La primera fotografía fue donada por la familia Espina para una exposición, la segunda es de Mintz.

A principios de siglo, sólo las viviendas de las familias menos humildes escapaban a alguna de las distintas modalidades de chozas existentes y dentro de ellas, sólo las casas de las más acomodadas (dos-tres), tenían dos plantas. Las casas además de para residir, eran el centro de la explotación agraria. Tenían dos pisos de piedra y cal. Los cuartos de la familia y los sirvientes ocupaban el primer piso, el segundo estaba destinado para almacén. También se construyeron almacenes adjuntos adicionales. Abajo estaban las cuadras para los caballos, donde los trabajadores se congregaban cada mañana y se hacían café antes de trabajar. Allí también se llevaban las ovejas para esquilarlas. La fotografía muestra el momento de conducir las ovejas a los patios para que sean esquiladas.
La segunda fotografía es un primer plano de la casa originaria de la familia Espina. «Aunque se localizaba en el pueblo, estaba considerada como una casa de campo y tenía un gran jardín interior protegido de los vientos, un segundo piso para almacenar la temprana cosecha de trigo, garbanzos y cebada, y establos en un lado de la casa para dos docenas de bueyes y mulas. En el otro lado de la casa habían construido un garaje para aparcar un coche, entonces uno de los cinco vehículos que había en el pueblo» Jerome Mintz
La casa es propiedad actualmente de la familia González Espina. Salvador González fue acalde pedáneo en los años sesenta, licenciado en Química y entusiasta de la lengua inglesa, país en el que había estudiado cronometría, casó con Purificación Espina, nieta de José Espina Calatriú, aquel médico extremeño que vino a Casas Viejas, (este era hijo de un alto funcionario del gobierno procedente de Extremadura, se casó con Nicolasa García Vela en 1901. Dejó a un lado su profesión de médico y se dedicó a administrar y aumentar las propiedades agrarias de la familia). Son muchas las anécdotas divertidas y curiosas que aparecen en el libro de Mintz «Coplas de carnaval y sociedad gaditana», sobre este antiguo alcalde pedáneo, pero hay una que me llama especialmente la atención. Se dice que un hombre del pueblo paró a D. Salvador e hizo bajarlo del coche, para decirle que tenía que arreglarle su calle. Este se dirigió al malatero del coche , enseñándole el interior, le dijo:» ¿hay herramientas aquí? ¿soy yo albañil, acaso?».
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