Seguro que es por deformación profesional, pero si voy a dedicarle bastante artículos a la historia del carnaval benalupense, me parece necesario contextualizarlo y publicar un «post» (¡toma ya!) sobre sus orígenes. Para ello nada mejor que recurrir a Mintz y a su libro sobre Coplas de carnaval. «Los antecedentes del carnaval pueden remontarse a los tiempos paganos, pero la fiesta tiene vínculos más directos e inmediatos con el Cristianismo y el calendario cristiano de la alta Edad Media. El profano y salaz espíritu de carnaval fue tradicionalmente celebrado durante la semana anterior al Miércoles de Ceniza, que indica la llegada de los cuarenta días de Cuaresma que preceden al Domingo de Pascua…El actual carnaval de Cádiz refleja siglos de modificaciones históricas. Contiene elementos del Viejo y del Nuevo Mundo, con contribuciones de lugares tan distantes y diversos como Venecia, Niza y Cuba. Para principios del siglo XVIII, colonos y comerciantes de Génova, Italia, habían dejado sus huellas en el carnaval de Cádiz…Las prácticas descritas como ilegales por los funcionarios ayudan a definir la fiesta durante esta época. Se prohibieron repetidamente demostraciones sexualmente provocativas. Particularmente multados fueron los bailes considerados obscenos (a veces por gitanos y otros), los disfraces que exageraban la sexualidad masculina o femenina y los
travestís. Discursos satíricos de tono político fueron frecuentemente prohibidos, así como los disfraces que ridiculizaban a miembros de órdenes religiosas, a militares o al gobierno…» En ese sentido Alberto Ramos Santana cita en “El carnaval secuestrado” un documento de 1767 en el que se reglamenta como debía de ser un baile de Carnaval. En concreto, se trata de la autorización del gobernador de Cádiz José de Sentmanat para la celebración de los bailes de máscaras. Me parece que es un texto tremendamente significativo y clarificativo. En un pasaje dice: “no se permitirá entrar Mascaras indecentes, ni vestidos de Hábitos Eclesiásticos, ni de Religiosos ó Religiosas, de ninguna Orden. Ni tampoco Hombres en trajes de Mujeres, ni estas en el de Hombres; antes bien, por el mismo hecho, si se encontrasen así se prenderán, y llevarán á la Cárcel”
Seguimos con Mintz. «En el siglo XIX, el cante gradualmente sustituyó al baile y a las fiestas de disfraces y se convirtió en la actividad más celebrada del carnaval de Cádiz. Aunque fueran modestos en comparación con el programa del carnaval actual, las comparsas y los coros actuaron en fiestas privadas y en las calles…Con el tiempo, los murguistas se convirtieron en el eco de las clases trabajadoras. A medida que aumentaba la presencia de expresiones satíricas y de crítica en las coplas, empezó una tensión entre los intérpretes y las autoridades del gobierno que duraría bastante tiempo y que intentaría mantener el control sobre el carnaval y de la crítica política plebeya». El próximo artículo se lo dedicaré al carnaval en la republica, en la guerra civil y con Franco. En este caso, me centraré más en el de Benalup-Casas Viejas.
