquello que necesitaba»… Se dedicó a estas labores hasta el final de su vida, al comienzo de la década de los 90 y ni entonces, ni en la actualidad, se ha
conservado el oficio ni la tradición”. Creo que la desaparición de estos oficios artesanos constituye una grave pérdida para nuestro acervo histórico y cultural. Pasa igual que en el caso de los zapateros, sector en el que Benalup estuvo a la vanguardia durante mucho tiempo y en la actualidad el riesgo de que desaparezca ese oficio y esa tradición es serio. La política debería ser el arte de intervenir y apoyar a aquellos sectores más necesitados, bien sea por su debilidad frente a la competencia y/o por la necesidad de conservar y valorar toda nuestra tradición histórica. Lo mismo que si el turismo es uno de los sectores más importantes en nuestra economía diversificada a medio plazo la recuperación de estos oficios si puede tener una más que justificada y “rentable” presencia. En casi todos los proyectos de desarrollo integral y sostenible se liga el turismo a la potenciación del sector artesano local. Debido al devenir histórico de nuestro pueblo, a la formación como aluvión, al problema agrario y el latifundio, a la presencia de inmigrantes jóvenes, activos y “buscavidas” oficios artesanos como dornilleros, ceramistas, talabarteros, zapateros, herreros, forjadores, esparteros y un gran etcétera cuajaron en esta tierra más que en otras. Ese era el espíritu de la comparsa “De Arte” con letra de Santo. Sería buena idea tener esto en cuenta a la hora de planificar los cursos de formación a ofertar a los jóvenes de la localidad, ahora que salidas más tradicionales tienen síntomas de saturación y crisis.
Las fotos son de Mintz. En la primera Juan Buendía, en la segunda «Peporro». Si te apetece puedes valorar este artírculo.
