El 13 de julio de 1985 estuve en Benalup-Casas Viejas por primera vez, me alojé en la pensión El Coscorrón y cené en Casa Pepe. Tenía veintitrés años y han pasado treinta y cinco desde entonces, había comenzado a escribir meses antes en el cuaderno de campo que ahora consulto y con el que inicié la colección de más de veinte de todo tipo, tamaño y color que me han ido acompañando a lo largo de estos años de actividades arqueológicas y viajes.
Al día siguiente encontré a Andrés en la Cueva del Tajo de las Figuras y visitamos el conjunto rupestre, con el tiempo forjamos una buena amistad que continúo hasta su prematuro fallecimiento. Aquella jornada comimos un gazpacho que preparamos juntos, y unos huevos fritos, en el Cortijo de la Herrumbrosa. Durante algunos días conocí Benalup-Casas Viejas, yendo además a las Cuevas de los Ladrones o Pretinas, y volví a Barcelona.
A partir de 1986, una vez concedidas las autorizaciones y (un poco más tarde) subvenciones de la Junta de Andalucía, y durante unos ocho años, Guadalupe y yo estuvimos estudiando el arte rupestre de las sierras que bordean la antigua Laguna de la Janda, alrededor de un mes, más tiempo a veces, en una o varias ocasiones, cada año, en colaboración con otros muchos investigadores que nos acompañaron puntualmente en diferentes momentos. En octubre de 1986, por ejemplo, acampamos unos diez días cerca del Cortijo de la Herrumbrosa, gozando de la hospitalidad de Mateo y su esposa, con quienes cenábamos casi cada día. Comíamos en Casa Pepe, en las ventas de Correro y Enrique, en la venta de Gaspar… y empezamos a disfrutar de la gastronomía de la zona: venados, jabalíes, perdices, faisanes, liebres, chivos, conejos, tagarninas…
Una vez prácticamente finalizados los trabajos en Sierra Momia, continuamos abordando el Campo de Gibraltar. Las Cuevas de Palomas, los Abrigos de Bacinete, la Laja Alta, la Cueva de las Mujeres, la Laja de los Hierros… Tampoco pretendíamos estudiar los centenares de abrigos rupestres que albergan estas sierras ferruginosas, hubiera sido imposible con rigor, se trataba de entender las manifestaciones prehistóricas de esta amplia zona cuyo eje de referencia, para nosotros, sería la Laguna de la Janda y el Tajo de las Figuras, que habían fascinado a Willoughby Verner, Juan Cabré, Eduardo Hernández-Pacheco o Henri Breuil hace ahora ya más de un siglo. Era un momento en que todo estaba en ebullición y en arqueología había muchos retos que abordar, Benalup-Casas Viejas vivía momentos decisivos y cada año los viajes de Barcelona a Andalucía eran más rápidos y el paisaje se transformaba de forma asombrosa.
Llegó finalmente 1992, un año largamente esperado y el fin de la fase más extensa de nuestro proyecto, también el momento de escribir y publicar. Aunque, desde entonces, hemos desarrollado otros programas científicos en diferentes lugares no hemos dejado de vincularnos, sin embargo, a la Laguna de la Janda. Volvemos de vez en cuando al Tajo de las Figuras, no siempre que quisiéramos debido a las ocupaciones ineludibles que todos tenemos, últimamente gracias a las invitaciones de nuestro amigo Salustiano.
Hemos tenido también la oportunidad de alojarnos en hoteles realmente interesantes y originales que se han construido durante los últimos años en Benalup-Casas Viejas, así como continuar disfrutando de su gastronomía en los mismos lugares u otros nuevos, distintos, como imponen los tiempos, pero siempre sugerentes. Nos gustaría saludar a todas aquellas personas con las que mantuvimos conversaciones y compartimos experiencias, son muchas y es imposible detallarlas, tanto entonces como durante los últimos años, ha sido un placer.
La Cueva del Tajo de las Figuras, un auténtico mapa etológico del Holoceno inicial, un sitio en el que en la Prehistoria se compartía la información durante la primavera y el verano, sigue aquí, habiendo cumplido miles de años. Entramos ahora en una época incierta, compleja, en la que la humanidad tendrá que hacer un frente común a la fuerte adversidad a la que durante décadas no estábamos acostumbrados en nuestra sociedad. Es el mejor momento para intentar entender las explicaciones que nuestros antepasados plasmaron en este lienzo rocoso y conocer un poco más el entorno natural en que vivíamos y los conocimientos que querían transmitir a las sucesivas generaciones, también, quizá, si sabemos escuchar, a la nuestra.
Foto 1. Guadalupe Torra comentando el Tajo de las Figuras en una visita hace unos años (foto Raúl Casal).
Foto 2. Jean Clottes y Martí Mas en la Cueva del Tajo de las Figuras en 2008.
Martí Mas Cornellà, Profesor de Prehistoria de la UNED. 16 de junio de 2020.

