
Le toca ahora al Monasterio del Cuervo. Por su complejidad y por su importancia le vamos a dedicar varios artículos. Me he basado en el libro ya citado aquí de Rosario Fresnadillo «El Monasterio de El Cuervo OCD», el cual aconsejo encarecidamente su lectura (hemos comprado algunos ejemplares en la libreria Manuel de Falla, en la plaza Mina). Sé positivamente que administrativamente este pertenece a Medina, (por cierto sería deseable que lo mismo que tuvimos noticia de las acciones contra las viviendas de «Villalatas», tengamos noticias sobre lo que está ocurriendo en el Monasterio del Cuervo), pero históricamente, sentimentalmente y económicamente pertenece al denominado campo de Benalup.
En este caso, además de su valor histórico, está el medioambiental y paisajístico, bajo mi punto de vista, superiores al primero. Su origen demuestra esta afirmación.En 1707 instalados los carmelitas descalzos en el desierto de San José del Valle, se dan cuenta de que se tienen que ir de él, apenas doce años después de su asentamiento. Los monjes entonces emprenden una campaña por la Baja Andalucía para buscar un sitio que reuna las condiciones que ellos buscan. Y eligen la garganta del Cuervo. Dice, a este respecto Rosario Fresnadillo «…el estadillo de júbilo que se produjo en toda la Provincia ante el descubrimiento del sitio de El Cuervo. Llegados los exploradores, el propio provincial, fray José del Espiritu Santo, se desplazó al enclave para comprobar si eran o no ciertos los beneficios que, según le contaban de allí se podrían extraer. Después de subir al Puerto del Hombre, fray José ya no tuvo dudas: aquel era el paraje propiciado por Dios para instalar el definitivo desierto de la Provincia de San Juan Bautista». Decía un Inspector de Educación a este respecto: «y de lo que más sabían los Carmelitas Descalzos era de belleza. Por eso eligieron la garganta del Cuervo». Pero sigamos con el libro de Rosario Fresnadillo: «Según su criterio tres eran los elementos que debían tenerse en cuenta en la dirección del lugar: soledad, riqueza natural y salubridad… El primero, la soledad, estaba asegurado: condición que sin duda El Cuervo cubría con creces…Una segunda cuestión que se tuvo muy en cuenta fue la riqueza natural. Desde la Pasada del Helecho hasta el Puerto del Hombre, la variedad de especies animales y vegetales impresionó vivamente a los exploradores: «Es admiración ver tanta diversidad de arboledas como la naturaleza á producido á las márgenes de la corriente desta Garganta. Son tantos i tan espesos por muchas partes, que en lazándose unos con otros ni se dexan distinguir sus especies, ni dan lugar á penetrar, si no es con mucha dificultad, por entre sus troncos y ramas»… Y al hilo de esto, otro factor decisivo sin duda fue «la abundancia y calidad de sus aguas herrumbrosas y delgadas», que interceptaban continuamente las faldas de la montaña para formar canutos, además de otros tantos manantiales y fuentes que corrían hacia el covento, de sobra suficientes para «cubrir guerta, obra i religiosos»… Muy gratificante resultó, asimismo, el descubrimiento de las amplias vistas que se contemplan tras subir al monte. sobre todo, la panorámica de la costa que se abre desde la cima del Puerto del Hombre…Una vez asentados en el desierto, la excursión al Puerto del Hombre y el llevar hasta la cima a los religiosos visitantes, parece que se instituyó como diversión principal… Pero, sobre todos los demás criterios, la aparente salubridad del lugar se imponía como factor determinante en la elección…» Evidentemente todas y cada una de las características enunciadas por Rosario Fresnadillo siguen siendo válidas a finales del 2007, y, creo que están en la base de lo que parece que está ocurriendo en la actualidad con el Monasterio del Cuervo. No sabemos lo que es, pero si intuimos que es algo muy importante. Pero, hay una cosa básica, ¡qué no afecte a lo que tanto les gustó a los carmelitas en 1717!
