Además de que he vivido, tengo que confesar que veo poca tele. El ordenador y un pequeño dictadorcillo (mi hijo) me han relegado al ordenata. Paso mucho tiempo delante de él, hasta el punto que hay quien pregunta. «Lo normal, es decir, nada». No había visto nunca este programa de Andalucía es su nombre. Si sabía del buen hacer de Antonio Ramos Espejo, de Romacho, de Juan José Tellez… Ayer quedé sorprendido gratamente. Me resultó un espacio con un elevado nivel cultural, con altas cotas de investigación periodística e histórica, pero entretenido, elegante y sugerente, al mismo tiempo. Yo estuve en todo el proceso de grabación y sé positivamente que ha habido mucha gente a las que se le grabaron entrevistas y no salieron, por ejemplo la de Sito, la del grupo A Jopo o Jesús Mañez, o que las entrevistas fueron mucho más largas de lo que se emitieron o faltaron paisajes urbanos ya grabados… Pero, me gusto tanto el discurso, me entusiasmo tanto ver esas magníficas fotos de Mintz, me dio tanta satisfacción que en un programa de máxima audiencia, un sábado, se dé a conocer que existe un rico patrimonio de los años sesenta y setenta compuesto por miles de fotografías, seis películas y un libro. No creo que exista un pueblo andaluz con este tesoro. Pero lo que más me agradó es que por la noche, cuando salí a tomarme una copa, todo el mundo había visto el programa, sobre todo, aquellos que tu te preguntabas si lo habrían hecho. Me gustó y me sorprendió esa enorme difusión. Creo que estamos saldando una deuda y poniendo en valor una fortuna. Esperemos que para febrero o marzo se complete el asunto con la publicación del libro de Coplas de carnaval y sociedad gaditana, que incluye unas doscientas fotos de Mintz y que tiene su epicentro en el Benalup de los sesenta y setenta. Por eso pido a los dioses que le de más paciencia aún a nuestro Santo Job particular.
